Carlos Piera, experto en felicidad: «Muchos directivos se sienten vacíos porque han pisado a mucha gente»

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Esta entrevista va de llamar a las cosas por su nombre, de ser honestos con nosotros y con los demás. Solo así se conseguirá el éxito: «Si renuncias a tus valores para tener un estatus económico, ¿es eso felicidad?»

08 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

En un mundo en el que reina la confusión, el ruido y las prisas, Carlos Piera (Barcelona, 1984) nos invita a parar, reflexionar y buscar la claridad en todo lo que hagamos. Quien dedicó parte de su carrera a explorar la felicidad en el trabajo, y que acaba de publicar ahora ¡Aclárate!, sostiene que la fórmula para llegar al bienestar auténtico es ser honesto con uno mismo y con los demás. Solo así podremos vivir en paz.

—Defender la claridad entre tanto ruido no es tarea fácil...

—Así es, porque requiere justamente parar en un mundo en el que no solo hay mucho ruido, sino también muchísima velocidad. Y, a veces, priorizamos la velocidad a la dirección. Vamos muy rápido en una dirección que no sé si es la equivocada, pero que, sin duda, no es la que más deseamos o la que más nos representa.

—Al final somos borregos encaminándonos a un lugar al que no queremos ir...

—Tomar decisiones está muy bien y no siempre tienen que ser perennes en el tiempo. A veces, está bien esa dirección durante dos, tres, cinco o diez años. Pero llegado un punto, uno debería preguntarse si sigue en la dirección correcta. Y si no es así, tener la valentía de coger otro rumbo. Es verdad que si tienes una hipoteca y tres hijos, un cambio de dirección requiere hacerlo con más tiempo que si eres más joven y sin cargas. Y, a veces, nunca se llega a producir, porque puede resultar más difícil cambiar que seguir por ese camino.

—Imagino que conocerás muchos casos...

—Sí, claro. Muchísimos. El camino de la claridad, lamentablemente, no empieza en el colegio. La familia no nos enseña a hacernos preguntas cuando somos pequeños, a mirarnos al espejo y a tomar decisiones. Suele llegar a los 40 o 50 años. Y ahí empiezas a plantearte: «Ostras, ¿tengo todo lo que me habían dicho que era necesario para tener éxito?». Y puedes sentir que ese no es el camino que te gustaría tener y que ahora querrías cambiar. Conozco a muchísima gente que se encuentra en una posición de éxito y no se siente como esperaba.

—Parece que triunfa también quien más ruido hace, el que más llama la atención...

—Bueno, a mí me gustaría entender qué significa triunfar. Porque he visto que los que triunfan son aquellos que lo hacen bien, cuidando a las personas por el camino, y que lo hacen con honestidad e integridad. Es verdad que a corto plazo parece que triunfa el que más ruido hace. El ruido está bien durante un tiempo, pero no sirve a largo plazo. Y tampoco sirve internamente, dentro de uno mismo. Al final, esa persona se va a sentir vacío por dentro.

—Creo que experimentaste en primera persona esa falta de claridad y eso te llevó a escribir este libro...

—Sí, y seguiré viviendo. El que pretenda obtener todas las respuestas se equivoca. A lo único que le va a llevar es a la frustración. La claridad para mí es hacer las preguntas adecuadas para poder dar el siguiente paso con coherencia. Y voy a seguir necesitándola a lo largo de mi vida. Cuando era un emprendedor y tenía reuniones comerciales, me costaba una barbaridad ser claro para poder aportar valor. Y cuando he sido líder de empresa en gestión de equipos, quizás tampoco lo he sido o lo he comunicado mal.

—Hablas de tres tipos de claridad, la emocional, la intelectual y la espiritual, ¿de cuál carecemos más?

—Desde mi punto de vista, de la espiritual. Porque la intelectual va muy ligada a la información y al hecho de acumular datos para poder tomar decisiones. Probablemente, es la que más trabajemos. Y deberíamos equilibrarla con la emocional, que ahora se trabaja cada vez más. Hay una tendencia a entender cómo nos sentimos. Pero la espiritual es muy poco tangible, es más etérea, e incluso la vinculamos con la religión, pero no tiene nada que ver. La tenemos más abandonada. La claridad tiene mucho de espiritual porque hay muchas preguntas que nos hacemos o muchas respuestas que buscamos, que no nos llegan en el momento que queremos. Por eso, también requiere de paciencia y un poco de fe ciega, en el sentido de confiar en que estamos en el camino correcto. Estoy en el camino correcto y ya me llegará. Y cuando lo hace, dices: «Ahora entiendo aquello que llevo tiempo buscando». La claridad espiritual nos cuesta más trabajarla, sobre todo, en un mundo tan superficial, donde hemos dejado de lado la parte espiritual.

—También has investigado la felicidad en el trabajo. Poder ser feliz en tu puesto es una utopía para algunos...

—Pues imagínate en el 2010 cuando monté la consultoría. Me trataban de alienígena. Pero la felicidad en el trabajo es algo fundamental, y si tienes claro quién eres, qué quieres, adónde vas y qué necesitas de tu entorno o qué sacrificios estás dispuesto a hacer, será mucho más fácil para ti llegar a esa felicidad.

«En los despidos, la gente agradece la claridad»

—Es un concepto muy subjetivo...

—Pero hay elementos empíricos que nos dicen que si trabajas un determinado aspecto, serás probablemente más feliz. Aunque cada uno tiene que tener claro su camino.

—Has sido también director de recursos humanos...

—Sí, lo fui durante tres años de una empresa de unos 500 empleados y he vivido en mis propias carnes tanto procesos de despido como situaciones de crisis, con el tema del covid y otros elementos. Y la claridad nos ha ayudado a ofrecer resultados espectaculares cuando nunca es fácil en un proceso doloroso...

—¿Hay una buena manera de despedir a alguien?

—Sí, yo creo que sí. Otra cosa es que te guste ser despedido. Porque despedir o ser despedido nunca es plato de buen gusto. Pero la gente agradece la claridad. Yo he vivido varios despidos y cuando intentas maquillarlo y adornarlo, confundes más a la otra persona. No ayudas a nadie. Pero cuando lo haces con claridad, educación y respeto, aunque no guste o duela, la gente lo agradece. Porque al menos uno sabe la realidad de lo que ha ocurrido, que la empresa no tiene dinero o lo han hecho así en base a este criterio... Entonces, por lo menos, la persona se lleva las cosas claras. Para mí la mejor manera es ser escueto, directo y humano.

—Lo hemos visto muchas veces, gente que logra el éxito a costa de traicionarse a sí mismo...

—Yo me haría la siguiente pregunta: «Si renuncias a tus valores para poder llegar al éxito económico y de estatus, ¿realmente es éxito y felicidad?». Para mí la respuesta es que no. Puede parecerlo, pero estoy convencido de que la procesión va por dentro. Si no eres auténtico contigo mismo, no vas a conseguir éxito ni felicidad. Y puede ser que tardes más, porque con la autenticidad no construyes puentes con todo el mundo, no le vas a caer bien a todo el mundo, pero el resultado es, sin duda, muchísimo más sostenible.

—¿Hay muchos directivos que llegan a reconocer que se sienten vacíos?

—Sí, se sienten vacíos, tristes, solos... porque por el camino han tenido que ir pisando a gente. Y es un camino que debería empezar a cambiar. Me gusta mucho la frase de Jim Carrey que decía: «Ojalá todo el mundo fuera famoso para darse cuenta de que no vale tanto la pena». Al final, estamos en una carrera por conseguir algo que cuando lo alcanzamos nos damos cuenta de que no compensa si tenemos que renunciar a ser auténticos y a nuestros valores.