Guille, el profe que enseña a sus alumnos con música: «Ahora me piden que haga canciones con los artículos de la Constitución»

YES

Guille es profe de primaria y autor de «Antonio, antónimo»
Guille es profe de primaria y autor de «Antonio, antónimo» -

La letra con música entra. Este docente de primaria usa su guitarra y se inventa temas pegadizos para que los niños se aprendan la lección. Algunos, como el de los antónimos o las mayúsculas, ya son virales en redes. «Voy a intentar subirlos a Spotify para que la gente pueda cantarlas en el coche», confiesa

27 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace unos días se coló en las redes una canción superpegadiza que dice así: «Tengo un tío que se llama Antonio y cuando le veo me responde lo contrario. Antonio, antónimo...». ¿El autor? Guillermo Duque, más conocido como @guilleproff. «Lo primero, gracias por contar conmigo. Lo segundo, me va a dar algo. Me estoy yendo del colegio con la guitarra a cuestas a TeleMadrid, y de ahí me voy a La 2. Si cojo el móvil y te respondo ya es un milagro, porque creo que tengo hasta familia a la que aún no le he contestado. Y todo en una semana, ¡que yo soy profesor!», dice con humor en un audio previo a la entrevista. Lo que está claro es que, en su caso, el algoritmo le hizo un poquito el lío. «Coge fama y échate a dormir», le respondo. «Prefiero dormir, créeme. Lo mío es la docencia», escribe él. Aun así, Guille consigue cuadrar un ratito en su agenda para charlar telefónicamente.

A cualquiera le hubiera gustado aprenderse la lección de clase con una base musical y unas estrofas de esas que se te incrustan en el cerebro y no puedes parar de cantar, como el estribillo de Nochentera de Vicco o el de Superestrella de Aitana. Este profesor de primaria tuvo la gran idea de enseñarles así a sus alumnos poco antes de comenzar con la docencia. Así nació el «reguetón educativo». «Antes de dar clase en el cole, yo trabajaba como monitor del comedor, vigilando el patio... Creo que todos los profesores empezamos así. Lo que vi allí es que los alumnos cantaban canciones que no tenían una letra acorde a su edad. Ahí es cuando decidí hacerlas y empezar a cantar en el aula», explica.

Saber los números pares e impares o cómo utilizar las mayúsculas son algunas de las temáticas de las canciones que compone con su inseparable guitarra. «Duran poco tiempo y las hago antes de lo que vaya a dar. ¿Que tocan los antónimos? Bueno, pues hago una sobre estos. Tardo tres minutitos para hacerla y luego enseguida se la aprenden y van cantándola por el colegio o incluso en la fila», afirma. Por su parte, todo es vocación. «No solo hago canciones, también hago la locura en clase. A veces, si hay que subirse a una mesa para captar la atención de los alumnos, pues uno se sube. Al estilo de: “Oh, capitán, mi capitán”. Esta semana, por ejemplo, hemos comido con palillos chinos porque ha sido el Año Nuevo chino, hemos plantado ajos en el cole... Hacemos mil cosas, pero, el objetivo es que siempre vengan felices a clase», añade.

«Me gusta enseñar»

Guille siempre tuvo claro que quería estudiar Magisterio. «Tengo la mención en Pedagogía Terapéutica para trabajar con niños con dificultades y además tengo la DECA —Declaración Eclesiástica de Competencia Académica— para ser profe de Religión. Recuerdo en la universidad que otros compañeros decían que lo estudiaban porque les gustaban los niños. A mí también, pero lo que más me gusta es enseñar. Mi objetivo es que mis alumnos salgan del colegio aprendiendo. Una niña que no lee, llega el segundo trimestre y ya está leyendo es lo que realmente me llena», indica.

Sin embargo, sus métodos como alumno cuando estaba en el instituto no contaban con melodía. «Cuando estudiaba hacía dibujos, cada uno tiene sus reglas mnemotécnicas. Es una supervivencia en la que tienes que tirar para adelante», explica. Por eso también es partidario de evitar, dentro de lo posible, la memorización del contenido. «Primero hay que entenderlo. A mí, por ejemplo, se me daba fatal Historia en bachillerato y eso que me encantaba. Escuchaba al profesor y me embelesaba. Pero luego llegaba el examen y tenía un 4,5, un 4,8... El profesor era consciente de que yo lo sabía, pero que no lo ponía en el examen. Al final, a lo mejor me ayudó a memorizar. Soy partidario de hacerlo, pero con cabeza», puntualiza.

Por eso, pone el ejemplo de que debería existir una balanza. «Se puede hacer para aprender una obra de teatro o para recitar un poema. Es cierto que, como está planteada la educación en España, estamos obligados a que los niños hagan exámenes de memorizar. Después llegan a la PAU —Prueba de Acceso a la Universidad— y tienen que soltar el tocho de la Historia de España o de Filosofía, pero luego nos piden que no memoricen. Los evaluamos durante el curso por muchas competencias, pero luego hay un único examen que no las evalúa todas» , añade.

«Antonio, Antónimo»

La vida en redes de Guille es por entretenimiento, y, sobre todo, para intentar ayudar. «Siempre subo mis canciones a TikTok, Instagram y YouTube para el que lo necesite. Esa ha sido la finalidad. Ya sabes que las redes sociales van muy rápido y ahora mismo te piden que repitas la misma canción veinte veces porque estás ahí. Hoy eres tendencia y mañana no», afirma. Con lo que no contaba es con que artistas como Lola Índigo, Xuso Jones o incluso cuentas como la de Disney+ España utilizasen su último hit para crear contenido. «El de Antonio Antónimo me va a costar la vida», dice entre risas.

Abierta la veda y después de que llegara la segunda parte con Simón Sinónimo, Guille no para de recibir peticiones para nuevas composiciones tanto en comentarios como por mensajes. «Me las piden de los artículos de la Constitución, de los temas de la oposición... Una seguidora me escribió: “¿Podrías escribirle una canción a mi novio que tiene 27 años y no sabe la diferencia entre hay, ahí y ay?”. Esos comentarios me hacen mucha gracia. También las están versionando con otras canciones así más de discoteca, haciendo sus propios remix. Ahora estoy hablando con el chico que me graba las canciones para ver si se pueden subir a Spotify y que la gente pueda cantarlas en el coche. Pero claro, eso es trabajo, tiempo y dinero», confiesa.

¿Y realmente funciona introducir la música para el aprendizaje? Con los alumnos de su curso está claro que sí, pero fuera de las fronteras del aula también hay quien aprovecha este método y le resulta útil. «En TikTok me salió una vez una chica que, gracias a las canciones de Videoprof, aprobó Historia de España en selectividad. Luego me encontré a otra en una tienda y me dijo: “Oye, yo te conozco. Gracias a ti aprobé selectividad”. Era la primera vez que alguien me reconocía así, porque yo, al final, suelto las canciones y a quien le llegan le llegan y, si no, pues nada. Fue gratificante porque no es algo que lo haga a cambio de nada. Yo doy a la sociedad, al mundo educativo», cuenta.

Redes sociales y niños

Como profe, Guille también es consciente de los problemas que pueden generar ciertas plataformas. ¿Y qué opina de la prohibición del uso de redes sociales para menores de 16 años? «Lo primero de todo es: ¿qué hace un niño con un móvil? Lo segundo: ¿dónde están papá y mamá? Porque papá y mamá deberían saber que eso no es adecuado para su hijo o hija. Si consumes TikTok sabes lo que hay y sabes que tus hijos pueden ver cosas que no son propias para su edad. Imagínate que el niño o la niña ya tiene móvil porque ya sale. Si se hace un TikTok, que se lo ponga privado y exista un control parental», explica.

Esto no le resulta lejano, es algo que ve en el día a día en el colegio y por lo que insiste en el valor de la privacidad. «Ves que están en tercero de primaria haciendo scroll —deslizar los vídeos— en TikTok. Les digo: “Justo al fondo del cole hay una iglesia en la que sale el nombre. Si alguien lo busca en Google Maps puede saber hasta el horario del centro, porque seguramente estará en la página del colegio. Os esperan a la salida y ya está”. Quien quiere hacer el mal, lo tiene muy fácil. Entonces, es mejor ponerlo privado. Es importante que los padres sepan a quiénes siguen sus hijos y a quiénes no», dice. Y hace hincapié en los referentes actuales. «Ves unos estereotipos de influencers que a lo mejor crean complejos a estos niños y niñas. A una niña en sexto de primaria no le hace falta maquillaje», añade. Lo que desde luego no hace falta recalcar es el amor con el que habla de sus alumnos. No todos tienen la suerte de que su profe se curre tanto las clases.