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Cuando llegue diciembre

YES

16 mar 2020 . Actualizado a las 00:42 h.

El 10 de agosto de 1966 las maternidades de Manhattan se colapsaron. Una súbita concentración de nacimientos que alteraba todas las estadísticas confirmó la impresión que la ciudad se había hecho nueve meses atrás cuando un gran apagón dejó la costa Este sumida en las tinieblas y a sus habitantes sin entretenimientos tecnológicos. La oscuridad no solo animó a las parejas que cualquier otra noche despistaban su libido ante el televisor; miles de personas se quedaron atrapadas en ascensores con desconocidos y de esos encuentros nacieron también unos cuantos niños conocidos por los más finos de la época como Otis. Para tranquilidad de muchos la ciencia del ADN estaba a esas alturas en pañales.

El relato es una de las leyendas urbanas preferidas de los neoyorquinos aunque algún demógrafo escéptico acabó demostrando tiempo después del apagón que ese repunte de la natalidad no fue tal y que las sombras de las velas pudieron ser inductoras del deseo pero no de la procreación.

A pesar de todo, existe desde entonces la tentación de asociar sucesos extraordinarios que alteran la vida de la gente con un disparo generalizado del deseo carnal en una especie de confirmación de que la rutina, la maldita rutina, es un desastre para mantenerse fogosos.