Ciudadanos lusos llenan gasolineras y supermercados del lado gallego de la «raia» atraídos por precios aún un 3% más bajos, pese a que ambos países subieron el impuesto en julio
18 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El impuesto que grava el consumo es desde el pasado 1 de julio más elevado a uno y otro lado de la frontera entre España y Portugal. Quince días después, el nuevo IVA ha frenado las ventas de coches en los concesionarios españoles y el comercio ya no sabe de qué color pintar las rebajas para intentar hacer caja. Pero a los consumidores portugueses que cruzan el Miño para ir de compras aún les salen las cuentas, porque aunque el Gobierno español ha elevado la tasa impositiva hasta el 18%, en Portugal la presión fiscal se ha situado en el 21%. Son tres puntos de diferencia que pueden suponer un ahorro de hasta 20 euros en el carro de la compra y entre 10 y 12 euros en llenar el depósito del vehículo.
Doce del mediodía del viernes en Tui. A escasos metros de la frontera, la rotonda que administra el acceso a tres hipermercados (Maxi Día, Lidl y Haley) es un continuo desfile de vehículos con matrícula portuguesa que acuden con frecuencia semanal a las áreas comerciales españolas.
«Todo es algo más caro, pero las mayores diferencias están en los productos para niños: pañales, higiene, celulosa... Aunque algunas cadenas de súper e hipermercados garantizaron que no iban a reflejar el aumento del IVA en sus precios, todos lo están haciendo», afirman Afonso y Elisabeta, mientras descargan la compra en el maletero estacionado en el párking de Haley. «Solo en los pañales para bebés ahorro cuatro euros y llevo más cantidad», asegura Elisabeta, mientras muestra un paquete familiar de la marca Dodot que acaba de comprar por 10,15, mientras que en Esposende, la localidad donde residen (a 90 kilómetros de Tui), cuestan 14,90 euros.
El viaje compensa
Eusebio medita ante la estantería de bebidas del Lidl. «Hay diferencia en los precios, pero además en España hay más oferta de artículos, más variedad», afirma, mientras sostiene una botella de ron. «Creo que este es 3 euros más barato», afirma satisfecho de su hallazgo.
La cesta de la compra de Bruno y Lucinda, dos septuagenarios de Matosinhos, va llena de botellas de aceite de oliva, embutido y rollos de papel para cocina y baño. «Ya hubo más diferencia de precios con España de la que hay ahora, pero sigue compensando», dice Bruno. «Aquí [por Portugal] las cosas no van bien y este Gobierno no las mejora. Los españoles tienen más posibilidades, porque tienen más industria, pero aquí... No, no, las cosas no van nada bien», reflexiona el hombre, mientras empuja el carrito.
Fuera del supermercado, en el estacionamiento hay casi más vehículos de matrícula portuguesa que españoles. En las cajas registradoras, en las cafeterías y en los negocios próximos a los hipermercados también se habla portugués. También en las farmacias. «Es algo cotidiano. Pensábamos que al subir el IVA en España nos íbamos a resentir algo, pero la presión allí es cada vez mayor, y les compensa comprar aquí», afirma la dependienta de una botica, acostumbrada a dispensar productos de higiene personal y de estética, como cremas hidratantes, antiarrugas, adelgazantes o protectores solares, además de medicamentos que no necesitan receta, como calmantes o algún antiinflamatorio.