El relojero de la Puerta del Sol: «Mis campanadas serán muy distintas con la plaza vacía»

Esta Nochevieja nada será igual. Jesús López es el relojero que engrasa el mecanismo más famoso de España desde hace 24 años. «Esta vez tampoco me toca tomar las uvas en casa, ¡ni con una pandemia!», bromea tras superar el covid. Él y otros profesionales gallegos cuentan cómo será el Fin de Año más diferente


Solo dos cosas unirán a todo el país la próxima Nochevieja. Una, el deseo de que el 2020 pase a mejor vida. La otra, la que viviremos de nuevo al unísono. Esta vez las campanadas retumbarán en su propio eco ante una Puerta del Sol vacía. Las televisiones que han elegido retransmitirlas un año más desde allí nos asomarán al balcón de un desierto sin precedentes. La plaza por antonomasia de Madrid se convertirá en el kilómetro cero del silencio. Y nadie, absolutamente nadie, podrá presenciarlas allí. Nadie, excepto su relojero. Jesús López (Toledo, 1945), junto a sus compañeros Pedro y Santi de la relojería Losada, volverá a activar la maquinaria del reloj más famoso de España. No hay pandemia que le permita tomar las uvas en casa. Ni siquiera el covid le alejó de esas agujas que mima con tanta precisión para que lleguen puntuales a su cita. Jesús superó el coronavirus a tiempo, quizás por deformación profesional. «Estuve en mi casa encerrado todo el mes de noviembre», cuenta ya recuperado: «Me encuentro divinamente. No tuve muchos síntomas, pero tos sí. Empecé a toser, a toser y a toser, entonces no dormía ni descansaba bien».

Tras 16 días de cuarentena, volvió a la carga para subir a la torre de un reloj que podría engrasar con los ojos cerrados. Afortunadamente, su caso fue de los leves y en su casa no se contagió nadie más que él. «Me tocó a mí la china, no me quiero ni acordar», dice a pocos días de su Fin de Año número 24 al frente de los primeros doce segundos del año.

Se enfrenta, sin duda, a las campanadas más diferentes de toda su vida. «La explosión de alegría de la plaza con la última campanada compensó siempre con creces el no poder brindar con mi familia», explica el relojero, que sin embargo tampoco se viene abajo ante el desierto de este año: «Es verdad que no va a haber gente en la Puerta del Sol, pero en Galicia van a estar muchas personas viendo las televisiones, con lo cual nuestro trabajo es el mismo, exactamente igual. Una cosa es que la gente no esté en la plaza escuchando las campanadas, y otra cosa es que no se vayan a retransmitir. Se van a hacer las campanadas, y en Galicia se van a escuchar, en Toledo, en Cataluña... en todos los lados», recuerda con las impresionantes vistas del Palacio Real y Ópera a sus pies.

La explosión de alegría de la plaza era el mejor momento para mí, pero con la pandemia es normal que no nos juntemos

A ese brindis en familia ya renunció hace mucho tiempo. «Este año tampoco me toca tomar las uvas en casa, ¡ni con una pandemia!», bromea. Suele decir que no piensa en retirarse de la última noche del año. «Lo hago con todo el gusto. ¿Por cuánto tiempo? Pues no lo sé. Un año, dos diez… lo que aguante el cuerpo», asegura.

ÉL HACE BAJAR LA BOLA

De momento, sigue en activo también los 364 días restantes para que todo funcione a su hora, incluida la bajada de la bola. «Lo hará a menos 28 segundos, como el año pasado. Va a ser exactamente igual, salvo que hubiera otra indicación, que no creo», matiza. Es él quien la desliza manualmente para dar paso a los cuartos, y quien mejor explica el procedimiento para no empezar con las uvas antes de tiempo. «Cuando faltan 28 segundos para las doce, se deja caer la bola por su propio peso. Cuando han pasado 7 segundos se para, y cuando faltan 20, empiezan a sonar los cuartos. Son cuatro cuartos y cada cuarto son dos campanadas, por eso cuando dan los cuartos son ocho campanadas. A las 12 en punto, cuando estamos pendientes por las señales horarias, la sexta señal horaria, que es la hora exacta, da la primera campanada a las doce. Y después, las restantes cada tres segundos. Son once campanadas más, es decir, 33 segundos», detalla Jesús, que se ríe con las clásicas confusiones en la mesa: «¿Qué ocurre? Que como los cuartos son cuatro campanadas, hay muchas personas que cuando llevan cuatro o cinco se confunden y empiezan a comer las uvas, pero no tiene importancia, ¡ja, ja!».

¿Miedo escénico por si algo falla? Eso no entra en la cabeza del relojero, que durante todo el año revisa el reloj minuciosamente con sus compañeros. Los tres se encargan de subir las pesas, comprobar el funcionamiento, limpiar las pletinas y engrasar las transmisiones. Unos ajustes que realizan semanalmente, los mismos días a la misma hora, y que se intensifican el 30 y el 31 de diciembre. «Además, hay una cosa que está clara: si no se hicieran, el reloj se pararía», señala el experto, que define el reloj del siglo XIX como «una buena máquina» que conoce como la palma de su mano: «Lo desarmé en el taller, lo volví a montar, y llevo con él desde el 96. Es como mi casa». Con afinar el oído cuando pasa por Sol le basta para saber si todo funciona: «Lo conocemos perfectamente, desde arriba y desde abajo».

A pesar de su experiencia, es consciente de que este Fin de Año no será como ningún otro: «Estas campanadas van a ser completamente distintas al no haber personas en la plaza». Extrañará, y mucho, el júbilo tras la campanada número doce. «Sí, pero esta vez ocurre una cosa, hay unas circunstancias. Con la pandemia lo normal es que no nos juntemos y no nos contagiemos, que seamos prudentes, y a ver si así nos quitamos del medio el rollo este», dice Jesús, que le pide el mismo deseo que todos al 2021, «que la enfermedad esta pase».

Javy López, de El Combo Dominicano: «Esta Nochevieja solo le cantaré a mi novia»

El Combo Dominicano actúa en Nochevieja desde el año 93, cuenta su director artístico, Cirano Núñez, que como el resto de la orquesta todavía está asimilando que, por primera vez, no recibirá el año nuevo sobre el escenario. Cirano se quedará con su familia en Canarias, pero uno de sus cantantes, Javy López, lo hará en Bertamiráns junto a Celia, su pareja y exbailarina de la formación. El vocalista, de 31 años, tiene a los suyos en La Habana. Allí comenzó en la música hasta que vino a España y aterrizó en El Combo.

Habituado ya a cantar en la discoteca santiaguesa DonaDana, donde la orquesta solía darlo todo actuando tras la cena del 31 de diciembre, Javy sabe que esa noche su público se reducirá a su conviviente. «Este 31 de diciembre no sé para quién voy a cantar... Bueno, sí, le cantaré a mi novia. Yo que estaba ya hecho a actuar donde siempre esa noche...», dice el cantante, que relata cómo es un Fin de Año normal en El Combo: «Cirano reserva siempre en un sitio y cenamos todos juntos antes. Es que se echa de menos a los chicos de la orquesta, porque son como familia… y a la mía de sangre la tengo en Cuba».

Uno no sabe del todo lo que tiene hasta que lo pierde, dice el cubano, que se ha prometido no protestar jamás antes de coger el micro. «Ahora uno, que no lo tiene, se da cuenta de que eso es lo que quiere hacer y lo que le gusta. Es más, nunca voy a quejarme, ¡así tenga que actuar ochenta veces seguidas!», insiste. Quién se lo iba a decir a un tímido redomado como él: «Fue mi padre el que me metió caña para que empezara a cantar. Me oía en el baño y decía: ‘¡Pero prueba!'. Al final, me decidí».

Mientras tanto, toca pensar en un tránsito tranquilo hacia el 2021. «Este año tomamos las uvas en casa. Cenita, vinito y ya está», afirma el cantante, que cuenta su historia con Celia: «Ella es canaria y bailaba en El Combo hace un tiempo, pero se fue de la orquesta y empezamos después. Anduve un montón de tiempo detrás de ella, pero no me hacía caso porque no quería mezclar. Y ahora aquí estamos, en Bertamiráns». A juzgar por cómo se les ve, pese a todas las circunstancias, no están nada mal.

Manuel Sánchez, taxista: «Será el primer año que pueda dormir esa noche»

Este turno de Nochevieja no se parecerá en nada al de las anteriores. Y uno de los colectivos que seguirá trabajando esa noche, sin duda el servicio más solicitado de esa fecha en la era prepandémica, es el de los taxistas. Inédito será contemplar las paradas de taxis sin las colas que las caracterizaban para la ida y la vuelta a los bares, discotecas y churrerías de toda Galicia. Si hace solo un año era habitual que en muchas de ellas hubiese gente esperando desesperadamente por un coche, ahora serán los coches los que esperen a la gente.

Uno de esos conductores que aguardarán al volante será Manuel Sánchez, vicepresidente de Radiotaxi Compostela. Él cenará y tomará las uvas en familia antes de coger el taxi para arañar los viajes de la gente que vuelva a su casa tras el brindis, durante el poco margen que va a dejar el toque de queda. «Otras noches, entre las 00.30 y las 3 de la madrugada no se paraba, porque era cuando la gente iba de un sitio para otro. Solo se descansaba un poco de 3 a 5, y a partir de ahí ya te venía el trabajo de verdad hasta que terminabas de llevar a todo el mundo que venía de celebrarlo y de tomar los churros», indica el profesional, que añade que el del próximo 31 de diciembre siempre ha sido para los taxistas el segundo día con más carga de trabajo del año en Santiago, solo por detrás del Apóstol.

«Este cuento con tener algo de trabajo en un margen de hora y media después de la cena. Teniendo en cuenta que aquí antes solía haber entre 60 y 70 coches por las noches y que ahora solo hay unos 12 taxis de dos conductores… Entre las 0.00 y las 7 te aburres mucho, mucho. Pero somos un servicio público y tenemos que funcionar, aunque a partir de las 23.30 solo llevas a veces a sanitarios o a algún rezagado», señala Manuel, que sabe que si en algo trabajarán este año quizás sea en los trayectos derivados de la ya llamada tardevieja, en la que esperan que muchos aprovechen para brindar con las personas con las que no se reunirán de noche en la mesa.

Ante este escenario, se abre también el de pasar la primera madrugada del año durmiendo. Será la primera vez en toda su carrera profesional, y espera que la última, en la que cierre los ojos durante ese turno de noche. «Desde la 1.30 o 2.00 seguramente duerma, porque no va a haber chollo. Lo mismo que van a dormir los camareros, los porteros, los pinchadiscos o los que vendían churros por la mañana. Una vez que se acabe el chollo, si es que lo hay, y si veo que el turno está cubierto y que no se mueve nada, meto el coche en el garaje y listo», indica.

Lucía Cidón, directora de Montesqueiro: «Después de seis años podré cenar en familia, pero preferiría poder abrir para la fiesta»

Durante estos días, la finca Montesqueiro de Oleiros (A Coruña) sería un ir y venir de preparativos. La última noche del año es allí un auténtico despliegue, una gran fiesta en la que los asistentes se cuentan ya por centenares. Pero este año no habrá luces, ni cena, ni cotillón. La finca estará cerrada y su equipo cenará en casa por primera vez desde que abrió. La nostalgia por aquella gran noche les invade. «Podremos tomar las uvas en casa... por decir algo. Preferiríamos tomarlas en la finca como el año pasado, y tener un año espectacular. Pero qué le vamos a hacer», dice Lucía Cidón, la directora del grupo, que añade que a estas alturas el ritmo estaría siendo frenético: «Imagínate, la última cena que hicimos de Fin de Año llenamos con casi trescientas personas, entonces, claro, otros años a principios de diciembre ya había un momento importante de venta, con 200 reservas ya para la cena de Nochevieja. Y luego teníamos como unas ciento y pico que vienen solo al cotillón, que es algo que siempre nos ha sorprendido».

Gente que llegaba a partir de las 12 de la noche y que se quedaba hasta las 6 de la mañana «con la fiesta, el chocolate con churros, la recena, etcétera. Es una pena... la verdad es que estamos tristes en el equipo», reconoce la responsable, que sin embargo se consuela con el otro local con el que cuentan en A Coruña, el Cantón 23, que reinició su actividad al mismo tiempo que el resto de la hostelería y con muy buen pie: «Vamos bien, con ese aforo que tenemos de 47 personas se ha llenado los fines de semana y está funcionando. Estamos contentos con eso, pero nos gustaría estar con todo a tope como en el 2019».

En esa última fiesta en la noche del pasado 31 de diciembre, lo reventaron. «Llevamos desde que abrimos la finca, hace seis años y medio, haciendo este evento. Y tiene mucho éxito, porque abrimos poquitas veces al público. Lo hacemos en la fiesta de verano, en la de Fin de Año, en Halloween y por el día del padre y de la madre... en fechas señaladas. Por eso, cuando la abrimos vemos que tiene mucha aceptación».

TE PONEN LA COMIDA Y LA MESA

Pero si la gente no puede ir a la fiesta, la fiesta entrará en casa. Con la finca cerrada ha tocado reinventarse, así que el grupo propone que esta vez dejes la cocina apagada para que cocinen ellos por ti. Su propuesta, una carta gourmet de la que uno puede pedir lo que quiera tanto para la cena de Fin de Año como para las comidas de Año Nuevo y Reyes. En ella encontrarás desde aperitivos como el pastel de centollo con mayonesa de erizo de mar y las croquetas de bogavante, hasta entrantes entre los que figuran el salpicón o los canelones de pollo de corral. La paletilla de cordero lechal y el roast beef están entre los platos principales, y a mayores se puede elegir postre, además de entre los vinos disponibles de las denominaciones de origen Rías Baixas, Rioja y Ribera del Duero. Eso sí, hay que tener en cuenta que los pedidos para Fin de Año deberán efectuarse antes del próximo día 29 a las 12. 00 y recogerse el propio día 31 hasta las 18.00 horas. Mientras, los encargos para la comida de Reyes pueden hacerse hasta el día 2 de enero a las 12.00, y habrá que ir a buscarlos el propio día 6 hasta la misma hora.

La propuesta va más allá. Porque además de la comida, si quieres te pondrán hasta la mesa. «Te ofrecemos la posibilidad de montar una mesa navideña en tu hogar con nuestro menaje, mantelería, bajoplatos, cristalería, decoración…», dice el equipo de la finca, por lo que el interesado solo tendría que pensar qué estilo le encaja mejor.

Como les ha costado digerir lo de cerrar el año sin fiesta, también ofrecen la posibilidad de hacerla online. Una idea dirigida a las cenas de empresa que ya no pueden celebrarse fuera, y materializada en la Christmas Company Box, «un concepto diferente para terminar el año con tus compañeros de trabajo con un brindis virtual». En concreto, las cajas contienen aperitivos gourmet con una botella de cava en miniatura y vaso incorporado, y ellos las transportan hasta la propia empresa.

UNA NAVIDAD VIRTUAL

Jamás hubiesen imaginado en Montesqueiro que toda su oferta navideña sería a domicilio y por Internet. «Nosotros en diciembre, para empezar, ya teníamos bodas los sábados. Aquí la Navidad siempre ha sido un momento muy especial. También por cenas de empresa que solíamos hacer», indica la responsable, que, sin embargo, no deja de ver el lado positivo de las cosas. «A pesar de todo, todavía tenemos trabajo en la finca. La última semana de noviembre tuvimos la última boda del año, un enlace pequeño de cuarenta personas, y también un bautizo... Bueno, muy poquitas cosas ya, nada que ver con lo que tendríamos que tener a estas alturas, con todo lleno de eventos y a tope. Pero este año hemos celebrado casi veinte bodas en plena pandemia, desde el mes de febrero que hemos estado haciendo celebraciones. El año que viene se presenta muy bien, con muchas cosas, y contamos con bodas que ya estaban reservadas y otras que cambiaron de fecha por el covid. Eso sí, no me atrevo a decir nada a largo plazo, porque en cualquier momento nos cierran o algo...», dice cauta, corroborando que si hay algo que nos ha dejado marcados de este 2020 es la importancia de vivir el presente.

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