Cuando llegue diciembre


El 10 de agosto de 1966 las maternidades de Manhattan se colapsaron. Una súbita concentración de nacimientos que alteraba todas las estadísticas confirmó la impresión que la ciudad se había hecho nueve meses atrás cuando un gran apagón dejó la costa Este sumida en las tinieblas y a sus habitantes sin entretenimientos tecnológicos. La oscuridad no solo animó a las parejas que cualquier otra noche despistaban su libido ante el televisor; miles de personas se quedaron atrapadas en ascensores con desconocidos y de esos encuentros nacieron también unos cuantos niños conocidos por los más finos de la época como Otis. Para tranquilidad de muchos la ciencia del ADN estaba a esas alturas en pañales.

El relato es una de las leyendas urbanas preferidas de los neoyorquinos aunque algún demógrafo escéptico acabó demostrando tiempo después del apagón que ese repunte de la natalidad no fue tal y que las sombras de las velas pudieron ser inductoras del deseo pero no de la procreación.

A pesar de todo, existe desde entonces la tentación de asociar sucesos extraordinarios que alteran la vida de la gente con un disparo generalizado del deseo carnal en una especie de confirmación de que la rutina, la maldita rutina, es un desastre para mantenerse fogosos.

Se ha llegado a fijar en un 45% el incremento de la natalidad asociado a las victorias de la selección española de fútbol, lo que concedería al balompié una textura casi mítica capaz de alterar por sí mismo nuestros caquécticos índices demográficos. También esta teoría está por demostrar pero a muchos les gusta fabular con esas noches de pasión colectiva que sí han sido analizadas de forma científica a raíz de uno de los hitos históricos del fútbol español; tras el gol de Iniesta en Sudáfrica se registró un repunte de la natalidad en Barcelona del 7 por ciento, un chute al que habría contribuido el propio Iniesta cuya hija Valeria nació nueve meses después del mundial.

Sentémonos en casa a pasar la cuarentena y revisemos las estadísticas allá en diciembre a ver si del apretón del coronavirus sale algo interesante.

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Cuando llegue diciembre