Sadai, 30 años: «Cuando bajé de los 100 kilos me puse a llorar»

Como es pastelera en Habaziro para ella siempre fue fácil caer en la tentación, pero desde que tiene uso de razón tuvo sobrepeso y en el confinamiento llegó a alcanzar los 118 kilos. Desde junio ha bajado 23 y ya no se fatiga al caminar


Si Sadai ha podido adelgazar, cualquiera que esté a punto de iniciar una dieta ahora que arranca el año tiene que saber que lo tiene en su mano. Lo ejemplifica ella, que a sus 30 años cuenta que llevaba al menos unos diez sin bajar de los cien kilos. «Mido 1,73 y desde que tengo uso de razón he sufrido sobrepeso, creo que lo mínimo que llegué a ver en la báscula a lo largo de toda mi vida fueron los 70 kilos, pero después del confinamiento me desfasé y sentí que tenía que modificar mis hábitos porque estaba en 118», explica Sadai, que buscó ayuda en la nutricionista Ana Golpe, de Hipersalud, después de leer unos reportajes en esta misma revista. «Había ido muchas veces al endocrino, pero cada vez que me hablaban de pesar los alimentos para hacer dieta yo me venía abajo, entonces cayeron delante de mis ojos en el YES un par de historias de gente con obesidad que lo había conseguido y me puse a ello».

 «El secreto es ordenarse en las comidas y no saltarse ninguna»

Sadai no lo tenía nada fácil porque además es la jefa de pastelería en Habaziro, así que sus horarios le impedían seguir unas rutinas en las comidas y las tentaciones se multiplicaban a primera hora del día. «¿Tú sabes lo que es hacer esos cruasanes a las seis de la mañana y no poder darles un bocado?», dice entre suspiros Sadai que, de todas maneras, insiste en que a ella la dieta no le ha resultado nada difícil.

«NO ME QUITÓ EL PAN»

«Todo lo contrario. A mí si me privan de hacer una cosa, soy muy rebelde y me da por lo contrario. Por eso cuando empezaba las dietas y me iban quitando todo tipo de comidas, se me hacía imposible. Con Ana, en cambio, fueron todo facilidades, me dio una lista de diferentes menús que podía combinar sin restricciones de comida, e incluso en el desayuno me dejó tomar dos buenas rebanadas de pan con tomate y mi café con leche. Ahí dije: ‘¡Dios, qué maravilla!’. Lo que me quitó la nutricionista, pero es lógico, son los siete cafés con leche que yo habitualmente me tomaba a lo largo de la jornada. Aprendí a hacerme uno flojito, como de pota, y así pude ir saciando esa ansiedad».

Desde que inició la dieta, a principios de junio, ha bajado un total de 23 kilos desde los 118 que pesaba, pero su objetivo es intentar llegar a los 80-85. «Cuando bajé de los 100, buah, me puse a llorar, fue una emoción muy fuerte porque ahí te das cuenta de que todo tu esfuerzo ha merecido la pena, teniendo en cuenta, además, que yo jamás había sido capaz de conseguirlo», explica Sadai, que pone todo su empeño en dejar claro que su motivación jamás fue estética y que sin el apoyo de Ana Golpe no lo habría logrado. «Yo tenía la autoestima muy alta y no me decidí a hacerla por ponerme guapa y ese tipo de cosas; pero cuando salimos del confinamiento y me puse a caminar, yo daba dos pasos y ya me sentía fatigadísima, no podía conmigo. Así que fue una cuestión de salud», señala. ¿Cuál es el secreto para no desfallecer en ese intento de la dieta?, le pregunto con vistas a toda esa gente que ahora mismo estará pensando en quitarse unos kilos después de las Navidades. «Tienes que pegar un cambio de actitud, hay que mentalizarse y seguir unas rutinas. Lo fundamental es ser riguroso con los horarios y no saltarse ninguna comida», explica.

Ella, por su trabajo, duerme durante el día y se incorpora a la pastelería a las cuatro de la mañana, con ese desorden había días que comía, pero no cenaba, y muchos otros en que no desayunaba. Su nutricionista fue estricta en darle unas pautas para que su cuerpo se acostumbrase a ese nuevo ritmo. «Yo la única vez que dejé de bajar de peso fue ahora, en diciembre, que subí 200 gramos porque nos pilló la Navidad y al volver a trabajar mis horarios se fueron al traste, por eso ordenarse es fundamental; al final acostumbras a tu cuerpo a unos determinados hábitos y de pronto te das cuentas de que ya no necesitas comer todo aquello que comías. Las rutinas son muy importantes, si educas a tu cuerpo, bajas la ansiedad y ya termina por no pedirte determinados alimentos».

Sadai ahora puede caminar sin fatigarse y ha notado los beneficios de su cambio de vida, pero para ello dice que es imprescindible también el apoyo, no solo de un profesional que te guíe, sino de tus amigos y de tu familia. «Yo había veces que me proponían un plan para ir a cenar y la verdad no podía, por eso o bien mis amigos se adaptaban para vernos tomando un café o yo elegía el lugar para no terminar comiendo cosas que no podía», indica. Eso sí, ha tenido que implicarse necesariamente en el proceso de ir a comprar la comida. «Si quieres comer un poco sano y rico no vale con cualquier cosa, es necesario planificarse, pero yo a medida que fui bajando de peso me di mis premios. Recuerdo que cuando perdí los diez primeros kilos, lo celebré con una cena», apunta esta pastelera que desea con todas sus fuerzas llegar pronto a los 80. ¡Lo conseguirá!

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