Borja Vilaseca, experto en liderazgo: «De un mal jefe se puede aprender mucho»

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El experto en crecimiento personal Borja Vilaseca, que está poniendo en marcha el proyecto Terra.
El experto en crecimiento personal Borja Vilaseca, que está poniendo en marcha el proyecto Terra. Xavier Torres-Bacchetta

Tu ego puede ser un dictador, un crío caprichoso, apunta. Él inició el camino del autoconocimiento tras tocar fondo. «No vemos a los demás como son, los vemos como somos», afirma este experto en desarrollo personal al que siguen un millón de personas

06 feb 2022 . Actualizado a las 10:53 h.

Tocar fondo es una de las cosas «más importantes» que pueden sucederte en la vida, advierte el escritor Borja Vilaseca (Barcelona, 1981), que a los 19 años tocó fondo, llegó a pensar en quitarse la vida y abrazó la arrogancia como doctrina hasta que descubrió el eneagrama de la personalidad (según el cual hay nueve arquetipos y tú encajas en uno de ellos) en un convento de monjas. Su relato vital es parte de su libro Las casualidades no existen, en el que explica el sentido de su título y habla de una «pecera mental» que nos desconecta, señala, de lo que, en realidad, somos. Pero Vilaseca, al que siguen en Instagram anónimos y famosos como Rigoberta Bandini, Tania Llasera y Sara Carbonero, está con Mark Twain: «Es más fácil engañar a la gente que convencerles de que han sido engañados». El desafío es el desengaño. Nuestra mente «es una fábrica de creación compulsiva de historias ficticias e ilusorias», avisa. «Hay que salir de ese matrix mental».

Desde luego, es fácil verse reflejado en uno (o varios...) de los nueve eneatipos de la personalidad que apunta Vilaseca. Y, por supuesto, facílisimo encajar en uno o varios de estos a la pareja, los amigos y los compañeros de trabajo. Él le pone humor, y así el ego encaja mejor el golpe...

¿Qué pasa hoy, que se disparan las cifras de ansiedad y depresión a edades cada vez más tempranas? «Debido al tipo de educación que hemos recibido, al sistema educativo, no hemos recibido una educación emocional, no hemos recibido educación espiritual, que no tiene nada que ver con el condicionante religioso. En esta sociedad estamos cada vez más desarrollados material y tecnológicamente, y se está desarrollando en exceso el ego. A muy temprana edad, y cada vez más, estamos muy identificados con el ego, atrapados por creencias muy limitantes, enjaulados en nuestras mentes, en las que el protagonista es el yo. Todo es yo, yo, yo, yo... Vivimos un excesivo culto al ego, a mis necesidades, mis deseos, mis expectativas... Buscamos muchas cosas, hacemos muchas cosas, pero estamos cada vez más desconectados de lo que los sabios y los místicos llaman el ser esencial. Vivimos dormidos a lo esencial y nos perdemos fuera de nosotros mismos», afirma este referente en autoconocimiento, que dice con humor que su deporte favorito es el «estriptís emocional». Es un arte difícil...

—¿Esa desconexión motiva o agrava los trastornos mentales?

—Sí, caemos más en patologías, enfermedades, neurosis, que se manifiestan en ansiedad, estrés, depresión... Uno termina ahogándose en un mar de emociones, que se acaban convirtiendo en sentimientos y estados de ánimo. Puede acabar calcinado por la desdicha. Es el colmo del ego. Pero todo eso forma parte del camino...

—Hablas del ego como un dictador interno, como un crío caprichoso. Señalas que proliferan los adultos infantiles, conducidos por su egocentrismo, la infelicidad, el victimismo y la inconsciencia. Pero hay quien te dice que para ser feliz hay que ser egoísta... El ego está alimentado por toda una industria, ¿no?

—Totalmente. Vivimos en una sociedad profundamente egoica, neurótica. El ego es ese parásito psíquico que debemos reconocer. Estamos, muchas veces, completamente perdidos. Vivimos en la ignorancia, pero hay un punto del camino en el que uno puede parar y darse cuenta. Parar y decirse: «Hago lo que hago solamente pensando en mí, en mi ombligo». Y es un camino de infelicidad. La gran mayoría de nosotros estamos en un egoísmo egocéntrico, que causa muchísima desdicha, y se ve en muchos ámbitos...

—Se ve desde las tasas de divorcios hasta en la voracidad laboral... Conciliar la libertad y los intereses propios con el cuidado del grupo y el bienestar común es difícil. ¿Es posible?

—Sí. Lo primero es darnos cuenta de ese egoísmo egocéntrico y ponerle consciencia. Decirte: «Estoy hecho un lío, pero la solución está dentro de mí», en vez de victimizarme y culpar sistemáticamente a lo de fuera. Primero voy a conocerme, a ordenarme, a quererme. Esto es otra clase de egoísmo, consciente, necesario, el de pararte a pensar en ti.

—¿Hay un egoísmo bueno?

—Un egoísmo consciente. ¿Cómo voy a poder ser un buen padre, un buen jefe o un buen compañero si no me conozco, si estoy hecho un lío, si me siento mal? El autoconocimiento te ayuda a deshacer ese lío. Yo recomiendo empezar por el eneagrama, un gran punto de partida para empezar a conocerse. Cuando te conoces y te ordenas, continúa habiendo un egoísmo, pero es un egoísmo altruista. Llevo en esto desde los 19 años, después de un momento en que toqué fondo. No hay que tomarse todo lo que ocurre como algo personal. Si te paras a conocerte, llega un momento en que dejas de ahogarte en un vaso de agua para crecer con la mayoría de las cosas que te van ocurriendo. En este proceso de conocimiento, cuestionas las creencias religiosas y de otro tipo que te han marcado y empiezas a encontrar dentro lo que estabas buscando fuera. Esto cambia tu relación contigo y tu relación con tus hijos, con tu pareja... Ese despertar puede llevarte a preguntarte: «¿Qué pinto yo aquí? ¿Qué hago yo con esta pareja?». E igual decides divorciarte, pero es desde el cambio interior.

—No se trata de aguantarlo todo...

—No, claro. Se trata de tomar decisiones, pero no desde el «¡Ya no puedo más!», no desde esa emoción que nos ahoga, sino desde la serenidad. Si cambias de pareja sin hacer ese trabajo interior, algo seguirá fallando con las siguientes.

—¿La calidad de nuestras relaciones depende de nosotros?

—Tu relación con los demás es un reflejo de cómo te relacionas contigo misma. Claro que no hay que aguantarlo todo. A veces hay que romper con otro, pero desde un lugar sensato, sano, libre, no desde ese «No puedo más». No vemos a los demás como son, los vemos como somos nosotros.

—«Los pensamientos negativos son chupitos de cianuro», adviertes.

—La realidad es neutra. Pero estamos tan devorados por la mente que cada pensamiento negativo que tenemos nos lo creemos y al creérnoslo creamos una emoción. Son como chupitos de cianuro, sí. Y desde esa emoción seguimos pensando, envenenándonos... Es un círculo vicioso, una espiral que consume tu energía vital, que hace que te sientas cada vez más cansado. Por eso es importante meditar. Hay que vivir dándose cuenta. Así, los pensamientos se van calmando. El dolor te lleva a mirar hacia dentro, pero mucha gente no quiere, porque da miedo.

—¿Cómo nos movemos con acierto en el batiburrillo de la autoayuda?

—A raíz del malestar que vivimos surge la industria de la autoayuda, que se queda en la superficie. Es un negocio, una nueva religión, egoica. Otro cajón de sastre es el del autoconocimiento, la espiritualidad laica. Pero el ego puede corromperlo todo. La clave es notar cómo cada vez sufres menos, cómo vives más conectado contigo, cómo cada vez tiene todo más sentido y vivir es algo más liviano y más agradable.

—¿La felicidad es la ausencia de dolor, como decía Schopenhauer?

—Exacto, sí. Es un más calidad y menos cantidad. La vida se vuelve minimalista.

—¿Pero qué necesitas para vivir bien?

—Entender que lo importante es conocerse. Tengo pareja, hijos, trabajo... pero hay que encontrar la manera de dedicarse tiempo, de conocerse. Quien dice que no tiene tiempo es justo el que más lo necesita. Y a partir de aquí, hay que invertir en las lagunas que tiene el sistema educativo: la educación emocional y la educación espiritual laica.

—¿Qué es La Akademia?

—Un movimiento de educación emocional gratuita, que lidero, para adolescentes. Y estoy montando Terra. Tú y yo estamos en una generación de transición en la que hemos de formarnos, ser autodidactas. Es necesaria una transformación de los sistemas educativos. Ahora lo que viene es tocar fondo, colectivamente. Estamos llegando a la cúspide del ego. Luego despertaremos.

—¿Cómo se detecta a una persona infeliz en una serie de rasgos?

—Rasgos distintivos de una persona infeliz es que es egocéntrica, hace drama de todo, todo se lo toma como algo personal y crea conflictos habitualmente con otras personas. Es alguien instalado en el victimismo, totalmente tiranizado por sus pensamientos, en una cárcel mental. Esto influye mucho en los demás. Este tipo de personas, en un equipo, tienen un efecto dominó total. Lo tienen sobre los hijos, sobre los compañeros, sobre los empleados...

—¿Una sola persona infeliz puede generar tanto malestar colectivo?

—Sí, claro, pero, como digo en el libro, esas personas son maestros espirituales. Un mal jefe puede ser un maestro espiritual, se puede aprender mucho de este tipo de personas. Como que igual la raíz del conflicto está dentro de ti. El ego de las personas tóxicas despierta tu ego, lo que te molesta o desquicia de otro tiene que ver con un conflicto interior tuyo. De esas personas aprendes porque te descubren algo de ti, tu lado oscuro. Si eres muy impulsivo, si eres esclavo de tus reacciones emocionales, eres esclavo de tus circunstancias. No puedes cambiar al otro, pero sí puedes elegir cómo te tomas las cosas.