Marta Milans: «Eso del sueño americano es lo que me ha pasado a mí»

La actriz, que triunfa en Estados Unidos, es una persona muy familiar que defiende por encima de todo la amistad. Habla seis idiomas y un pique con su abuela la animó a ir a por el séptimo. Ahora vive un gran momento profesional con «White Lines» y asegura que se lo ha currado: «Pero he tenido alguna ayudita»


Lleva 20 años dedicándose a la interpretación. No ha sido un camino fácil, pero con ganas y esfuerzo Marta Milans (Madrid, 1982) ha conseguido lo que se proponía cuando con 19 años dejó su casa y a su familia y se instaló en Estados Unidos para forjarse una carrera como actriz. El reconocimiento le ha llegado antes en la otra orilla del Atlántico, la película ¡Shazam! la catapultó a la fama en EE.UU., pero ella no pierde de vista España, donde ahora triunfa gracias a sus papeles de Katia (El embarcadero) y de Kika Calafat (White Lines).

-«White Lines» nos ha sabido a poco.

-Esperemos que haya más, porque todo el mundo me comenta lo mismo: «Me la he visto en dos días o en día y medio» y yo les digo: «Por favor, repartíos que me he pasado seis meses de mi vida y os lo zampáis en un fin de semana, no es justo». De momento, sé lo mismo que vosotros, pero crucemos los dedos.

-¿Por qué Álex Pina engancha tanto?

-Aparte de que es un genio con mayúsculas, tiene la capacidad para crear personajes absolutamente marcianos, en cuanto a la locura en sí, pero que tienen tantas capas de verdad que tú como espectador siempre vas a tener uno con el que te identifiques. Cualquier personaje de La Casa de Papel (LCDP) o de White Lines, que aparentemente pueden resultar inverosímiles por las cosas que le pasan, igual en El embarcadero un poquito menos, pero tiene algo de tanta verdad cada personaje que él crea, que siempre encontrarás a alguien. Y a la vista está porque que la gente reaccione en todas partes del mundo, con distintas culturas, backgrounds... La gente quiere los personajes aun en otro idioma.

-¿Qué le pasa contigo? Repite, te escribe un papel casi a medida...

-Jaja. Pregúntaselo a él, yo lo que le digo es que: «Contigo al fin del mundo. Ponme aunque sea de árbol en LCDP, o de lámpara, me da lo mismo...». Tiene una capacidad de entender a sus actores, por lo menos así ha sido conmigo, no sé si quizás por haber trabajado juntos en El embarcadero. Me dio mucha libertad para desarrollar el personaje de Katia, que es una pasada. Venía de rodar ¡Shazam!, no lo conocía en persona, y me dejó hacerla muy mía, que creo que es lo que la hace ser tan empática y que a la gente le caiga tan bien, que se vea lo buena amiga que es, lo que valora la amistad... Eso en mi manera de ser lo tengo muy arraigado y me resultó fácil transmitirlo. No sé si eso lo persiguió Álex, pero permitió que crease a Kika para mí, que me la ha regalado.

-Y además en Ibiza.

-Encima eso, es que cuando me llamó para contarme el personaje, le dije Álex: «¿Te has metido en Google? ¿Has buscado mi biografía?». Yo he crecido en Ibiza, me marché a Estados Unidos cuando era jovencita, he vuelto ahora a España a trabajar, pero digamos que mi vida la tengo hecha allí... «Con lo cual no me fastidies, me has copiado a Kika», le dije.

-Jugabas en casa.

-Sí, y ese fue uno de los motivos por los que me preocupaba hacer una serie que tratara de Ibiza y la percepción que la gente tiene, especialmente aquí en EE.UU., que es como una party island, la gente va allí a drogarse, fiesta, discoteca... que tiene mucho de eso, por supuesto, y eso se percibe en White Lines. Pero yo le decía a Álex: «Precisamente porque yo he crecido en Ibiza, me da mucha pena que se vea esa cara de la isla, y esa superficialidad llevada al extremo». Solamente me había leído los primeros episodios que narran un poco eso, y le dije: «No quiero glorificar el mundo de la noche porque sí, las orgías, las drogas, el alcohol, porque además, creo que está muy trillado».

-¿Y qué te dijo?

- «No te equivoques, esto es una serie sobre una familia, deshecha al principio que intenta recomponerse, dime alguna serie que hayas visto que lo cuente así, siempre ves lo contrario. Vamos a contar la moraleja de dejarse llevar por la perdición de la noche pero tiene un mensaje de mucho peso al final». Y efectivamente esto es mucho más.

-Una de las cosas que más sorprende es que estás viendo una serie española en inglés.

-Ha sido casi un experimento antropológico, porque Álex Pina que no habla inglés, ha escrito una serie él solo, traducida por otra persona, ejecutada por equipos técnicos mitad ingleses mitad españoles... Las situaciones surrealistas que nos encontrábamos en el set de rodaje por falta de traducción, ha sido de lo más divertido que me ha pasado en la vida. Uno de los directores, al cual amo, y me permito decir esto porque le hemos tomado mucho el pelo con el tema, en la secuencia del entierro del perro, le decía a mi padre (Pedro Casablanc): «Darling, darling...». Le soltaba una retahíla en inglés con todo tipo de notas para la siguiente toma, que claramente Pedro no acababa de entender. «From the top, vamos a hacerlo otra vez, From the top...». Y de repente ves a Pedro que se empieza a encaramar sobre el altar. «Corten, corten», gritaban. «What are you doing?», le preguntaban. «Si me está diciendo usted: From the top». «Sí, desde el principio de la escena, no desde arriba del altar». De estas, 25.000.

-Hablas 7 idiomas, ¿cómo lo haces?

-Iba para violinista, a los tres años empecé con profesora y clases de solfeo, me parecía un tostón y me aburría muchísimo, lo que hizo que con 7 años en la academia de música en Madrid buscasen una niña que se pudiera memorizar una texto muy largo de Michael Ende. Me acabé aprendiendo el papel de la tranquila tortuga tragaleguas, me pasé a la actuación y nunca miré atrás, pero creo que mi oído musical lo tengo desarrollado desde muy pequeña por los instrumentos.

-¿El ruso fue un pique con tu abuela?

-Sí, mi abuela un buen día me dijo: «¿Vas a dejar que me muera hablando más idiomas que tú?». Y dije: «No, no, ni de coña». Cogí a una profesora en Nueva York, empecé con las clases y nada más terminar la llamaba para decirle las cuatro palabras que había aprendido. Y me decía: «El acento se puede mejorar». Mi abuela es superviviente del coronavirus con 92 años, así que es bueno saber que llevo los genes Milans.

-Con 19 años te vas de casa, pero no del pueblo a Madrid, sino que cruzas el Atlántico. Esto es empezar la casa por el tejado.

-Sí, ahora que miro hacia atrás y digo: «La verdad, son ganas de ponérmelo díficil a mí misma». Tengo mucha suerte por muchos motivos, pero principalmente por la familia que tengo.

-¿Te apoyaron?

-Lo tuve clarísimo desde pequeña, no recuerdo por qué, yo creo que porque veía películas con mi madre, y como muchas se ruedan en Nueva York, y tienes esa idea glamurizada de Nueva York, de Hollywood, todo te deslumbra, lo tuve muy claro y nunca miré atrás, y quizás porque mis padres nunca dudaron de mí, eso hizo que yo nunca dudara de mí misma. Eso te marca, ha hecho que pudiera llegar adonde he llegado sin tener miedo. Si no hubiera tenido el apoyo de mis padres desde tan jovencita, no hubiera sido tan valiente. Y es una de las cosas que intento recordar para el día que tenga hijos, que allá donde tengan un sueño, no les haga dudar de sí mismos, porque eso te da una fuerza increíble.

-He leído que tu madre en algún momento de bajón te dijo: «Fuma, bebe un vino y duerme, esto pasa».

-Sí, muchísimas veces cuando he llamado deshecha o desanimada. En realidad más adelante cuando las cosas te van bien es cuando te entran las dudas, al principio cuando tienes el sueño por delante, es todo más fácil, pero cuando consigues un poquito y luego se va, cuando te sale trabajo, luego no te sale... esa montaña rusa de incertidumbre acaba pudiendo contigo en algunos casos, estuvo a punto de poder conmigo, pero no lo consiguió.

-¿Estuviste a punto de dejarlo?

-Sí, nunca dejarlo de decir: «Voy a dedicarme a otra profesión», eso no, pero de no poder seguir con esta soledad infinita en Los Ángeles o en Nueva York, con dos duros en el bolsillo, después de haber dejado muchísimas relaciones personales en el camino, sentimentales, por querer este trabajo tanto. No es fácil estar con una persona que está tan consumida por este sueño. Estar lejos de mi familia a la que estoy tan unida... Son cosas que vas acumulando, y que cada vez tienen más peso. Pero mis padres me decían: «Nadie te ha obligado a elegir esta profesión, así que apechuga». Nunca han sido de «pobrecita, vuelve a casa», hay padres que son más de: «¿Y cuándo vas a volver?», los míos no. Son de «tira para delante, deja de lloriquear». Esto te hace ser muy fuerte pero a veces también dices: «Yo quiero un abrazo».

-Entre que no te rendiste y un corte de pelo, las cosas empezaron a funcionar.

-Yo tuve una experiencia bastante espiritual hace unos años cuando me encomendaron a un ángel de la guarda, que se llama San Miguel, como mi padrino. Cuando mi hermana se acababa de casar, mi hermano acababa de tener un bebé, a mí que soy la mayor, me decían qué falta de ejemplo y bla bla bla... Mi padrino me dijo: «Tienes poca fe, tienes que ahondar un poco más», y me encomendó a San Miguel.

-¿Y funcionó?

-Bueno, desde entonces me han pasado cosas muy curiosas, a nivel de señales, y de sentirte arropada por un alguien, un ente o como quieras llamarlo, que te hace no perder la fe en muchas cosas.

-¿Por ejemplo?

-Pensé que me quedaba bien el pelo corto, porque llevaba pelucas así en Asher (2018), pero me lo corté y me quedaba fatal, parecía que me había lamido una vaca la cabeza. Me lo corté exactamente como el cómic de Shazam sin tener ni idea, sin saber que iba a hacer la prueba ni mucho menos. El resto es historia, entré por la puerta y la directora de cásting me dijo literalmente que era como el cómic, y yo: «¿Qué cómic?». Pero cuando volví a España mi padrino me dijo: «¿Qué tal la película que te ha salido?». Y yo: «Es una madre que adopta a 7 niños». Y me decía: «¿Ah sí? ¿Sabes cuántos arcángeles hay?». «Siete». «Qué casualidad». «Y luego se convierten en superhéroes y van volando con capas». «Vamos, como los ángeles». «Sí que es casualidad esto de los ángeles». El primer día de rodaje de Shazam, veo todo tipo de cuadros de ángeles. Le pregunto a la chica de maquillaje y me dice: «Es que estamos en el edificio de Estudios Católicos de la Universidad de Toronto». Qué casualidad ¿no? Llega el niño que hace de Shazam, y se llama Asher Angel. Vamos a ver... No te digo que no me lo haya currado o que no me haya dejado la piel, pero creo que he tenido alguna ayudita.

-Estás recogiendo el esfuerzo de tantos años sola, lejos de casa, ¿tienes esa sensación?

-Sí, estoy superagradecida, porque todos los sufrimientos, o decepciones, dudas o momentos de oscuridad es lo que te forma. Parece mentira que el ser humano solo se vea más fuerte cuando sufre, y no tanto cuando es feliz, pero se cumple en mi caso. Yo creo que si me hubiese resultado más fácil o si hubiese conseguido el éxito antes, no sería lo fuerte que soy. Y cuando te llega, más tarde y después de un camino más jodido, lo valoras mucho más. No cambiaría por nada todos los momentos de tristeza por estar lejos de mi familia, porque me han hecho quien soy ahora mismo. Y creo que eso, el tener cierta fuerza o cierto aplomo vital, influye en los personajes que te toca interpretar. No creo que hubiera sido capaz de crear a Katia o Kika, si no hubiera tenido las experiencias vitales que he tenido.

-Con el sueño americano cumplido. ¿De qué te pica el gusanillo?

-Ahora estoy intentando, que es una de las cosas que pasan cuando las cosas te van bien en esta profesión, en Hollywood especialmente y en cualquier parte del mundo, que la gente te abra las puertas, que sepa quién eres y que te escuche. Yo siempre he tenido el gusanillo detrás de la oreja de contar historias. Viendo todo lo que está pasando, no solo el coronavirus, sino también el asesinato de George Floyd, una causa que yo he apoyado en redes sociales por supuesto, pensaba cómo comenzar... Yo no soy americana, de hecho me acabo de hacer americana hace unos meses, pero yo conseguí el sueño americano. Yo soy ejemplo del sueño americano: vine aquí a estudiar, por supuesto gracias a una familia que me pagó una carrera, que no todo el mundo tiene, y yo he tenido la suerte y el privilegio de tener eso, pero no tenía nada, ni amigos, ni acceso a nada, lo que tenía era un sueño y unas ganas de currar impresionantes, y eso lo digo yo, que lo he experimentado, eso es el sueño americano. Con eso, muchas ganas y un poquito de esfuerzo, se abren puertas y oportunidades.

-A ti te las dieron.

-Sí, a mí se me abrieron puertas y se me dieron oportunidades, y poquito a poco, porque consume mucho, conseguí llegar adonde he llegado. Eso es el sueño americano, que eso se pueda aplicar a todo el mundo por igual, que en este mismo país gente por tener otro color de piel o otro nivel económico, no puedan tener acceso, eso es lo que hay que cambiar.

-¿Pero tienes algo pendiente?

-Producir mis pelis, y si las cosas me siguen yendo bien, crear una productora con mi hermano, que es un gran escritor. Intentaría que viniera a vivir aquí una temporada para montarla y contar historias, y dar trabajo a todos mis amigos, actores, escritores... Ese es mi siguiente sueño. Y escribir libros para niños, que estoy en ello con mi hermana pequeña. Aquí el confinamiento nos ha dado para mucho, porque como Hollywood ha estado cerrado, y sigue cerrado...

Como ella dice, Kika parece un papel a medida, ya que es una chica que se marcha a Estados Unidos muy jovencita.

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Marta Milans: «Eso del sueño americano es lo que me ha pasado a mí»