Los consumidores notarán todo el impacto de la subida del IVA después del verano, cuando las rebajas dejen de amortiguar el efecto en los precios y los empresarios comiencen a trasladar a los ciudadanos el incremento, cosa que mayoritariamente afirman que en este primer momento no están haciendo.
El miedo a que el consumo se retraiga aún más con el alza impositiva ha sido el factor determinante para que empresas de los más variados sectores ?desde hostelería a textil, pasando por ocio o electrodomésticos? prefieran reducir su margen en lugar de repercutirlo sobre el consumidor, aunque el IVA es precisamente un impuesto que grava el consumo.
Además, el riesgo al redondeo de precios que la subida impositiva puede provocar, como ya ocurrió con la entrada en vigor del euro, y de la que han alertado las organizaciones de consumidores, también es un aspecto a tener en cuenta, especialmente tras el verano.
Por otra parte, los colectivos de consumidores están recibiendo una «avalancha» de consultas de usuarios sobre la aplicación del nuevo IVA a las facturas de suministros (telefonía, electricidad o gas) prestados en meses anteriores, pero cuya obligación de pago tiene fecha de 1 de julio (o posterior). Aunque tal medida se ajusta a la legalidad, las organizaciones critican que el Ejecutivo no haya iniciado una campaña informativa previa.
El Gobierno cifró en unos 5.000 millones adicionales la recaudación que supondrá el nuevo IVA, pero por lo expuesto y por la posibilidad de un repunte del fraude, la previsión puede no ser real, a diferencia del quebranto para el bolsillo del ciudadano.