En Galicia trabajan casi 470.000 mujeres, con un salario medio inferior a los mil euros

Elisa Álvarez / Natalia Bore

ECONOMÍA

Es la comunidad española con el menor porcentaje de alcaldesas, menos del 8% del total

08 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Cada 8 de marzo se multiplican los estudios, informes y actos conmemorativos con motivo del Día Mundial de la Mujer Trabajadora. Todas las estadísticas, cifras y números siguen confirmando lo mismo. Ellas tienen más desempleo -lo que no implica que trabajen menos- peores salarios y más temporalidad. Es curioso como, pese a las medidas para fomentar la igualdad, siguen sin liderar el ránking de la pirámide incluso en sectores tan feminizados y democráticos como puede ser la enseñanza pública.

En Galicia el número de afiliadas a la Seguridad Social era a principios del pasado mes, según los datos del ministerio, de casi 470.000 mujeres, prácticamente un tercio de la población femenina gallega (1.435.374). Nada que ver con la proporción masculina, que se acerca casi al 50% en cuanto a empleabilidad (más de 600.000 afiliados de 1.337.159 varones). Tienen un porcentaje menor de inserción laboral, y con retribuciones también menores.

Según el último estudio elaborado por UGT con motivo del Día Mundial de la Mujer Trabajadora, ellas cobran anualmente una media de 13.342,46 (datos referidos al 2005), lo que entre catorce pagas deja un margen inferior a los mil euros (953). Ellos perciben de media 4.600 euros anuales más, lo que les deja un margen de casi 1.300 euros mensuales. La diferencia entre los sueldos se acentúa en sectores como la industria.

Además, la edad juega en contra de las mujeres respecto a su situación laboral, y CC.?OO. lo pone de manifiesto. La tasa de actividad de los hombres a partir de los 55 años duplica a la de las mujeres. El 25% de los varones trabajan, frente a solo un 12,5% de las mujeres. Las tasas de actividad femeninas más bajas se registran en los tramos extremos de edad: entre 55 y más años y entre 16 y 19 años, por lo que puede concluirse que las féminas tienen dos características diferenciales respecto a los hombres en el mercado laboral: se incorporan antes y lo abandonan antes.

Ellas y la política

Galicia ostenta además un pesimista ránking. Es la comunidad autónoma, con gran diferencia además, con menos alcaldesas mujeres. En las últimas municipales del 2007 se eligieron 8.075 regidores, de los que solo el 14,6% fueron mujeres. En Galicia, el 7,96%. Aunque muy lejos de corresponderse con la proporción de féminas existente en la sociedad, el País Vasco al menos puede presumir de poseer la mayor tasa de alcaldesas, casi una de cada cinco regidoras son mujeres.

Los datos son mucho más positivos en los parlamentos autonómicos. Más del 41% de los diputados de las Cámaras de las distintas autonomías son mujeres. Galicia, sin embargo, vuelve a situarse en la cola en este ránking, junto a Asturias, con un tercio de parlamentarios mujeres. A la cabeza se sitúa Castilla-La Mancha, en donde ellas son la mayoría.

Si la representación política de la mujer es escasa, en la empresa la situación es peor. Según datos del 2006, menos del 3% de los presidentes de las empresas del Ibex 35 son mujeres, únicamente un 2,44% de los vicepresidentes y un 3,69% de los consejeros.

El techo de cristal, obsoleto

La metáfora del techo de cristal, acuñada en 1986 para explicar la barrera invisible con la que las mujeres se encontraban en el mundo laboral para acceder a puestos de responsabilidad, se ha quedado obsoleta. Eso, al menos, es lo que opinan las profesoras norteamericanas Alice H. Eagly y Linda E. Carli, que acaban de publicar en la Harvard Business Review un estudio en el que afirman que el techo de cristal no es el único obstáculo con el que las mujeres tropiezan en su camino hacia el liderazgo, ya que este es más un laberinto lleno de trampas que un recorrido lineal y despejado como el de sus compañeros varones.

Las autoras explican que al singularizar un solo obstáculo, no se incorporan los demás elementos con los que las mujeres se enfrentan en su vida laboral, además de presuponerse que ambos sexos inician y desarrollan su carrera, ya sea en la empresa o en la política, con la misma facilidad de acceder a cargos de nivel intermedio, algo que la práctica desmiente. Los prejuicios, la resistencia al liderazgo femenino o el desigual reparto de las cargas familiares siguen siendo algunos de los muros del laberinto descrito por las profesoras y que las mujeres deben escalar para ampliar el reducido número de elegidas para coronar la cumbre.