Pilar Castro, actriz: «No sé si ahora hay miedo al compromiso, lo que no hay es tiempo»

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Carlos Villarejo

Admite no buscarse nunca en Google y ser fan de pasar desapercibida. Ahora la actriz estrena la tercera entrega de la saga poliamorosa «El otro lado de la cama» para dar vida de nuevo a Carlota. «Me da igual encasillarme si eso significa trabajar mucho», confiesa

14 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Si pensamos en Pilar Castro (Madrid, 1970) es inevitable que se nos vengan a la mente sus ojos azules y su melena rubia. Pero también sus apariciones televisivas en series como Cuestión de Sexo y Vivir sin permiso o películas como Julieta y Ventajas de viajar en tren. Ahora, la actriz regresa con Todos los lados de la cama, la tercera entrega de la saga musical y poliamorosa que conquistó a una generación.

 —¿Cómo ha sido el rodaje y el reencuentro?

—Todo muy bien. Aquí lo mejor es cómo han introducido a los jóvenes, que para nosotros ha sido un elemento nuevo. Recibirlos fue muy placentero, porque siempre es como aire fresco. Yo estoy muy contenta, sobre todo con la que hace de mi hija, Lucía Caraballo. Tuvimos muchísima química y me encantó ser su madre [risas].

—Los que vieron las dos anteriores películas ya serán padres. Ahora verán esta con sus hijos...

—¡Claro! Esto va a pasar mucho y creo que les van a dar ganas de verlas.

—Allá por los 2000, la saga ya era bastante liberal...

—De hecho, esta película va un poco a la contra, porque lo que cuenta es que somos mucho más liberales los padres que los hijos. Ellos quieren ser más conservadores por eso les decimos: «Espérate, porque te vas a perder la vida».

—Refréscanos, ¿quién es Carlota?

—Carlota es una mujer que aparece en la vida de estos señores para meterles en un lío, pero sin quererlo. Es una mujer libre y ya de joven era una gran empoderada y una adelantada a su tiempo, pero cuando se convierte en madre tiene ese sentimiento de miedo y de necesidad de control hacia su hija. Esto es algo de lo que te das cuenta cuando eres madre de verdad. Lo que quieres es que no cometan errores, pero lo que hay que hacer es dejarles que los cometan.

—Porque una madre como Carlota hace todo lo posible para que su hija sea feliz, pero a su vez también hace todo lo que sea para que haga lo correcto...

—Bueno, lo que ella crea que es correcto. Y lo que yo creo que hay que intentar hacer es dejar que los hijos se equivoquen aunque es lo que más nos cuesta a los padres. Es un instinto muy animal, muy de protección. El no querer que sufra y la vida es puro sufrimiento.

«Hay que dejar que los hijos se equivoquen aunque sea lo que más nos cueste a los padres»

—Además, tú tienes un hijo adolescente...

—Sí... ¡Sé de lo que hablo! [risas].

—¿Qué le diría la Carlota de ahora a la de hace 20 años?

—Disfruta todavía más y no tengas hijos [risas]. Le diría que aproveche el tiempo, que aprenda. Creo que la Carlota anterior era una mujer que disfrutaba de la vida, que no sufría mucho. Más bien la de antes le diría a la de ahora: «Relájate».

—En una sociedad de relaciones líquidas, ¿crees que hay miedo al compromiso?

—Pues no lo sé, porque como ahora mismo dicen que se está volviendo para atrás y que los jóvenes son más conservadores… No sé si hay miedo al compromiso. Lo que creo es que no hay tiempo. Más que miedo, no hay tiempo para el compromiso, que es diferente.

—Tampoco hay tantas etiquetas, ¿no?

—En nuestra época igual teníamos demasiadas, pero por eso en El otro lado de la cama no las había. La película siempre fue como muy moderna, porque ya en esa época experimentábamos todos con todos. No sé si eso es llamarlo modernidad, porque en los años ochenta se ha hecho mucho eso. Quizás es que estuviéramos adelantados a nuestro tiempo, aunque ahora creo que hay como más libertad expuesta con las redes sociales. Pero a veces también hay más miedos. El problema es que actualmente todo el mundo quiere destacar en algo y esa dificultad de destacar hace que no sepas dónde hacerlo.

«El problema es que actualmente todo el mundo quiere destacar en algo y esa dificultad de destacar hace que no sepas dónde hacerlo»

—Con Ernesto Alterio ya has coincidido bastantes veces y se nota la química que tenéis, ¿cómo es trabajar con él?

—Ernesto y yo nos conocemos desde hace muchos años. Compartimos el mismo sentido del humor y trabajamos muy parecido. Al conocernos tan bien y, además, tener hijos adolescentes, sabemos muy bien de lo que hablamos. Lo bueno es que tenemos mucha química y es un placer trabajar con él.

—¿Has podido aguantar la risa en el rodaje?

—Cuando me da no la puedo aguantar, me cuesta. Pero me ayuda mucho a aflojar, porque mi risa tiene que ver con nervios casi siempre. La risa me ha salvado de muchas cosas, creo que es imprescindible. ¿Sabes con quién me cuesta mucho controlarla? Con Secun de la Rosa. Cada vez que habla me muero, porque además un actor cuando hace comedia se lo tiene que tomar todo muy en serio.

—¿Eres de poner humor en tu día a día?

— A mí me ha salvado eso. Cuando uno se ríe es como que afloja y la vida parece que cobra sentido.

«La risa me ha salvado. Cuando uno se ríe es como que afloja y la vida parece que cobra sentido»

—Ahora has hecho de madre. ¿Te da miedo encasillarte en un tipo de personaje?

—Hombre, si me encasillan en madre y no en abuela, yo me quedo feliz [risas]. También te digo que creo que soy una actriz que intenta arriesgarse, porque mi físico es muy de encasillarme. Siempre he intentado hacer diferentes papeles, entonces no me da miedo. Además, si eso significa trabajar mucho, me da igual encasillarme.

—Eres fan de Liza Minnelli, ¿te gusta el género musical?

—Me encanta. Mi película favorita es Cabaret, me gusta mucho bailar. Adoro los musicales y lo he heredado de mi padre. Incluso, después, mi hijo ha hecho que me volviese a enamorar de lo musical. Para mí tuvo bastante importancia en mi vida porque empecé bailando y eso me ayudó en todos los sentidos para mi trabajo como actriz.

—Entonces, si te proponen ser Liza Minnelli en una nueva película, ¿dirías que sí?

—Me gustaría, pero no tengo voz. ¡Solo sé bailar! [Risas].

—¿Qué canción es la que más te gusta de la banda sonora de «Todos los lados de la cama»?

La reina del pop.

—¿Eres de las que se busca en Google?

—No, no, no me gusta ni verme, ni buscarme, ni exponerme, ni opinar. ¡Cada día menos! [Risas].

—¿Ni verte después en pantalla?

—No, me cuesta mucho, no me interesa. Me gusta hacerlas, pero después el trabajo ya está hecho. Luego ya te cortan, te pegan, te hacen el montaje… No hago las películas para verme, sino para que disfruten los demás.

—¿Te gusta pasar desapercibida?

—Cada vez más, sí. Me gusta hacer bien mi trabajo, que ya me expongo demasiado. Yo dejo la puerta abierta a quien quiera exponerse, a mí que me dejen en paz en mi casa.

—¿Tú solo a tu Instagram?

—Bueno, ni eso. Creo que son tiempos en los que hay que recogerse, escuchar más y ver la realidad interior. Pienso que hay que ser más analógico y no tan digital.

«Creo que son tiempos en los que hay que recogerse, escuchar más y ver la realidad interior. Hay que ser más analógico y no tan digital»

—¿Si te dieran a escoger un papel para un nuevo proyecto de qué te gustaría hacer?

—Me gustaría que de repente me saliera una voz maravillosa como la de Liza Minnelli para cantar. Y, si eso no fuera posible, me gustaría hacer comedia. Estoy haciendo ahora Las amistades peligrosas, que es muy complicada, y estoy muy contenta de hacerla con mucha dificultad. Lo paso muy mal en la dificultad de hacer los papeles, pero luego los disfruto.

—¿Eres muy exigente contigo misma?

—Sí lo soy, aunque intento serlo cada vez menos. Me gusta hacer las cosas bien, pero no hasta llegar al sufrimiento porque no me merece la pena.