El virus del periodismo

YES

29 feb 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

A estas horas, tres días antes de que el YES llegue a sus manos, la actualidad ha sido barrida por el coronavirus y la histeria mundial que lo acompaña. El periodista Lorenzo Milá se acaba de convertir en trending topic por una de esas crónicas serenas que lo hicieron famoso cuando presentaba el telediario sin corbata, un detalle que hoy parece nimio pero que a finales de los noventa fue toda una osadía editorial. En una conexión desde Milán, el periodista compartió los datos básicos de una epidemia que desde el punto de vista de la salud pública es un pequeño contratiempo pero que tiene al mundo en estado de shock.

El éxito de esta pieza periodística y su repercusión son la evidencia de la avidez con la que los ciudadanos consumen la buena información y lo necesaria que es en un tiempo en el que las mentiras se globalizan mucho más rápido que el virus de una gripe menor. Abundan en el oficio trampulleiros que enmascaran su devoción por la basura con la supuesta incapacidad que la gran masa tiene para valorar y consumir buenas historias, contadas con rigor y sin más fanfarria que la que la realidad demanda. No hay más que recorrer la parrilla de televisión para localizar ese tipo de productos que producen en la sociedad un efecto similar al del Big Mac.

Las fake news llevaron a la Casa Blanca a Donald Trump y dieron alas al brexit, pero su efecto ante una crisis de salud global puede ser mucho más devastador que la gestión de un tipo como Trump. Por eso son tan importantes apuestas editoriales como la que el martes encarnó Lorenzo Milá, con la serenidad y el rigor por bandera, casi perplejo ante la incapacidad que los médicos están teniendo para trasladar a los ciudadanos el alcance real del coronavirus.

Frente a los apocalípticos que pronostican las siete plagas y el final del periodismo, este tiempo borroso ha vuelto a colocar la buena información y a los buenos periodistas en un lugar esencial. Es hora de elegir buenas firmas y buenos relatos de los que fiarse, y de despreciar todas esas bombas calóricas informativas que tantos y tantos lanzan con el afán final de dejar el campo arrasado.

Que una gripe más leve que la común tenga al mundo en cuarentena y la economía con fiebre alta demuestra cómo de importante es el papel de esos periodistas que muchos ya daban por amortizados.