Andrés Suárez: «¿Cómo no me voy a ruborizar si le hago una canción a la hija de la que fue el amor de mi vida?»

El artista ferrolano se abre completamente en su nuevo disco. Lo presenta este fin de semana en Galicia. Hoy en el ciclo Terraceando de Vigo y mañana en O Norte Non Para en A Coruña


Redacción

Como a tantos otros artistas el coronavirus puso patas arriba los planes del ferrolano Andrés Suárez. Después de lograr hitos de artista de primer nivel como llenar el WiZink Center de Madrid, la apuesta de este disco titulado Andrés Suárez, parecía querer llevar todo eso más allá. Acaba de fichar por Warner, se ha puesto en manos de la mánager Rosa Lagarrigue (la que llevó a Mecano, La Unión o Alejandro Sanz a lo más alto) y le ha dado unas pinceladas de electrónica y luz a su sonido que miran más a los festivales y grandes recintos que al cantautor con guitarra al uso. Ahora toca retomar la cosas donde las había dejado antes del covid-19. Este fin de semana están en Galicia. Hoy sábado 11 en Vigo en el ciclo Terraceando de Vigo y mañana domingo 12 en O Norte Non Para de A Coruña.

-¿Estamos ante el renacimiento de Andrés Suárez?

-Nunca había hablado de mi amigo que con 15 años se muere por sobredosis en Ferrol Vello. La canción tenía cinco años, pero yo no podía cantarla. Tampoco había contado cosas como las que salen en una canción como Nina, que sucedió hace unos años. Es la historia de un polvo en un tercer piso sin ascensor, en un baño de dos por dos comiéndonos a besos. Por fin la cuento. Yo nunca había llegado hasta aquí. Es que si sigo..., nunca había puesto mi careto en una portada. ¡Qué complicado es salir de tu zona de confort! ¡Qué fácil es mi anterior disco, que la foto es un paisaje! ¿Por qué lo hice? Hay que hacer psicoanálisis porque no tengo ni idea de cuál es el detonante.

-El disco tiene  un constante toque electrónico, algo que puede chocar con la idea tradicional del cantautor.

-¡Cuidado con los puristas! Transcríbalo con todo el cariño: no me importa nada. No puedes estar a la orden del público. ¡Yo no puedo tener 37 años y hacer Moraima otra vez! Había gente que venía a verme al Libertad 8, al Ensanche de Vigo y el Fonte Sequelo de Santiago cuando yo tocaba con guitarra y voz. Y quieren eso. A lo mejor yo quiero estar con 13 profesionales que están en casa esperando el momento de salir. Una banda que hacemos festivales y ponemos a miles de personas a pegar botes. A lo mejor yo quiero eso porque a lo mejor no soy el mismo. Sé cómo agradar al público y que como meta un teclado un poco alto me va a decir: «Te has vendido». Yo agradezco la crítica constructiva, la destructiva la desecho. En la cuarentena me harté de borrar y bloquear a gente. Pero tú me dices que quieres lo acústico. Y yo te leo. Estás pagando mis entradas ¿como no te voy a leer? Pero, con todo el respeto, tengo que hacer lo que me dé la gana y tengo que evolucionar. No puedo estar 15 años en el mismo bar, en la misma barra y en el mismo punto de la conversación. ¿Qué aburrido, no?

-Me lo imagino ahora como algo más grande, con luces y grandes audiencias. ¿Va en esa dirección?

 -La portada del disco es mi careto rachado. Eso viene de lo eléctrico y lo añejo. ¿Festival? Sí, pero no te olvides de Libertad 8. Te lo pido por favor, porque no voy a dejar de hacerlo porque eso soy yo.

-Aseguras que es el disco más sincero de tu vida.

-Así es. Y mira que soy intenso.

-¿Qué plus de sinceridad hay ahora?

-Pues es que venía de una etapa que necesitaba cambios. La muerte de mi mejor amigo en EGB, la descripción de la toxicidad de un amor horrible de verano, una canción de amor para mi ahijada… ¡Son fragmentos de piel! Estoy contando mi vida sin pensar en lo que puede pasar. Esta vez no medí nada. No me importó mucho agradar.

-El oyente puede llegar a sentir pudor escuchando cosas como «he visto tu cara en los niños que no tengo».

-Te entiendo perfectamente. Me hace feliz porque lo buscaba. Yo echo de menos la verdad, creo que los morritos de Instagram no te sirven para nada en la música. Podrás decir que toco bien o mal, pero el disco está lleno de verdad, afinada o no. Yo me ruborizo oyendo Nina. Comiéndonos a besos en el dos por dos. ¡Me acuerdo de ese polvazo y me pongo colorado! No sé si va a oír esa canción pero como la oiga me va a matar. En El cantante, cuando digo que tiene mi mano meciendo su cuna, mis ojos y tu cara, es porque un día entro en Instagram y veo una foto de un amor que se fue en mi vida. Diez años después, está embarazada. Entonces le hago una foto a su hija que, por cierto, es preciosa: igual que ella. ¿Cómo no me voy a ruborizar cuando le estoy haciendo una canción a la hija de la que fue el amor de mi vida? Y no le hables nunca del cantante, le digo a la madre. No sé qué pasó para llevarme ahí, pero prefiero eso, mi cotidianidad, a hablar de Platón o Uranio.

-Tienes un disco con las emociones a flor de piel y estás preparado para instalarte en la primera división. Pero llega el covid-19, todo se frena. Seguro que se plantean un montón de planes b. ¿Cómo lo viviste?

-Esa intensidad mía, que tiene más defectos que virtudes, supone si no creo que Rosa es la mejor mánager de España no trabajo con ella. Si cuando tenía pareja no pensaba que es la mejor, no pierdo el tiempo. Esa es mi manera de sentir. Pese al covid-19, creo demasiado en mi equipo. Pienso en las orquestas, en los compañeros. Yo empecé ahí y a mucha honra. Hay mucha mofa con esto, pero cuando curras 23 horas al día para contentar a la gente, mofa la justa. Yo tengo amigos de orquesta que los he llamado y lloraban. Gente con hijos que están pensando en meter dinero ¡en mayo del 2021! Eso es tremendo. Lo mío es otra cosa.

-Dices que descubriste la ansiedad.

-Sí, por primera vez tuve ansiedad. Mi madre está trabajando a 700 kilómetros de mi casa en un hospital y no para de darme lecciones. Cuando yo la llamé diciendo que bajara una marcha y tuviera cuidado, literalmente me mandó a la mierda. Me dijo que si se tenía que morir salvando vidas, ese era su trabajo. Y no solo con su horario. Si había que ir a otra ciudad a echar una mano, lo hacía. Así lo viví, siendo hijo de quien soy y aplaudiendo a lo lejos. Y con esa ansiedad de que se podía morir. O contagiar a mi padre. Ese fue mi único miedo y pavor. Esa era mi ansiedad. Dentro de lo malo, yo tenía calefacción, agua caliente, wifi, estaba en mi casa…. ¿Cómo lo viví? Pues no pensé ni en el disco. Yo estaba enganchado a los informativos, con vosotros los periodistas narrando ciencia ficción. El disco ya saldría. Y los conciertos, después. Si nos ponemos al yo más, hay gente que perdió la vida.

-Pero retomaste la idea de sacarlo.

-Luego te vas acostumbrando y te aferras al amor y al humor. ¡Benditos los directos de Perdomo y Touriñán, que me hicieron llorar de risa! En mi Instagram subía memes que me mandaba la gente como mi madre o mi hermana. La gente que estaba en primera fila me obligó a reírme. Cuando uno se acostumbra, dices: «Venga, para adelante». Hace tres meses no íbamos a tocar este año y ahora ya ves. Todo cambia.

-¿Qué pretendes ahora?

-¡Quiero apagar la política! Porque en esta mesa venía mi amiga de Vox con su marido del PP y se sentaba con mi amigo del BNG y no había una orgía de milagro. En Ferrol, la ciudad en la que mejor se canta de España, ya no se canta en los bares porque uno es de un partido y otro es de otro. ¿Acabamos de pasar el peor momento y en cuanto podemos salir nos citamos en la plaza del pueblo para pegarnos? Hagámoslo para tener sexo, abrazarnos y besarnos, para ir a ver a un amigo, pero no para eso. ¡Qué me multen por ir a hacer el amor! ¿Pero otra vez con el rojo y el azul? ¿No bastó una Guerra Civil? ¿Qué es esto? ¿Qué está pasando? 

-¿Qué te dice la gente en las redes sociales en los privados?

-Me dicen de todo: «Córtate el pelo y búscate un trabajo» [risas]. Yo iba a ser de los que me iba a alejar de las redes sociales, pero en mi oficina me avisan de que hay un festival que se llama Yo me quedo en casa. Me conecto, canto y recibo 250 privados. Fotos de gente con mascarillas y respiradores, gente de urgencias de A Coruña… Uno me decía: «Me aferro a tus canciones para tirar adelante». Dije: «Poco estuve si consigo que durante tres minutos te olvides del bicho». Una vez más los músicos le dan una lección a los políticos.

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