Fotografías aéreas, poderosas herramientas informáticas, cuerpos policiales e instituciones públicas se ven envueltas en una peculiar guerra de cifras cada vez que se celebra una manifestación. ¿Cómo cuentan los asistentes y por qué surgen datos tan dispares?
15 nov 2012 . Actualizado a las 20:43 h.Las dos primeras acepciones de la palabra contar que registra el diccionario de la Real Academia Española ya nos ponen en guardia. Porque contar es ?numerar o computar las cosas considerándolas como unidades homogéneas?, pero también ?referir un suceso, sea verdadero o fabuloso?. El problema nace cuando se mezclan ambos conceptos. Cuando de contar ovejas pasamos a contar un cuento. Este es el caso de las manifestaciones, en las que habitualmente se desatan las ya famosas guerras de cifras. Ahí la fábula le pisa el terreno a los guarismos.
Lo volvimos a comprobar el pasado fin de semana con la concentración del 17 de octubre en Madrid contra la reforma de la ley del aborto prevista por el Gobierno socialista. Los convocantes afirmaron que la asistencia a la marcha fue de dos millones de personas. La Comunidad de Madrid, gobernada por el PP, aseguró que en las calles por las que discurrió la manifestación había 1.200.000 individuos. La Policía Nacional -dependiente de la Delegación del Gobierno, del PSOE- aportó su propio cálculo: 250.000 manifestantes, cifra que coincidió con la facilitada por algunos medios locales que realizaron sus propias estimaciones. La sorpresa llegó cuando Efe presentó su dato: 55.316 asistentes, calculados por la firma Lynce, contratada para la ocasión por la agencia de noticias.
¿Anumerismo o desfachatez?
¿Cómo se explica esta disparidad de cifras? El físico Marcos Pérez Maldonado, director técnico de la Casa de las Ciencias de A Coruña, apunta: «Cuando los partidos o las organizaciones dan datos de participación absolutamente disparatados, por ejemplo, aquellos de los que se deducen densidades de 20 personas por metro cuadrado, lo que se pone en evidencia es un problema de anumerismo, desfachatez, afán de manipulación o falta de espíritu crítico. Y lo que no se puede consentir es que esto se haga desde una Administración pública, que tiene una presunción de credibilidad de cara al ciudadano».
Los responsables de Lynce, que han vivido esta semana su gran momento de gloria mediática, sacan pecho en su página web y aseguran que ellos no estiman, sino que cuentan uno a uno a los manifestantes a partir de las fotografías aéreas tomadas con cámaras fijas y la ayuda de un zepelín que sobrevuela la zona con un objetivo cenital a bordo. Para la manifestación del 17 de octubre en el centro de Madrid utilizaron siete imágenes aéreas (seleccionadas entre 300) en las que asignaron un número correlativo a cada una de las personas retratadas desde el aire. Esto afina el recuento, según la empresa, con un margen de error del 15%.
«Al contrario de lo que sugieren en Lynce, en ocasiones estimar bien es mejor que contar mal», matiza Marcos Pérez. «Dicho esto, es cierto que las estimaciones se pueden complementar con recuentos parciales o muestreos. Lo de contar a todos y cada uno de los manifestantes ya me parece un poco exagerado. Por ejemplo, metes a los curiosos que estaban por allí y te olvidas de los que están a cubierto y no aparecen en las imágenes aéreas. Además, lo importante no es el detalle del número, sino el orden de magnitud: si hubo 50.000 o 250.000 o un millón de personas», añade el director técnico de la Casa de las Ciencias.
«En este sentido -apostilla Pérez Maldonado-, el problema no es nuevo en absoluto. Por ejemplo, los científicos que estudian las poblaciones de pingüinos llevan años mejorando el procedimiento, y hace tiempo que recurrieron a las herramientas informáticas que permiten automatizar el análisis de fotografías y contar uno a uno el número de individuos de una colonia». Este método, utilizado por los zoólogos desde hace años, es similar al que emplea Lynce, aunque la compañía contratada por Efe tampoco ha revelado los detalles técnicos de su sistema de trabajo.
Estimaciones
Pero el estudio individualizado, que tanto vale para analizar la población de pingüinos en la Antártida como para computar los asistentes a una manifestación en el distrito centro de Madrid, no es la única forma de realizar un recuento. La opción más empleada para estimar los asistentes a una concentración es la de medir la superficie de las calles y plazas por las que discurre, restar el área aproximada de aquellos elementos que no se pueden ocupar (como mobiliario urbano, árboles, etcétera) y luego multiplicar esta cifra por la densidad de individuos, también estimada, que suele oscilar entre una y cinco personas por metro cuadrado. Para definir la densidad se pueden usar imágenes fijas o recurrir a la observación a pie de calle, y para calcular las superficies se puede echar mano de herramientas informáticas accesibles en Internet, como el Sistema de Información Geográfica e identificación de Parcelas Agrarias (Sigpac) del Ministerio de Agricultura.
Manifestómetro
El Manifestómetro (http://el manifestodromo.blogspot.com), una bitácora española que se ha convertido en una de las grandes referencias para analizar la asistencia a las concentraciones, utilizó una estimación de la superficie y la densidad para contabilizar el número de manifestantes a la protesta del 17-O.
Según este blog, el área recorrida por la marcha fue de 48.000 metros cuadrados y la ocupación, medida mediante vídeos y fotografías tomadas en la zona, era de entre 1 o 1,5 personas por metro cuadrado. Con estos datos, la cifra total sería de 48.000 a 72.000 participantes, no demasiado alejada de la que calculó la firma Lynce para Efe. ¿Quién da más?