Javier Yépez, tetrapléjico: «Después del accidente estudié Ingeniería y hacía los exámenes dictando»

El joven se sobrepuso de una mala zambullida a los 16 años y es el primer gallego con tetraplejia capaz de haberse graduado en Ingeniería Informática

Javier ha superado mucho más que un accidente que le dejó tetrapléjico. Ha logrado ser el primer gallego en terminar un grado en Ingeniería, concretamente informática, en la USC. Nacido en Fuengirola hace 23 años, es vigués adoptivo porque vivió prácticamente toda su vida en la ciudad olívica. Sin embargo, su empeño en estudiar lo que quería hizo que rompiese también la barrera geográfica y se trasladase a Santiago. «Aquí hay un departamento de Inclusión en el que me ayudaron mucho para que pudiese matricularme en Santiago, porque la opción era ir y venir desde Vigo, y era muy difícil. Si no, tenía que hacerlo a distancia. Nos ayudaron mucho a buscar residencia adaptada», relata hoy Javier, que le resta dramatismo a este hito: «No fue algo traumático, porque yo quería hacerlo, lo tenía muy claro. Para mí no era un problema pensar ‘voy a ir solo, no voy a tener a mis padres'. Para mí era: ‘Necesito a alguien que pueda estar conmigo, que viva conmigo en Santiago para ayudarme. Yo quería mucho estudiar...».

Ya una vez en materia, asegura que lo más complicado era hacer los exámenes. No ya tanto por su contenido como por las limitaciones. «El de los exámenes sí que era un tema más complicado, porque al principio había más materia de Matemáticas y de Física y no se podían hacer a través del ordenador o era muy lento, así que los hacía dictando a un profesor o a alguien. Eran unos exámenes eternos. Imagínate lo que es dictar matemáticas, no solo mantener memorizado lo que vas haciendo, sino también comprobando que esa persona ponía lo que quería y a la vez desarrollar los problemas», indica Javier, que en el teclado escribe tecla a tecla con el meñique de su mano derecha. «Tengo mil truquitos», bromea.

Los exámenes de Matemáticas o de Física eran eternos. Tenía que ir dictando los números, y tengo mil truquitos para escribir tecla a tecla con el meñique de la mano derecha

A día de hoy, este luchador no solo puede presumir de ser graduado, sino de tener trabajo en tiempos de pandemia. «Estoy trabajando con Gradiant, un centro tecnológico de comunicaciones de Vigo. Hice el trabajo de fin de grado sobre la detección de ataques en el sistema de reconocimiento facial -obtuvo una calificación de 9,8- y al acabarlo ya me cogieron. De momento estoy trabajando a distancia, porque presencialmente para mí es un riesgo», asegura el joven, que apunta que lo que peor llevó del confinamiento fue la falta de rehabilitación: «Yo estoy prácticamente encerrado, sigo así. Salgo solo para la rehabilitación. Por suerte, lo que perdí durante el tiempo en el que no se podía ir lo he recuperado rápido, pero si fuese cincuenta años más viejo lo habría notado». Llegar a este punto no ha sido un camino de rosas para Javier, que con 16 años se quedó tetrapléjico tras una mala zambullida: «Creo que en general no pensamos tanto en los riesgos».

UNA ZAMBULLIDA A LOS 16

«Da igual que sea el riesgo de ir a 130 en el coche que el de tirarse de cabeza, porque vemos a mucha gente que lo hace y pensamos que no pasa nada», advierte el ingeniero, que tuvo el accidente durante unas vacaciones en Portugal con sus tíos: «A tres días de acabar el curso, me tiré por el barranco. No conocía la zona y fui como pollo sin cabeza. Por suerte me pudieron operar allí en el momento porque tenía la tarjeta de la seguridad social europea, que me la había sacado antes para una excursión del colegio. De hecho, mi padre tuvo que adelantar un dinero al principio que luego le devolvieron». Javier estuvo un año ingresado en la unidad de lesionados medulares del Chuac.

«Realmente tuve el accidente y al principio estaba mal, no quería hacer nada y tampoco me preguntaban qué quería hacer. Pero una vez que salí del bajón, nunca tuve la opción de no hacer nada. Intenté acabar el bachillerato desde el hospital, pero no podía, así que volví a mi centro, a los Salesianos, donde los compañeros fueron geniales». Lo primero que hizo al obtener el alta fue someterse a una rehabilitación intensiva, precisamente para poder estudiar. Estaba tan débil que no era capaz de aguantar todas esas horas sentado. Pero los sueños no entienden de flaquezas cuando son de verdad, y ese es el mensaje que Javier quiere transmitir hoy a quienes se encuentren en una situación así: «Yo creo que lo que más ayuda es que busquen algo que les guste de verdad, que vayan a por ello. Y que no piensen: ‘No, es que no puedo, es muy difícil'. Que busquen la forma y su objetivo en la vida. Porque cuando pasas tanto tiempo en el hospital tienes eso, tiempo para pensar, a veces demasiado. Y te pones en plan negativo, te parece que todo es una mierda y que no hay nada más en la vida. Pero si aguantas ese proceso, si pasas de ahí, puedes encontrar algo que quieras hacer». Para prueba, él.

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