De Monza a Haití se llega por el Camino de Santiago

SOCIEDAD

De origen italiano, Filippo Bolognesi participa en Puerto Príncipe en un plan de la cooperación gallega sobre acuicultura

05 oct 2009 . Actualizado a las 20:42 h.

Hace cinco años, el huracán Jeanne azotó la República Dominicana y Haití de manera simultánea. En este segundo país, unas 2.000 personas murieron solo en la ciudad de Gonaives. Otras decenas de miles cayeron en la espiral descendente de la pobreza. El ciclo de miseria y la destrucción del medio ambiente han deforestado laderas y dejado a millones de personas en situación vulnerable en barrios marginales.

Todo lo anterior lo rememoran los relatores oficiales de las Naciones Unidas. Desde la capital, Puerto Príncipe, a diario, lo ve Filippo Bolognesi. El nombre no engaña. Nacido en Monza (Italia) hace 26 años, desde verano participa en un proyecto de la cooperación gallega en un país difícil y muy complejo por las ramificaciones de la miseria y de la violencia. «Haití es el país más pobre del continente americano, su situación socioeconómica es precaria, incapaz de cubrir las necesidades básicas de su población. Atraviesa una fase muy crítica de inseguridad alimentaria porque está obligado a importar la mayoría de los productos alimentarios, depende mucho de las variaciones internacionales de los precio», explica.

El programa, en que la Xunta participa con la donación de 38 embarcaciones para las comunidades de pescadores, busca detallar a la población nuevas técnicas para la cría de peces, de manera que «a largo plazo mejore la vida de la población gracias al desarrollo de la acuicultura que puede llevar a reducir la inseguridad alimentaria en el país, y a generar nuevos ingresos».

Este proyecto, en el que él actúa como becario, se estructura en dos fases. La primera, la que está ahora más avanzada, se centra en el estudio del potencial acuícola del país y la mejor zona en la que intervenir. La escogida es la del sureste. «Acabamos de recibir los fondos y ahora hay que ocuparse de todo el papeleo burocrático para empezar con las actividades», explica. Además, colabora con un proyecto de fortalecimiento de la pesca marina en una zona del país.

Los inicios

Filippo llegó a la cooperación desde Santiago. Parte de su formación universitaria la desarrolló en la capital de Galicia y ahí, en su universidad, cursó el máster de cooperación internacional. Aunque su primera salida al exterior fue con una pequeña oenegé italiana en el Congo francés, en Brazzaville: «Trabajaba con orfanatos, con niños de la calle y con un hospital local, desde animación hasta apoyo a una casa de acogida de chicos que impulsaba un cura italiano».

Dice que en Haití echa de menos a la familia, a los amigos «y poder salir de casa a pasear sin problemas, a cualquier hora». «Casi todo el mundo expatriado -relata- tiene a un guardia armado por la noche fuera de su casa». Pero lo compensan satisfacciones como «hablar con la gente y vivir su día a día, que es muy diferente a lo que se ve en la televisión». «Lo mejor -finaliza Filippo- aún está por llegar».