Lucía Cuadrado, 26 años: «Me casé a los 23, en sexto de Medicina, e hice el mir embarazada»

Candela Montero Río
CANDELA MONTERO RÍO REDACCIÓN / LA VOZ

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Lucía y Brais junto a su hijo, Diego.
Lucía y Brais junto a su hijo, Diego. M.MORALEJO

Nunca habían vivido juntos antes del matrimonio y, aunque su objetivo nunca fue pasar por el altar siendo jóvenes, esta pareja de médicos no se arrepiente

16 feb 2026 . Actualizado a las 12:53 h.

Los últimos tres años han sido de todo menos tranquilos para Lucía Cuadrado (Ferrol, 1999) y Brais Pérez (O Porriño, 1997). En especial para Lucía: terminó la carrera de Medicina, hizo el mir, empezó a trabajar, se casó y fue madre. Tres años que le dieron para mucho.

Brais y Lucía se conocieron en el 2018, cuando ella tenía 18 años y él 20, y se casaron en febrero del 2023. Ella tenía 23 y él 26. Los presentó una amiga en común cuando ella iba a empezar Medicina, la carrera que él estaba estudiando: «La idea era que conociese a alguien en Santiago que, además, me pudiese orientar en el grado», recuerda Lucía. La joven añade que, en ese momento, malditas las ganas que tenía de hacerse su amiga. «A mí no me apetecía en absoluto quedar con él, porque no lo conocía de nada, pero al final acepté», confiesa. Reconoce que lo último que esperaba era que el chico con el que tuvo esa especie de «cita a ciegas» terminase siendo su marido.

Se casaron cuando llevaban cinco años de relación, aunque aseguran que nunca fue su idea pasar por el altar a una edad determinada: «En ningún momento nos planteamos casarnos jóvenes o casarnos más tarde como tal», dice Brais. El objetivo, coinciden, era el matrimonio: «La clave no eran los años que teníamos, sino que lo que ambos sabíamos, cada uno por su cuenta, era que lo que queríamos era casarnos cuando apareciese la persona adecuada y nos viéramos preparados», argumenta Brais.

A pesar de ser la más joven de los dos, Lucía asegura que nunca tuvo dudas a la hora de pasar por el altar con Brais. Él, en cambio, reconoce que el proceso de tomar la decisión fue más complicado en su caso: «Me pasó como creo que nos pasa a muchos hombres de mi generación, que me asustaba de alguna manera el compromiso y me costó un poco más que a ella dar el paso», reconoce.

A pesar de esas dudas, finalmente, fue él quien hincó rodilla. Le pidió matrimonio a Lucía en un viaje a las islas Cíes el día antes de su cumpleaños. Aunque ella ya tenía sus sospechas. Recuerda que se pasó «todo el curso esperando por ese momento», porque ya llevaban algún tiempo comentándolo. «Siempre me arreglaba mucho para quedar con él por si ese era el día», cuenta ahora Lucía, medio en broma, medio en serio.

La pedida tuvo lugar en una playa de las islas en la que, «después de mucho caminar», consiguieron estar a solas. «Me preguntó si quería pasar el resto de mis días con él y me pareció muy bonito, porque así es exactamente como yo entiendo el matrimonio», relata Lucía. No hubo ni la más mínima duda y le dijo que sí al momento. Y así fue como la fiesta de cumpleaños que tenían planeada con todos sus amigos se convirtió, de repente, en una celebración también de su compromiso.

Lucía y Brais el día de su boda
Lucía y Brais el día de su boda

En su entorno, la noticia generó reacciones de todo tipo y recuerdan que la mayoría de sus allegados se debatían entre el entusiasmo y la sorpresa. «Algunos de mis amigos se alegraron mucho y otros no se lo esperaban, pero, al final, a todos termino haciéndoles mucha ilusión», recuerda Lucía. «¿A quién no le anima una boda?», se pregunta Brais, entre risas.

En su caso, el matrimonio sí que supuso un cambio radical en su día a día, entre otras cosas, porque hasta ese momento nunca habían vivido juntos. «Cambió totalmente el planteamiento de nuestra relación», coinciden en decir. Lucía explica que, antes de casarse, eran «dos personas independientes que hacían su vida y lo pasaban bien». «En el momento en el que nos casamos pasamos a tener un proyecto de vida común. Ahora contamos para todo con el otro, compartimos todo», argumenta.

Recuerdan que «la etapa de novios» la utilizaron para «mejorar la comunicación» y conocerse bien: «Quisimos hablar de temas que nos parecía importantes conocer del otro, como nuestros valores, prioridades e ideales», dice ella. «En esa etapa nos lo pasamos muy bien, pero no empezamos a convivir hasta que nos casamos, y eso cambia radicalmente», explica Lucía.

Aunque insisten en que su objetivo «nunca fue casarse a una edad concreta, sino el matrimonio como tal», después de tres años, creen que hacerlo a una edad temprana tiene ciertas ventajas. «Pasas por más etapas de la vida juntos y creo que eso ayuda a conocerse mejor», argumenta Brais.

Por eso, la valoración que hacen de esos tres años casados es positiva. «El balance es muy bueno», resume Lucía. El discurso lo completa Brais: «Siempre hay sufrimiento y dificultades, pero sabes que el otro va a estar ahí siempre y eso lo cambia todo», deja claro. «Yo lo recomiendo». Y Lucía asiente.

La maternidad, con el mir

Ahora, esta pareja vive en O Porriño, aunque pronto planean mudarse a Vigo. Hoy ella tiene 26 años y él 28 y ambos trabajan como médicos residentes en el hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo. Lucía está en neumología y Brais en oncología.

Y justo cuando llevaban menos de un año casados, celebraron la paternidad y la maternidad. Su hijo Diego, que ahora tiene 15 meses, nació en septiembre del 2024. La noticia les sorprendió cuando menos se lo esperaban. Lucía estaba a punto de enfrentarse a uno de los exámenes más importantes de su carrera cuando lo supo. «Me enteré de que estaba esperando un hijo una semana antes de hacer el mir», recuerda. Y no le quedó otra que sentarse en la silla del examen embarazada de aproximadamente un mes. De dónde sacó la concentración necesaria para hacer la prueba es algo que todavía se pregunta hoy en día. Pero al final lo consiguió.

Después de ese trago, llegaron las emociones positivas. «Fue bastante inesperado, pero nos lo tomamos con mucha alegría», recuerdan los dos. Lucía se incorporó a su puesto de trabajo embarazada. Empezó en agosto y al poco tiempo cambió la neumología por la sala de partos: su hijo nació en septiembre.

Aunque fue algo inesperado, ahora Lucía y Brais se alegran de ser padres jóvenes. «Tienes hijos en un momento vital en el que cuentas con más energía», explica Brais. La edad de los abuelos también creen que es un punto a favor. «Pueden disfrutar más y mejor de sus nietos», alega Lucía. «Nuestros padres, por ejemplo, están como locos con Diego», añade él.

Ahora tienen un bebé de poco más de un año que está «enredando» todo el día y cuya voz se escucha de fondo durante toda la entrevista, pero que no cambiarían por nada del mundo. «Es lo mejor que hemos hecho como matrimonio», dejan claro. «Nos convirtió en mejores personas, nos ha hecho madurar y estar más unidos», concluyen ambos.