Furor por el «bubble tea», la bebida que arrasa entre los jóvenes

juan capeáns / maría hermida / begoña r. sotelino / yago gantes y marta vázquez

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Bear Tea, en Santiago.
Bear Tea, en Santiago. PACO RODRÍGUEZ

De Taiwán al mundo. El ya famoso té de burbujas se ha convertido en todo un fenómeno. Con sus perlas de tapioca y colores llamativos es, además, dulce y fotogénico. Aquí van cinco locales gallegos donde ya es un imprescindible en su carta

04 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Las fronteras de los gustos y las modas se han desvanecido como lo hacen en las burbujas del bubble tea, también llamadas perlas o bobas, o para los que necesiten términos más descriptivos: té con múltiples bases mezclado con bolitas de gelatina con muchos más sabores y hasta con rellenos que estallan en la boca. Un mundo infinito y creativo en el sector de las bebidas que no es de ahora, porque las raíces se remontan a finales de los años ochenta en Taiwán. Hubo disputas entre dos casas populares de té por arrogarse la invención, pero mientras unos y otros discutían se extendió por China y otros países asiáticos, haciendo la emigración el resto del trabajo de popularización por el mundo hasta llegar a Galicia. Consumido con pajita y más apropiado para el aperitivo o merienda, Bear Tea responde exactamente a ese proceso de expansión. Está en Santiago asentado desde hace un par de años, en la Rúa Nova de Abaixo, un lugar en donde confluyen históricamente familias compostelanas y estudiantes, y que ahora también es un espacio plagado de negocios internacionales, con supermercados especializados en productos latinoamericanos y orientales. 

Bear Tea, en Santiago.
Bear Tea, en Santiago. PACO RODRÍGUEZ

En ese entorno casi pasa desapercibido un local que tiene su cartelería en chino y que ha tenido que tirar de la didáctica y la promoción —incluidas degustaciones gratuitas— para que el público que pasa por delante entendiese qué es lo que contenían esos vasos de plástico con pajitas lo suficientemente anchas como para que fluyan las bolitas.

Luis Liu y su primo, que rondan los 40 años, están detrás de este negocio para el que se prepararon a conciencia, primero para entender bien el funcionamiento de la hostelería a pie de calle en Galicia, y luego para dar con los gustos locales sin renunciar a los orígenes y a la calidad. No han perdido ni lo uno ni lo otro, porque la esencia es el té, y se preocupan de traerlo puro importado de China. Y después tratan de estar a la última con los productos que están funcionando en Asia. Las frutas que muestran dan cuenta de la variedad de sus tés, que sirven en vasos de entre 500 y 700 mililitros y precios entre los 5,50 y los 6,95 euros. En la carta salen 40 modalidades, y entre todas destaca el «clásico», el Taro Bubble Té, con leche de taro, un tubérculo asiático. Pero el catálogo se va complicando y enriqueciendo con diseños que engloban seis categorías: los superlácteos; creaciones con azúcar moreno; la colección de coco; los tés de limón y frutas; la serie artesanal; y los mousses granizados de frutas.

 Lo descubrió por el móvil

ADRIÁN BAÚLDE

La ciudad del Lérez se abonó al té de burbujas hace ya seis años. Lo hizo de la mano de un inmigrante venezolano, Nando Teixeira, al que el confinamiento del covid del año 2020 lo pilló casi recién llegado al país, con su mujer y sus tres hijos, y con una necesidad imperiosa de sacar a su familia adelante. Nando, que se levantaba cada día pensando en cómo ganarse la vida en un país cerrado a cal y canto por un virus, estaba en una videoconferencia con su hermano, que vivía en Los Ángeles, cuando le llegó la inspiración. Su familiar estaba bebiendo un bubble tea mientras hablaba con él por teléfono y Nando le preguntó qué contenía ese vaso que le llamaba tanta lo la atención. Su hermano le explicó que era té de burbujas, original de Taiwán y totalmente de moda en Estados Unidos. Nando pensó entonces que, con la globalización de por medio, esa moda tardaría muy poco en llegar a España. Así que se puso manos a la obra y abrió en Pontevedra Frosty Bubble, un local de bubble tea. Lo hizo en el barrio de San Antoniño y logró algo meritorio: llenar el local de jóvenes que se pirran por el té de burbujas a pesar de que su precio medio son 5 euros —hay distintos precios dependiendo del tamaño y de lo que lleve—.

Seis años después de su emprendimiento, Nando respira un poco más tranquilo, aunque se queja de que los autónomos en España cargan con demasiados impuestos —él, antes de emigrar, regentaba una panadería en Venezuela—. En su carta, además de té, hay batidos en los que no se escatima en leche y fruta y también aperitivos de su tierra que triunfan sobremanera. «Lo de incorporar tequeños ha sido una locura, se venden muchísimo», explica. Tan bien van las cosas que se ha atrevido a algo que al principio no fue capaz de hacer: en su negocio no vende alcohol, ni siquiera cerveza. «Tenemos muchísimos sabores de nuestro té, batidos o cafés», dice. Señala también que entre los sabores favoritos de los clientes para el té de burbujas está el de maracuyá, pero lo que más feliz le hace es que cada vez más clientes confían en él y le piden que los sorprenda con sus maridajes de frutas y variedades de té.  

TENDENCIA ASIÁTICA

Frosty Bubble, en Pontevedra.
Frosty Bubble, en Pontevedra. M.MORALEJO

Vigo se ha convertido en uno de los puntos donde esta tendencia asiática ha encontrado un hueco sólido. En el centro comercial Vialia, Puki cumple poco más de un año desde su apertura con una acogida que sus propios impulsores califican de «muy buena». Detrás del proyecto está el holandés Alexander van Maurik y su pareja, la brasileña Maria Antônia Felippe Chame. Ambos tuvieron una pizzería en Brasil y decidieron emprender en la ciudad casi por casualidad, ya que residían en Vigo cuando surgió la idea. «No es una franquicia, esto es solo un local que está actualmente aquí en Vigo, el primero», explica Álex, que subraya que el negocio abrió sus puertas el 21 de marzo del año pasado. En apenas 12 meses, el crecimiento ha sido notable. «Actualmente somos el más grande de Galicia», asegura, en referencia a su volumen de actividad, la respuesta del público y el papel de las redes sociales en la popularización del producto. El bubble tea se ha convertido en el eje del negocio. Antes de su incorporación habían empezado a hacerse un nombre con otros productos como el Chimi®, su primera propuesta, pero el té con perlas concentra hoy la mayor parte de la actividad. Uno de los elementos diferenciales de Puki es su apuesta por la elaboración propia. «No compramos nada hecho», afirma. Desde las perlas de tapioca hasta las cremas se preparan en el propio establecimiento, en procesos continuos a lo largo del día. «Cada cuatro horas tienes que hacer nuevas si quieres buena calidad», explica, insistiendo en la importancia de ese trabajo artesanal. Entre las propuestas, que combinan sabores clásicos con otros más innovadores y una imagen llamativa con un pulpo en su logo, destaca el uso de ingredientes de alta calidad, como el matcha importado directamente de Japón: «Pagamos casi 250 euros el kilo», remarca el emprendedor que también trabajó el sector del pescado en Vigo. 

de Shanghái a A Coruña

Iriwa Bubble Tea Shop, en A Coruña.
Iriwa Bubble Tea Shop, en A Coruña. MARCOS MÍGUEZ

La búsqueda de un sabor auténtico fue el motor que impulsó a Josephine a fundar Iriwa bubble tea hace ya dos veranos. Tras trasladarse desde Shanghái a A Coruña, esta joven propietaria identificó una carencia significativa en la oferta local de esta bebida: «Normalmente lo que encontraba aquí era un tipo de bebida en polvo, más parecido a las que estaban de moda en China hace más de treinta años, sin verdadero té ni leche, y con un sabor muy artificial y químico». Esta discrepancia entre lo industrial y la tradición asiática, sumada a la necesidad de conciliación, propició la apertura de este espacio, Iriwa Bubble Tea Shop, que hoy es referencia en la coruñesa calle Socorro, en el Orzán. «Cuando nació mi hija vimos que en casa necesitábamos que uno de los dos tuviera un trabajo más flexible para poder cuidarla, ya que ni mi familia ni la de mi marido están aquí. Y pensé: “Quizá es el momento de abrir la tienda que siempre había querido”», cuenta.

Y así nació este establecimiento que huye de la saturación comercial y apuesta por el producto auténtico y de calidad. «Actualmente ofrecemos 22 sabores; preferimos no tener una carta enorme, sino una selección cuidada de sabores que realmente funcionan y representan nuestra idea de bubble tea», explica Josephine. Esta filosofía se traduce en propuestas como el granizado de paraguaya o las infusiones de castaña y jengibre, opciones que han logrado fidelizar a un público que trasciende generaciones.

Según la propietaria, la respuesta de los coruñeses ha superado cualquier expectativa de las que se había imaginado. «Mucha gente ni siquiera vive en A Coruña; algunos conducen más de una hora desde otras ciudades solo para venir a comprar unos bubble teas. Eso de verdad nos emociona muchísimo», concluye.  

Recetas originales

Tea & Nature, en Ourense.
Tea & Nature, en Ourense. Santi M. Amil

El bubble tea o té de burbujas se ha convertido en una auténtica fiebre en Ourense, y gran parte del mérito lo tienen las hermanas Zuraima y Yumaira Martínez, responsables del salón de té Tea & Nature. Pioneras en la capital, introdujeron esta bebida hace unos cinco años, después de que Yumaira viajara a lugares como Singapur, China y Tokio para conseguir las recetas originales y contactar con los proveedores asiáticos. Desde entonces, el éxito de la bebida en su local ha sido rotundo.

Dentro de su amplia oferta, el rey indiscutible es el taro, el más pedido por los clientes gracias a su peculiar y dulce sabor que recuerda a las galletas. Sin embargo, las opciones para personalizar la bebida son muchas. Cuentan con tés de frutas elaborados con base de jazmín, tés con base de leche a elección del consumidor e, incluso, una versión de café pensada para quienes no son tan aficionados al té. Además, han pensado en los más pequeños, ofreciendo opciones sin teína de sabores como coco o fresa para que los niños también puedan disfrutarlo sin alterar su sueño.

El verdadero secreto de esta bebida —tan refrescante como atractiva a la vista por sus vivos colores— reside en el contraste de texturas que provoca en la boca. Los clientes pueden elegir entre las esferificaciones de fruta hechas con agar-agar (una gelatina vegetal), que explotan al morderlas liberando un sabor diferente al de la propia bebida, o las tradicionales perlas de tapioca, que aportan una textura parecida a la de una gominola bañada en sirope de caramelo o azúcar moreno. «Las tardes son el momento preferido para esta bebida; es habitual ver a grupos de amigos que lo piden para llevar y dar un paseo, o a clientes que prefieren sentarse a charlar mientras saborean su bubble tea», cuenta Zumaira.