El Breogán se da un baño de felicidad

LUGO CIUDAD

10 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Baño de éxito del Breogán para iniciar la segunda vuelta. Los celestes consumaron la venganza sobre el Girona y, de paso, sumaron la cuarta victoria consecutiva de las últimas jornadas, un hito sin precedentes en el actual curso. El Leche Río dio un golpe de autoridad ante un rival con poca fe, que se desnortó en la segunda mitad después de que los locales pisasen ligeramente el acelerador. El temporal de frío pareció congelar a los pupilos de Borja Comenge, que sólo con el maquillaje final salvaron la que podría haber sido una derrota de escándalo.

El intercambio de golpes se convirtió en una constante desde el inicio del encuentro. Mientras Adrien y Coleman se erigían como los bastiones del Breogán en la lucha debajo de los tableros, el Girona recurría al orden ofensivo y la velocidad para atarse al partido.

Pero pronto se vio que no iban a ser necesarios demasiados puntos para llevarse el gato al agua en la gélida tarde que se vivió en el Pazo Universitario. Los conceptos que guiaron al San Josep para dejar destellos de calidad se borraron en medio de una suave brisa soplada por los lucenses. Y, casi por inercia, los celestes tomaron las riendas de un encuentro que se fue oscureciendo para los catalanes.

El Leche Río gozó de la primera ocasión para marcharse en el segundo cuarto. La irrupción de Jiménez en la dirección de los catalanes, en lugar de Sabat, despistó por completo a los visitantes. Pero los locales, muy espesos en la parcela ofensiva, no superaron la ventaja de seis puntos a favor antes del descanso.

Estocada final

Sin embargo, el segundo acelerón del Breogán no fue respondido por un adversario que se arrastró en el segundo tiempo. Los celestes toparon una mayor fluidez en ataque y, con sólo dar una vuelta de tuerca a la intensidad, pusieron una amplia distancia de margen con el mínimo esfuerzo.

Middleton reaparecía en el Pazo muchos años después de su primera irrupción en Lugo. Pero el pívot se dio de bruces con la pareja formada por Adrien y Coleman, que se crecen en cuanto las condecoraciones y medallas de guerra de los contrincantes relucen demasiado en medio de una competición devaluada.

El Girona se ahogó en las pérdidas de balón y en una espesura que fue agudizada por el desacierto en el lanzamiento. Con el panorama despejado y la victoria más cómoda del año servida en bandeja de plata, Rubén Domínguez dio entrada en pista a todos sus efectivos para que disfrutasen de una agradable velada.