Pese a que el consumo de esta droga, que se cobró miles de vidas y de infectados por VIH en la década de los 80, está controlado, los expertos piden no bajar la guardia.
Los prelados denunciaron el fanatismo religioso que se está difundiendo en todo el mundo y abogaron por el diálogo y el respeto recíproco con las otras religiones.