Cuatro españolas participan de un liderazgo femenino y global en Tanzania: «Las africanas tienen una fuerza ancestral, su maternidad es muy diferente a la nuestra»
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La ingeniera viguesa Beatriz Casares es una de las 57 mujeres de 17 nacionalidades que participan en esta iniciativa para cambiar las estructuras de poder en el mundo. «En las madres africanas no hay resignación. Su fuerza es ancestral. Cuando las ves, piensas ''cómo nos hemos inventado este mundo''», piensan
23 feb 2026 . Actualizado a las 22:36 h.«Esto es África». Fue una de las frases que más oyó el equipo de 57 mujeres que participaron en el primer foro de liderazgo femenino global celebrado en Tanzania a finales del 2025. «Estad preparadas para cortes de luz, para que no haya wifi, y mucho cuidado con el agua...», explica que les decían, ya a su llegada al aeropuerto internacional del Kilimanjaro, la investigadora oceanográfica Elena Ceballos. Esta sevillana, que lleva siempre consigo el eslogan «sin azul no hay verde», es una de esas 57 mujeres de 17 nacionalidades que han participado en esta aventura para plantarse ante el cambio climático y visibilizar el valor de los cuidados impulsada por el programa Homeward Bound, de Acciona.
«Es un programa de liderazgo para mujeres y personas no binarias. Consistió, en esta edición, en una formación online de un año y una cumbre de dos semanas en África para conocernos y explorar todo el mundo que ofrece Tanzania en diversidad, multiculturalidad, y todo el reino animal, increíble, del país», contextualiza Elena.
En el país del Serengueti, una de las grandes reservas de biodiversidad del planeta, se ha reforzado esta piña de mujeres que apuestan por «un liderazgo alternativo, horizontal, diverso, más centrado en lo social».
Salir de la comodidad salvaje del mundo hiperdesarrollado fue un desafío para ellas. «Esta es una experiencia que te pone en tu sitio», asegura Elena.
A Elena Ceballos la han acompañado otras españolas, como Ana Gómez, de Ciencias Sociales; Mercedes Martín, de meteorología, y la ingeniera de Vigo, afincada desde hace siete años en Glasgow, Beatriz Casares. «Yo siempre digo que soy de la Escocia de España», sonríe en un guiño a Galicia esta ingeniera árbitra de rugbi, de las pocas que hay. «La única diferencia es que en Galicia hay verano de verdad y en Escocia no», dice, pero esa ausencia de sol se compensa con el campo de investigación y laboral que ofrece en Escocia el sector de las energías renovables y la economía circular.
La salmantina Ana Gómez de Castro, que lleva 20 años viviendo en Madrid y es directora de impacto social de la multinacional Live Nation, además profesora e investigadora en la Universidad Rey Juan Carlos, encontró esta iniciativa de liderazgo alternativo buscando por internet y no dudó. «El liderazgo ejercido por mujeres es totalmente diferente. Las mujeres somos más de tener ese sentimiento de comunidad. Eso se aplica a cómo nos relacionamos y a saber parar, ver lo que están haciendo los demás y escuchar. Yo, que trabajo en la música, un sector copado por hombres, lo veo. Veo que el día a día impide a muchas mujeres llegar a las posiciones de liderazgo», sostiene Ana. «Y al final defendemos que este tipo de liderazgo sea no solo femenino, que sea un liderazgo mainstream, que traiga a los hombres a liderar también desde la compasión, y entender que el valor de estar unidos está por encima del éxito individual. Con los roles de género y toda esa economía de los cuidados que pesa en nuestros hombros, las mujeres somos más conscientes de todo esto», suma Beatriz.
LO MEJOR DE ÁFRICA
En Tanzania constataron esta forma de ver la realidad. Y, entre otras cosas, repararon en que en el mundo animal no existe, por ejemplo, una única forma de ser madre. «Cada especie cuida como lo necesita su cría, según su entorno, sus riesgos. Las elefantas crían en comunidad. Las madres no están solas: las abuelas, tías y hermanas acompañan, enseñan y sostienen», comparte Elena, que desmonta el filme El rey león. «¡Que levante la mano quien haya visto la peli: ¡debería ser la Reina Leona! En la vida real, las manadas de leones son matriarcales: las leonas cazan y cuidan a los cachorros, mientras los machos defienden el territorio. El león es un símbolo cultural de fuerza y nobleza, pero el verdadera liderazgo lo ejercen las leonas», dice.
Las 57 «leonas» de este foro volaron, en su mayoría, al aeropuerto del Kilimanjaro, estuvieron en Arusha y de ahí viajaron a Karatu, puerta a algunas de las maravillas naturales del mundo. De Karatu pusieron rumbo al cráter del Ngorongoro (el más grande del planeta generado por actividad volcánica) y al parque del Serengueti.
África sigue siendo una gran desconocida, coinciden ellas. «Y una gran olvidada», señala Elena Ceballos. Y eso que es la cuna de la humanidad.
¿Lo mejor de África? «Hay una conexión con la tierra. Notas la energía que tira de ti hacia dentro», cuenta Ana. «Lo mejor son las personas —suma Elena—. Las compañeras, y la gente de allí, los que organizaban los safaris; esa sabiduría que tienen de observar a diario la naturaleza, los animales».
Las africanas tienen un liderazgo particular, «de dentro», observan. «Ellas, como todas, lideran hasta donde nos dejan los hombres. Pero sí he tenido la impresión de que las africanas tienen un liderazgo poderoso, ancestral, que les viene de dentro. Me explico: en ellas no hay resignación. Ese es su lugar y lo cuidan. Tienen una fuerza salvaje, un poder que les viene de la relación con la tierra, con la comunidad, y de preservar lo que sostiene la vida, lo natural que les rodea», despliega Elena.
La maternidad tiene la ferocidad de los colores de África. Allí el grupo convivió con masáis y participó en talleres sobre su cocina, artesanía y medicina. «El de medicina estuvo centrado en la maternidad. En el embarazo, ellas quieren, por ejemplo, que el bebé sea lo más pequeño posible. Piensan sobre todo en el parto, en que si el bebé viene de nalgas el parto sea sencillo. Y cuando el bebé nace, su misión es tratar de ponerlo lo más fuerte posible enseguida. Su maternidad es completamente opuesta a la nuestra, sabiduría ancestral, corporal. Al verlas piensas: ‘‘¡Cómo nos hemos inventado este mundo!’’».
Es ilustrativo «el respeto que hay entre esas mujeres y hacia los animales (salvajes y domésticos). Verlo te hace replantearte cosas, tener conciencia del tiempo. Aquí no tenemos tiempo de pensar lo importante», dice Ana.
¿Algo que ver la vida en esas comunidades de Tanzania con las aldeas gallegas? «Es algo que pensé —responde Beatriz—... ¿Hace falta viajar tan lejos? No. Esos valores de África es algo que puedes ver no solo en una aldea de Galicia, sino en otros sitios de la España rural, ese valor de la comunidad».
Con estupor constataron que tenían algo en común con las mujeres africanas, «especialmente con las que han ido a la universidad». «Hablando de barreras, te ves reflejada. Por ejemplo, en temas de pareja. Ellas quieren hombres que aún no existen y los hombres quieres mujeres que ya no existen», comparte Elena dando eco a una frase del psicólogo Antoni Bolinches.
A las tres les «explotó la cabeza». «Piensas al verlos a ellos, y sobre todo a ellas, ‘‘¡qué poco hago!’’, cuando oyes la historia de alguien que tiene que hacer 20 kilómetros andando cada día para ir a la universidad».
¿Qué es la pobreza?, repensó Beatriz. «La pobreza es falta de libertad, es no tener opción, ya sea de viajar o de comprar un cerdo», se dijo con los pies en el Serengueti y la cabeza en otras formar de vivir. «Lo primero es la curiosidad. Tener curiosidad ante lo que es diferente —invita la viguesa apasionada del rugbi— y cuestionar y cambiar un sistema que devalúa lo más importante, el cuidado».