Todas las alianzas pensadas para conformar una firma autóctona líder del mercado nacional han fracasado

M. Á. R.

ECONOMÍA

25 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El sector lácteo español ha sufrido un duro ajuste en los últimos diez años, en los que ha pasado de 140.000 ganaderos a solo 27.000. Galicia supone casi el 50% de las explotaciones de todo el país y maneja el 37,86% de la cuota láctea asignada a España (2,2 millones de toneladas de leche, frente a las 6,1 del total nacional). El país no llega a cubrir con su producción la demanda real de leche de vacuno, que supera cada 12 meses los nueve millones de toneladas. Frente a la necesidad de importaciones masivas, sobre todo desde Francia, Galicia es la principal autonomía abastecedora de España, pero la ausencia de un gran grupo lácteo propio ha provocado que nunca liderase este complejo sector. Los intentos de paliar este déficit han sido múltiples, y todos se han contado por fracasos.

En 1987, la entonces viguesa Larsa apostó por ser la industria puntera española, pero la falta de apoyo político y financiero truncó el proyecto. En 1991, el Parlamento gallego instó al Gobierno de Fraga a trabajar por un grupo lácteo autóctono. Se intentó primero con Feiraco y el grupo Leyma, adquirido por Puleva y más tarde vendido a Leche Río. Posteriormente, se pensó sobre la base del grupo Celta, cuando era propiedad del empresario valenciano Antonio Marchal. Pero Celta fue adquirida por la norteamericana Dean Foods, que pretendía edificar un gran grupo en España para asaltar el mercado europeo. Los americanos acabaron vendiendo la empresa a los portugueses de Lactogal. En los dos últimos años se quiso conformar otro gigante con Leche Río y Feiraco como núcleo duro, apoyado por Cooperativas Lácteas de Galicia (Colaga) y las dos cajas gallegas. Pero resultó imposible buscar un socio que aportase marca e innovación (solo había tres opciones -Puleva, Pascual y Capsa- y ninguna era abordable).