05 jun 2001
La penitencia de ir a Ribeira
Las obras y la mala señalización despistan a numerosos conductores que se desplazan desde Compostela a Barbanza Es un despropósito. Ir de Santiago a Ribeira se ha convertido, por obra y gracia de las obras, en una travesía interminable en la que uno se queda con la sensación de que alguien le está tomando el pelo. Durante el pasado fin de semana fueron tantas las protestas de conductores que se perdieron que, por fuerza, había que comprobar qué es lo que ocurre. Y ocurre que hay obras, que la señalización, cuando existe, es una absoluta chapuza y que los guardias que podrían ayudar sólo se dedican a poner multas. Con este panorama, más vale armarse de paciencia. Pruebe, pruebe, es una experiencia que recordará.