Los dos abuelos del Dépor

Pedro José Barreiros Pereira
pedro barreiros REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

Manuel Pablo iguala hoy a Donato en el podio histórico de partidos en Primera

16 ene 2011 . Actualizado a las 09:32 h.

Manuel Pablo no cumplirá esta tarde una jornada más. El canario iguala a Donato y se convierte en el tercer deportivista con más partidos en Primera, por detrás de Fran (435) y Mauro Silva (365). Cuando termine el encuentro de esta tarde habrá disputado 303 desde que llegó en 1998 como promesa a un Dépor en los albores de su título de Liga. Donato, quien se había incorporado en el 93 procedente del Atlético de Madrid, era uno de los jefes de aquel vestuario, en el que militaron juntos hasta el 2003. Reunidos para la ocasión en el Hotel Porto Cobo de Oleiros, en las inmediaciones de A Coruña, La Voz fue testigo de su conversación.

¿Su recuerdo más bonito juntos es el alirón?

¿Su recuerdo más bonito juntos es el alirón?

Manuel Pablo: Sí, uno lo recuerda más porque también fuimos partícipes. Él metió el primer gol y yo hice la jugada del segundo.

Donato. Bueno... (interrumpe mientras se ríe)

M. P. Ahora va a decir que fue un churro (contesta con más risas)... Pero yo siempre lo digo, que lo más difícil es ganar una Liga. Son 38 jornadas y exige una regularidad que es muy difícil contra los grandes. Tuvimos esa suerte de devolverle lo que unos años antes también ellos estuvieron a punto de conseguir.

M. P.

D. Él no estuvo en la temporada 93-94 y, cuando pensábamos que una oportunidad como aquella sería muy difícil que se repitiera, tuvimos la felicidad de conseguir ese título. Manolo sabe que pocos equipos han ganado la Liga aquí en España y el Dépor y nosotros tuvimos el privilegio de ganarla y participar del antes y el después de aquel partido contra el Espanyol. Para mí era una espina clavada. Mi ilusión desde que llegué a España era ganar una Liga. No la gané con el Atlético, tuve la oportunidad en la 93-94, pero me dije: «Malo será parar de jugar y no ganar una Liga en España». Y fue una cosa tremenda.

M. P. Y viendo las temporadas que vinieron después, aún pensabas que lo podías haber conseguido otra vez. Acabamos segundos dos años seguidos. No hay muchos equipos capaces de ganarla, pero él tuvo la suerte de vivir dos momentos muy cercanos y en uno lo consiguió.

D. Fue tremendo para un equipo de una ciudad de menos de 300.000 personas. Yo viví unos años muy buenos. Hubo muchas luchas, pero yo prefiero acordarme de lo bueno y la gente creo que siempre se va a acordar de esos años, de la plantilla, de los jugadores que hemos participado... es una pena que ahora cambió la filosofía y la situación financiera del club no es como antes y ahora es muy difícil volver a juntar un equipo como aquel. Manolo tiene el privilegio de vivir varios momentos y ahora es el abuelo de los chavales...

M. P. No, no (se ríe), el abuelo es Valerón, que por unos meses es mayor que yo (siguen las risas), aunque, claro, lleva menos partidos que yo.

D. Si hasta parece mayor que yo (continúa metiéndose con su antiguo compañero). Es el abuelo de los Antonio Tomás, Rubén Pérez, Adrián... Lo bueno, y no es porque esté él aquí, es que lo veo a él y a Valerón dando lecciones a los jóvenes de hoy. Yo creo que si la gente tuviera la mentalidad competitiva como tiene Manolo, esa voluntad, yo creo que podríamos conseguir más cosas, pero es una etapa diferente a la otra y desde fuera también se ve todo más fácil que los que están dentro de la plantilla.

¿Se imaginaba que precisamente Manuel Pablo le iba a superar en ese podio con más partidos en Primera?

D. Nunca me preocupó eso de jugar tantos partidos. Los recuerdo únicamente como diez años que lo pasé fenomenal. Gracias a Dios tuve la suerte de ser un jugador que disputaba muchos partidos y me alegra que Manolo vaya a cumplir más que yo. No era para mí un dato importante. Lo importante es que él siga jugando ahí. Vino de una lesión muy importante y la gente dudó de su recuperación, pero él sigue ahí dando el callo. Tiene una cosa que mucha gente no tiene, que es un fondo físico impresionante y lo está sabiendo aprovechar. Ahora está aprendiendo a acortar los caminos por el campo...

M. P. ... Para eso sirve la experiencia (se ríe)... Tengo que saber cuándo subir y cuándo no, cuándo hay que hacer una falta o se puede atacar.

D. El tema es que disfrute cuanto pueda. Mi consejo que es mientras aguante que siga jugando, porque es lo más bonito que podemos estar haciendo en la vida.

M. P. Es un orgullo haber compartido con él aquellos años. Para mí es un ejemplo por todos los años que ha jugado al fútbol, aprendes de todo, ves la calidad que tenía y yo creo que lo que le llevó a estar tantos años jugando es que era un tío supercompetitivo, siempre quería jugar. Yo siempre lo recuerdo así de pesado, queriendo jugar todos los domingos y miércoles, entrenándose bien y fuerte, y eso es un ejemplo en el que yo me fijo. Sobre todo porque era muy competitivo, porque a esa edad ya sufres dolores, pero sigues teniendo una gran ilusión y afán competitivo, que es lo que yo creo que te permite estar ahí. Si no tienes eso, poco a poco te vas dejando y al final te quedas, aunque sepas que quizá podías aspirar a unos años más. Por eso, si no fuera un competidor nato, no creo que hubiera jugado todo lo que jugó.

O sea, que se ve como él, jugando con más de 40 años.

M. P. No, no [se ríe], eso es muy difícil, muy difícil. Para eso hay que rendir bien y estar muy mentalizado, porque cada vez cuesta más y los entrenadores te miran más el carné y cuesta convencerlos. Él tenía esa pesadez de seguir con 39 años insistiendo en que tenía que jugar y que tenía que ser el primero por delante de todo el mundo. Y eso es difícil. Yo por ahora estoy contento con lo que he logrado y vamos a ver hasta dónde llegamos.

D. La ilusión es lo más importante. Cuando un jugador pierde la ilusión, entonces se viene abajo toda la moral y el ánimo. Cuando un jugador llega a los 34 o 35 años ya empieza a tener pelea con los entrenadores, porque alguno le mira antes el carné que la productividad que da sobre el campo. Yo fui uno de los pioneros, se puede decir así, porque hasta que llegué, en España era normal terminar la carrera con 32 o 33 años. Recuerdo que para nuestro entrenador [Irureta] no era normal que yo con 37 años estuviera jugando. Entonces mi pelea todo el año era tener que compararme, venir a la pretemporada mejor que los demás, porque sabía que iba a encontrar ese tipo de obstáculo, pero dentro del campo creo que siempre he conseguido demostrar que tenía condiciones de jugar. Yo siempre fui favorable a que los jóvenes tienen que tener su oportunidad, pero si los jóvenes no aprietan, vamos a seguir trabajando y ellos tienen que hacerlo mejor para demostrar que tenemos que colgar las botas.

M.P. Para mí Valerón es otro ejemplo por la ilusión que tiene. No te lo imaginas de otra manera, sino jugando. Lo ves todos los días trabajando igual que siempre. Después del entrenamiento se queda allí con la pelota, es muy pesado, y eso es ilusión, ganas y seguir queriendo estar ahí.