Aunque no te lo creas, el helado, el pulpo y el chuletón también te lo llevan a casa

No renuncies a nada, piensa qué se te antoja y descuelga el teléfono. Al otro lado de la línea, la carta es impresionante, va mucho más allá de pizzas o sushi. Así que no le pongas restricciones a tu paladar

CARLOS CRESPO

Quedarse en casa, y salir a lo imprescindible, la recomendación que ahora mismo tenemos sobre la mesa, no implica renunciar a todo. Obviamente nuestro ocio y disfrute se ve reducido a cuatro paredes, pero dentro de ellas también te puedes seguir dando algún que otro capricho sin poner los pies en la calle. Aunque hace tiempo que los tiros apuntaban hacia el servicio a domicilio, el año pasado las circunstancias convirtieron esta tendencia en un salvavidas. Muchos negocios, no solo pizzerías, hamburgueserías o locales de comida asiática, apostaron por acercar al cliente la comida a casa. Así es que a día de hoy no hay problema si te apetece comer pulpo y las pulpeiras están cerradas, porque en Vigo te lo llevan a casa. ¿Que echas de menos ese heladito con el que culminan muchos paseos en A Coruña? Da unas cuantas vueltas por el pasillo y tómatelo igual. En Ourense no se andan con chiquitas, por caprichos que no sea: hasta las mariscadas van sobre ruedas. Lo mismo sucede en Vilagarcía. Si se te antoja un buen chuletón, solo tienes que levantar el teléfono.

En A Coruña ni el frío polar de estos días puede con un heladito de la Colón. No se vende tanto como en verano, pero ya hace años que la temporada cada vez es más larga. «Cuando yo era pequeño la campaña era de San José, 19 de marzo, al día del Pilar, 12 de octubre. Mis padres ya la fueron ampliando, abriendo un poquito antes y cerrando un poco después, y abriendo en Navidades, que desde el primer año que abrimos fue un éxito. Ahora mismo, nos cogemos un mes y algo de vacaciones, entre el día de Reyes, este año aprovechamos el fin de semana, y los carnavales», explica Dani Reboredo, propietario de la céntrica heladería coruñesa. Sin embargo, para que nadie tenga que renunciar a sus exquisitas propuestas, incluso ahora que están cerrados, siguen ofreciendo el servicio a domicilio por un coste de tres euros un par de días a la semana, los martes y los viernes. «No es inmediato, no es llamar y me lo traen al momento como una pizza, sino que por ahora hacemos una salida al día, así que es mejor pensarlo con antelación, de un día para otro», apunta Dani, que todavía está ultimando este servicio, que él mismo puso en marcha con éxito durante el confinamiento. Reparten en A Coruña y su área metropolitana, porque tienen la suerte de que una de las empleadas puede hacer esa ruta de camino a casa. Aunque no hay un pedido mínimo, aconsejan pedir los formatos de medio o un litro, porque son los envases que están preparados para conservar mejor el helado. «Nosotros no tenemos problema de que se enfríe, sino todo lo contrario, de que se caliente. Lo preparamos en envases isotérmicos, y a su vez durante el transporte se introducen en otro. Con el volumen de venta que tenemos, hoy por hoy no hay ningún problema para que llegue perfecto», señala. Aunque lo disfrutes en casa no tienes que hacerlo con cuchara, los cucuruchos, barquillos o abanicos también están disponibles para llevar. ¿Y qué se lleva la gente? «Cuando es para llevar, la gente cambia de sabores, no porque no quiera arriesgar, sino porque el helado que te llevas para casa normalmente es para compartir y buscas sabores más clásicos: nata, vainilla, avellana... que igual no es tu favorito, pero te gusta», explica Dani.

UN PULPO SIEMPRE APETECE

Si tus antojos no son tanto de dulce como de salado, en Vigo tienes alternativa. Juan Manuel Pinto, un empresario de O Carballiño, la cuna del pulpo, se ha reinventado ante la pandemia y ha decidido ofrecer raciones de pulpo a domicilio ante la imposibilidad de poder hacerlo en las ferias que durante tantos años ha recorrido, en los cáterings que servía o en los negocios de hostelería donde solía instalar su puesto los fines de semana. El reto no es fácil, confiesa, pero se está empleando a fondo para que los vigueses reciban el producto en las mismas condiciones que si lo degustaran en los tres locales que ha puesto en marcha recientemente bajo el nombre Juan Manuel de O Carballiño. «Es mucho más gasto, y los clientes no están concienciados para este nuevo mundo, pero con un poquito de esfuerzo y un buen servicio se puede llevar a cabo. Lo trasladamos en unas fiambreras térmicas para que llegue caliente. Eso es lo más importante», asegura siendo consciente de que no es un producto fácil para el reparto a domicilio. «La tradición del pulpo á feira era sacarlo de la caldera, cortarlo en el plato delante del cliente y sentarse a degustarlo. Al no poder hacerlo, ofrecemos un servicio en el que el cliente se pierde todo ese proceso y llega como unas patatas fritas en una fiambrera», apunta alguien que con solo dos añitos prefería jugar con este cefalópodo a hacerlo con pelotas o con coches.

Aunque ha heredado la tradición y el negocio familiar, este profesional de la hostelería ha sabido adaptarse a los tiempos que corren. Apostó por abrir su primer local jugando con la ventaja de que no era desconocido para los vigueses. En los últimos meses, se han sumado dos nuevos y la idea de futuro pasa por franquiciarlo para que el proyecto pueda llegar a otros puntos de Galicia. Ofrecen la ración de pulpo a nueve euros, (el mismo precio que en el local), la de patatas -cocidas en la misma agua que el pulpo y con el mismo aderezo- a dos euros; y también la posibilidad de comprar una bolla de pan de Cea por cinco euros. No hay pedido mínimo, pero el transporte a casa (incluye de Vigo a Redondela y está disponible actualmente todos los días de 11 a 21 horas) supone un coste de tres euros.

UNA MARISCADA

Pingallo es ese típico restaurante que todo el mundo recomienda en Ourense. Tanto al turista despistado que pasea por el casco histórico de la ciudad, como al amigo que quiere sorprender a su pareja o al primo al que le toca organizar una comida familiar. Es la opción que siempre triunfa gracias a que su propuesta es 100 % tradición gallega. «Tenemos cocina tradicional, típica de Galicia y totalmente casera», resalta Alberto González. El marisco es el rey de su carta y con la llegada de la pandemia han decidido servirlo también para llevar y a domicilio. Centollas, cigalas, nécoras y camarones salen todos los días del Pingallo camino de las casas de los ourensanos.

Dicen sus clientes que lo mejor es la calidad -se trata de producto fresco que varía a diario- y la elaboración. «Lo preparamos hervido con su hojita de laurel y abundante sal. De la olla pasa a un embalaje especializado y de ahí directo a la casa del cliente», explica. Ellos mismos se encargan de llevar los envíos a domicilio y lo hacen de forma individual, con el fin de asegurar que la comida llega justo para servirse y degustarse en condiciones óptimas, igual que en el propio restaurante. Aunque Alberto abrió este local hace siete años en la rúa San Miguel, su familia lleva dedicada al sector de la restauración más de tres décadas y es algo que está muy presente en todas las elaboraciones.

«El marisco es, sin duda, tradición gastronómica gallega. Es un alimento con el que nos gusta celebrar pero que cada vez, y teniendo en cuenta las circunstancias actuales, lo tenemos más presente para darnos un capricho y disfrutar», afirma. Se vende al peso y su precio varía según la temporada. Dice Alberto que ahora cuesta más o menos la mitad del precio que alcanzó en Navidad: «Las centollas estaban a 75 euros y ahora salen a 45 el kilo».

No todo es marisco. También tienen pulpo y su empanada es una de las más codiciadas en Ourense. Son conocidos por sus pescados al horno, como el rodaballo o el bacalao, y por el jarrete estofado, una de las especialidades de la madre de Alberto. Todo lo llevan a casa, incluido el cocido gallego o el cordero asado, según la disponibilidad.

DELIVERY DE CHULETÓN

Antes, mucho antes de que conociéramos siquiera el palabro delivery, en los churrascos de toda la vida era común los domingos entregar bandejas y bandejas de churrasco «para levar». Eso a lo que ahora, petulantemente, le dicen take away. Era una oferta sencilla pero solvente y sustanciosa. En la cadena de parrilladas Milongas, con restaurantes en Vilagarcía, Bertamiráns, A Coruña, O Milladoiro y Vigo, han ido un paso más allá en la oferta de carnes servidas a domicilio o para recoger, y desde su carta de contingencia en tiempos de pandemia proponen el disfrute de un chuletón de ternera gallega o de vaca de, cuando menos, un kilo.

El chuletón se sella en la parrilla en el momento justo en el que llega el repartidor o el cliente que va a recogerlo. Después se corta para que los comensales acaben de hacerlo al punto que deseen en su casa, bien en una sartén o en una plancha. «Casi sin aceite, es suficiente con la grasa del propio chuletón», puntualiza Marcos Raimunde.

El chuletón llega al domicilio envasado en una caja térmica. Y aunque generalmente aún conservará algo de la temperatura del sellado «es conveniente darle un poco de calor para que se aprecie todo su sabor», nos dicen. El chuletón se despacha acompañado de patatas fritas, ensalada, un sobre de sal Maldon y un bote de salsa chimichurri.

Milongas tiene servicio a domicilio en sus parrilladas de Vilagarcía, A Coruña y Vigo. En Bertamiráns y O Milladoiro el cliente ha de recoger sus pedidos en el propio restaurante. En la actualidad, y sujeto a las restricciones de cada ayuntamiento, abre todos los mediodías -excepto martes, que cierra por descanso- y las noches de viernes y sábado. Además de los chuletones, su oferta a domicilio incluye también, en el apartado de carnes, una parrillada mixta de churrasco o croca de ternera. Y en pescados, bacalao a la portuguesa.

Detrás del proyecto Milongas, puesto en marcha en el 2016, está la familia Ribas Estévez, hijos de emigrantes gallegos nacidos en Argentina. De la mezcla de sus raíces y la pasión argentina por la carne nace esta cadena de restaurantes que, en sus propias palabras, no es sino «una adaptación moderna de las parrilladas de toda la vida».

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