El hostelero que se tatuó una bolsa de patatas Bonilla

A CORUÑA CIUDAD

ANGEL MANSO

«El hermano de mi abuela me daba una bolsa cada vez que me veía», comenta

18 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Un recuerdo y una pasión se convirtieron en un tatuaje. «El hermano de mi abuela me traía una bolsa pequeña de patatas Bonilla siempre que venía a nuestra casa. Y también pasé buenos momentos con la familia yendo a tomar chocolate con churros al local de la calle Real», comenta en Radio Voz Nicolás Doval, de 34 años. En su disco duro hay muchos minutos de vida en los que esta marca gallega está muy presente. Y tiene una pasión que no le cuesta nada confesar: «Soy un friki de la hostelería», sentencia. Por eso, decidió acudir a un estudio de tatuajes de nombre Loco Blow Tattoo Coruña y decirle a su amiga Inés que quería inmortalizar en su cuerpo una de aquellas bolsas de patatas que le regalaba su tío abuelo y que están tan presentes en centenares de bares. «Le llevé un par de fotos y también una bolsa para que se hiciese una idea. No es que tenga muchos tatuajes, unos diez u once, pero este quería que fuese especial», comenta mientras muestra su muslo derecho. «No está muy a la vista. Solo podrán ver mi bolsa de patatas en la playa, en la piscina o si voy con pantalón muy corto», apunta con buen humor Nico, como todos lo conocen. Cargado de recuerdos y de pasiones y con la idea clara se presentó en el estudio de tatuaje.

Detalle del tatuaje de la bolsa de patatas Bonilla
Detalle del tatuaje de la bolsa de patatas Bonilla ANGEL MANSO

TRES HORAS DE TRABAJO

Nico regenta un local, La Luisa, en el Orzán de A Coruña. Antiguamente fue El Fuente, uno de los históricos de la movida de la ciudad en otros tiempos, cuando apenas se hacían tatuajes. Tanto uno como otro nombre se deben al lugar donde está ubicado, la plaza Fuente Luisa. «De hecho, tengo también tatuada la cara de La Luisa», apunta Nico, que convirtió su cuerpo en una guía de la ciudad. Dice que se gastó entre 100 y 150 euros y que se pasó tres horas con Inés para dar forma a la bolsa. «No quise que fuese una lata porque prefería la bolsa, que se arruga», aclara. La especialista le comentó que era la primera vez que llevaba a cabo un trabajo así. «En A Coruña, hay gente que se tatúa la torre de Hércules, el escudo o algo relacionado con el Deportivo, y ahora también está de moda lo del skyline de la ciudad, pero yo quería algo diferente y vinculado a mis recuerdos y a mi sector». Además del pub, que sirve también como espacio para eventos, se dedica a organizar fiestas de jubilaciones, de aniversario y de lo que sea. Es un hombre nervioso que reconoce que no puede estar quieto. «Me levanto temprano y me pongo a funcionar. Voy a abrir un local de eventos en la calle Cordelería (en el centro de A Coruña) y un local de hostelería en O Temple, Cambre, que va a ser todo de madera. Soy carpintero de profesión y mis primeros trabajos fueron en este sector, pero hace unos años cogí un local con unos colegas y me enganché», reconoce. Fernando Bonilla, presidente de la empresa, dice estar encantado de que la firma que preside despierte tanto cariño entre los ciudadanos. «Es una idea muy buena», apunta. ¿Qué se tatuarían ustedes? Un bote de grelos de A Rosaleira, una botella de Estrella, una lata de alguna conserva gallega, su Rías Baixas favorito... Opciones hay muchas, solo hay que sentir la pasión de este hostelero gallego que se tatuó una bolsa como la que le regalaba su tío abuelo cuando era un niño.