¡Súbete ao Castro!

VIGO

24 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Mientras Iolanda Veloso nos anima a que subamos a O Castro, Elena Maure nos da pocas razones para subir. La primera es la edil de Xuventude, que ha diseñado un programa para que la chavalada viguesa, en lugar de ir al monte de botellón, vaya a hacer algo de provecho, como aprender informática, recibir clases de baile, dar conciertos o que se los den. La iniciativa tiene cierto éxito, aunque provoque una media sonrisa en generaciones más veteranas, que cuando subían a O Castro o a la carballeira de A Guía preferían otras actividades, entre las que destaca la inolvidable búsqueda del «Cañón de Oro».

La dorada batería, que tanto dio que hablar a generaciones, ya no está de moda. Y es improbable que haya parejas que continúen buscándolo por los riscos más inaccesibles de los montes vigueses. Ahora, la juventud tiene una oferta envidiable para subir ao Castro, aunque no se descarta que también sigan buscando aquella vieja pieza de artillería, aunque ahora la llamen de otra forma.

Por el contrario, Elena Maure es la concejala de Patrimonio Histórico y, ciertamente, nos da pocas razones para subir a nuestro monte más céntrico. De una parte, me parece encomiable su campaña para que se derribe el antiguo restaurante El Castillo, una obra ilegal desde su origen y una aberración patrimonial. Pero, de otra, sigue haciendo lo que todos sus predecesores: olvidarse del poblado castreño que debería ser uno de los símbolos de Vigo. Cuando el turista sube al parque, en busca del yacimiento, convencido de que encontrará algo mínimamente conservado, se topa con cuatro piedras mal compuestas, tres hierbajos y una valla que protege el recinto. No es que el castro no esté musealizado, sino que no hay ni un triste cartel que explique qué diablos es eso.

Es sabido que en esta ciudad estamos todos locos. Y el poblado del O Castro no es sino otra prueba de este hecho. Tenemos un patrimonio del que presumir y dejamos que se pudra en el abandono. Una corporación tras otra ha ignorado por completo esta citania, que parece que no va con ellos. Es un incordio que está ahí y que, probablemente, daría pocos votos. Como ocurre con Rande y su batalla, porque está visto que aquí, la historia, como muchos la desconocen, es lo último.

Cuando estos días llega el turista y sube a O Castro pregunta asombrado: «¿Y entonces? Eso de que el equipo se llame Celta, ¿por qué es?». Solo queda llevarlo a Balaídos, ver cómo se arrastran los jugadores y explicárselo llanamente: «Por el tabaco, buen hombre, por el tabaco?».