Cinco de veintisiete internos completaron un programa que se inició en agosto de 2000 Los delitos sexuales siempre llaman la atención. Entran en el capítulo de los más reprobables, los que golpean más fuerte la conciencia social.¿Qué lleva a un hombre hecho y derecho, es un decir, a violar a sus propias hijas? ¿Qué pasa por la cabeza de otro para forzar a una niña a que le haga una felación? No todos son conscientes de lo censurable de su proceder, ni, como el condenado por abusar de su esposa, alcanzan a entender que se les castigue. Otros, sin embargo, reflexionan cuando se ven recluidos en un cutre calabozo, o en la celda de una prisión. Cinco reclusos de Pereiro han seguido un programa de ayuda y tratamiento psicológico, aún sabiendo que no por ello iban a gozar de beneficios penitenciarios.
REDACCIÓN