Autoestima

OURENSE

07 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Con el sector naval gallego sucede como con la autoestima. Cuando te la minan es difícil que vuelvas a confiar en tus posibilidades. Durante años salieron de los astilleros gallegos los mayores y mejores barcos del mundo. Eran tiempos en los que la construcción de navíos necesitaba mucha mano de obra y se ganaban buenos sueldos. El país empezaba a abandonar el campo y se ensayaba la industrialización. Galicia entraba en la modernidad.

Pero llegaron los tiempos difíciles, con una competencia feroz de países del sudeste asiático y condiciones leoninas impuestas por la Unión Europea. A España le sobraba capacidad de producción y se metió el bisturí de la reconversión naval. Había que adaptar la dimensión de las empresas (muchas con capital público) a la nueva coyuntura mediante drásticas reducciones de empleo. Y a Galicia, con buenas opciones técnicas pero con escaso peso político, le tocó pagar el mayor tributo. En la práctica casi desapareció un astillero de alto nivel como Astano. Un durísimo revés para la comarca de Ferrolterra, que había vivido con una dependencia excesiva del sector.

Tal fue el castigo y hasta la humillación que la autoestima colectiva se vino abajo. De poco sirvió que, al contrario de lo que sucedía en otros sectores en los que mantenían un modelo de economía subdesarrollada, en el naval no solo se repartieran buenas rentas mientras hubo trabajo. También se artilló un entramado de formación técnica y se colocó a las factorías gallegas en la vanguardia de la tecnología. Ni siquiera eso fue obstáculo para que se ejecutase la decisión más política que económica de prohibir a Astano construir barcos. Ahora, con contratos por valor de 7.000 millones y empleo asegurado hasta el 2016 en astilleros públicos y privados, el naval gallego recupera la autoestima. Lástima que por no corregir errores del pasado la herrumbre y la maleza sigan ganando terreno en la vieja Astano.