Charló con el central en Abegondo y lo animó a asumir el mando del equipo
22 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Alberto Lopo toma el mando en el Deportivo y recoge el testigo de Coloccini como líder en el terreno de juego y en el vestuario. Miguel Ángel Lotina charló ayer largo y tendido con el central sobre el césped de Abegondo y lo animó a asumir esa responsabilidad.
El jugador, que compareció en rueda de prensa, se armó de discreción y modestia para explicar que lo que había hablado con el entrenador quedaba entre ellos, dando un rodeo para sortear como buenamente pudo la cuestión del liderazgo.
«Uno siempre se siente, no sé si líder, pero sí importante en un equipo. Cada futbolista se tiene que sentir útil. Con la marcha de Coloccini y la baja de Manuel Pablo no sé si soy el líder, pero sí que quizá por experiencia tenga que estar ahí un poco más», apuntó el defensa, que recordó también que el entrenador lo conoce «hace mucho tiempo», desde su etapa en el Espanyol, y siempre busca «lo mejor para el equipo».
Sin embargo, Lotina, al igual que sucedió con Coloccini el año pasado, quiere dejar muy clara la entrega de galones, consciente plenamente de lo importantes que son las referencias de este tipo en un equipo repleto de jugadores jóvenes.
Aunque ayer prefirió no revelar su conversación con el futbolista, el pasado 10 de agosto explicó a La Voz de Galicia su planteamiento en este asunto: «Estoy viendo a Lopo muy recuperado, haciendo cosas que la temporada pasada se cuidaba de hacer, y esa es una gran noticia porque tengo la esperanza de que tome el relevo de Coloccini en el campo y en el vestuario, que ocupe el vacío que deja la marcha de Colo. Creo que tiene condiciones para ello y que lo va a poder hacer. Confío en que sí».
Ayer era el día preciso para renovar esa confianza. Con Manuel Pablo, capitán del equipo, con un pie en el quirófano, y Coloccini haciendo carrera en Newcastle, la situación defensiva del Dépor se torna compleja, al menos mientras no se demuestre lo contrario. Lotina necesita más que nunca un líder en la retaguardia que aúne y dirija los esfuerzos de jóvenes como Piscu o recién llegados como Zé Castro, que van a necesitar referencias de peso a su lado. Al hacer pública esa confianza máxima, el entrenador involucra al futbolista y lo hace partícipe y cómplice, por todos, de su proyecto deportivo.