El Racing se adelantó dos veces, pero los blanquiazules replicaron tras el descanso con Riki como insólito cazagoles
09 mar 2009 . Actualizado a las 18:36 h.El fútbol tiene un componente misterioso que explica, en parte, las pasiones que levanta. Con todo en contra (el resultado, la fortuna, la historia y hasta un irritante árbitro), el Dépor firmó su primera remontada en casi un año y sumó cinco goles por primera vez en la era Lotina. Igual que el desenlace, el gran protagonista también fue inesperado, un Riki que a la vuelta de una lesión mostró una faceta inédita, la de cazagoles. En el viraje del partido, en el que los coruñeses fueron dos veces por debajo en el marcador, influyeron mucho las valientes decisiones de Lotina, que se la jugó en la ruleta de los cambios incluso contra el criterio del público.
«El que se duerma, sale del equipo», había dicho el técnico a principios de semana. Pero el Dépor salió con el pijama y el Racing le hizo un traje. En plena duermevela de la siesta compareció la defensa deportivista, que permitió a Pereira conectar con Zigic, colocado en la bombilla del área, que asistió para que el vigués embocase la canica entre las piernas de Aranzubia. Iban 23 segundos, y el Dépor tenía un tanto en contra. Conocida es su incapacidad para dar la vuelta a los partidos, casi tanto como la de Sergio y De Guzmán para llevar la manija, y a ello se dedicaron en el primer acto. El Dépor se partió en dos, con los cuatro hombres adelantados en el balcón del área, esperando un pase que llevarse al pie o a la cabeza. Este equipo descosido marcó en una acción aislada, que inició Lassad con un taconazo a Laure, quien centró para que Juan Rodríguez colocase el 1-1.
El Racing, que vistió con una camiseta ajedrezada, atacó de nuevo con su peón (Pereira) y su torre (Zigic). En una contra, lanzaron un nuevo jaque, esta vez con el vigués de asistente. El 1-2, justo por lo visto hasta entonces, dejó al Dépor aún más atolondrado, a merced de un Racing que apuntaba a su enésima victoria en Riazor. Y como las desgracias nunca vienen solas, Lopo se sumó al club de los lesionados en el ocaso del primer tiempo. Sin su mariscal defensivo y con el marcador en contra, Lotina fue osado. De Guzmán no volvió de la caseta, y entró Riki. Funcionó la apuesta por los dos puntas. Una combinación entre ellos la resolvió Riki con un certero uñazo a la red.
Pero el Dépor seguía con problemas para llevar la pelota arriba en condiciones, tarea en la que se empeñaba Sergio entre los silbidos de Riazor. Así que con más de media hora por delante, Lotina se jugó un órdago. Agotó los cambios, asumiendo un riesgo elevadísimo, pues una nueva lesión habría dejado al equipo con diez y una expulsión o desgracia de Aranzubia, sin portero. Retiró al tocado Lassad para dar criterio con Valerón. El público, quizá ignorando las molestias del francés, silbó a Lotina casi tanto como a Sergio. Pero el fútbol y el resultado le dieron la razón. De las quejas se pasó a los aplausos cuando Lafita hizo el 3-2 a la salida de un córner. Y un minuto después, a los cánticos de «Valerón, Valerón», cuando el canario se ajustó las gafas de rayos X, vio un hueco entre los cuerpos de los defensas y allí envió la pelota, a la que llegó Riki para sellar el 4-2. La defensa del Racing ayudó lo suyo a la remontada. Con los «olés» que tan poco le gustaban a Arsenio sonando en Riazor, se produjo otra anomalía histórica: Verdú marcó de cabeza. El público, desmelenado, pedía la media docena, pero el Dépor se dio por satisfecho con el excelente botín y dejó hacer al Racing, que se maquilló hasta el 5-3.