Aquí tres son multitud

Toca cena tranquila, así que agárrate de nuestra mano para ir probando los locales de esta ruta YES que busca la intimidad desde el primer plato

MARÍA GARRIDO CARLOS CRESPO

Una cita bien merece esmerarse un poco y buscar un local a la altura. En busca de esa intimidad tan necesaria para hincarle el diente a las primeras confidencias, nos embarcamos en una ruta de restaurantes recogidos, cálidos y con una atmósfera diseñada para ablandar corazones. También para que disfrutes con una amiga de la conversación o para que tú y tu hija os deis un pequeño homenaje. Aquí tres son multitud, así que empezamos por el norte haciendo una primera parada en A Coruña, donde nos espera una pareja a la hora de la cena.

 

De aquí ha salido más de una pareja. Todo ayuda a crear un ambiente para enamorar. La luz por la noche es cálida e íntima. De fondo, una música suave: a veces es jazz, otras soul, otras alguna canción un poco más rockera. Alma y Víctor dan alma a Greca, en el número 34 de la calle Historiador Vedía. Escondido en una calle sin apenas comercio al lado del Palacio de la Ópera de A Coruña, es nuestro lugar elegido para una cita romántica. Sus dueños lo confirman: la mesa de dos es una de las más demandadas. «Tenemos parejas que ya conocemos y que tienen aquí su sitio. A otras las hemos visto evolucionar», cuenta Alma. Aquí vienen a disfrutar de una cena, a celebrar cumpleaños y aniversarios. ¿Alguna pedida de mano? «No se dio el caso, pero tampoco sabemos lo que se cuece en las mesas, así que puede ser que sí», cuenta Alma. «Las parejas se sienten bien, en armonía; el hecho de que estemos un poco más escondidos también ayuda», apuntan en el restaurante. Una vela completa todos los fines de semana esta escena muy Dama y Vagabundo, pero sin sorber espaguetis. «Al final es un conjunto de muchas cosas lo que lo hace especial», explica Alma mientras señala un cuadro que cuelga de una de las paredes y que, curiosamente, se llama El Divorcio. Que nadie se asuste: el artista pintó la obra después de una pelea con su pareja, pero hubo reconciliación y la historia acabó en boda. Un buen motivo, además de su comida, para dejarse caer por Greca.

COMIDA VEGANA DE VERDAD

Gálgala fue el primer vegetariano de Vigo y con 30 años de trayectoria, su propietaria, Beatriz Gómez, puede decir que no se equivocó. Y eso que fue complicado al principio, cuando, como recuerda, «no había ni libros de recetas vegetarianas» y los sándwiches vegetales te los hacían en los bares con jamón, queso, una rodaja de tomate y una hoja de lechuga. Desde esos tiempos en los que el tofu o la quinoa eran ingredientes de otra galaxia, el local vigués guarda la esencia de siempre. «Somos un restaurante de cocina casera, con buen producto, platos ricos pero sin grandes complicaciones culinarias», resume. Además sigue siendo un espacio con un ambiente muy agradable, ideal para encuentros relajados e íntimos. La música de jazz que suelen tener como banda sonora de comidas y cenas, y detalles en las mesas como un pequeño jarrón con flores o una vela encendida, ayuda bastante a crear un entorno al que también colabora una clientela que no habla a voz en grito. En el restaurante ubicado muy cerca del ayuntamiento (Placer, 4), tienen muchas mesas de dos, pero allí se puede afirmar que en absoluto tres son multitud. Tienen una mesa redonda grande que genera nuevas relaciones. Las personas que llegan solas a comer se pueden sentar allí y si aparece alguien más sin compañía y no les importa compartir espacio, tras preguntarles antes, les sientan juntos.

 De esa mesa social en la que caben siete, Beatriz cuenta que han surgido vínculos varios. Por ejemplo, unas chicas que ahora vuelven cada jueves y se conocieron así.

RODEADO DE NATURALEZA

Una de las características que define a una buena pareja es que sepan disfrutar juntos en cualquier sitio y de cualquier momento, pero, sin duda, hay lugares que invitan a hacerlo de manera mucho más romántica. Este es el caso del Hotel Rústico San Jaime, en Ourense, cuyo restaurante permite degustar los mejores productos de temporada en cada plato a la vez que está situado en un paraje privilegiado de la provincia ourensana, en la localidad de A Morteira (O Pereiro de Aguiar). Rodeado de naturaleza y acunado por el ruido del río Lonia, se encuentra esta casa del siglo XIX reconstruida. «Nuestro entorno es espectacular, lo que permite a nuestros clientes concentrarse exclusivamente en relajarse y olvidarse del estrés diario», explica Miguel González, propietario del alojamiento y del restaurante, al cual da nombre. El chef explica, mientras sirve un postre a base de castaña y limón, que siempre tuvo la ilusión de tener un restaurante diferente. Ahora lo ha conseguido, su local funciona a base de menús degustación, de siete o de once platos.

«Quiero dar una sorpresa gastronómica a mis comensales. Mariscos, carnes y pescados se combinan con productos propios de la temporada en la que estemos. Nunca sé lo que voy a servir hasta el propio día porque el alimento marca el plato y la comida tiene que ser siempre la mejor», afirma Miguel. Un lugar para enamorarse, con o sin pareja.

EL MERCADO DISCRETO

O Curro da Parra comparte con el Abastos 2.0 el título honorífico de pioneros en la cocina de mercado compostelana, pero estando ambos estrechamente vinculados a la Praza, uno destaca por su exhibicionismo callejero y el que nos ocupa por su intimidad. Está en la rúa Travesa, que ya dice bastante de su ubicación porque no es de las calles por las que se pasa. Hay que ir, y vale la pena, o eso opinan los santiagueses y visitantes que tienen apuntalada en lo más alto la reputación del proyecto que iniciaron hace casi una década Adrián Comesaña y Sergio Arias. En una discreta casa, la planta baja se presta más al chateo informal, mientras que el comedor, recogido y acogedor, está configurado inicialmente para mesas de pocos comensales. Es extraño encontrarse con grupos grandes de más de cuatro en el comedor, presidido por una espectacular lareira y una biblioteca que invita a hablar sin levantar la voz. La carta es perfecta para compartir a dúo. En su versión de otoño propone una decena de entrantes -desde empanadillas de gallo celta y queso de Arzúa a berberechos XXL- que se completan con media docena de platos, pescados y carnes, que se pueden servir también como media ración. Una invitación a probar la dimensión de la cocina de un local que desprende espíritu joven con un punto de sofisticación. Y no se suben a la parra con los precios.

 

OCHO MESAS ACOGEDORAS

No ha necesitado La Malquerida alardes de grandeza en cuanto a espacio para auparse a la segunda posición de los restaurantes vilagarcianos mejor valorados en TripAdvisor. La grandeza se reserva para la cocina, recatada solo en cuanto a tamaño.

Dos pequeños comedores en la planta superior y un par de coquetos rincones albergan las ocho mesas de las que dispone el local. ¿Suficientes? Quizá sí. Y es que La Malquerida ha sabido hacer de la necesidad virtud y adaptar su oferta a sus circunstancias, hasta el punto de convertirla en una de sus más apreciadas singularidades. Seguramente la intensidad y el mimo que se advierten en sus platos sería difícil de alcanzar en un formato de otras dimensiones. Las carnes gallegas y las verduras son el sustento de su propuesta. Siempre vinculada a la temporada. Cacheira de cerdo, platos de cuchara como los judiones de La Granja, garbanzos con oreja y chorizo o con cardo, o estofados y guisos de invierno se asoman estos días a sus sugerencias.

La pareja de la foto cenó una tabla de sardina ahumada con pimientos asados y queso cremoso de Lalín, carrilleras estofadas al estilo de la abuela (a fuego lento durante 5 horas), un bizcocho de especias con frutos del bosque y chocolate, todo ello regado con una cerveza y un tinto Rías Baixas. El precio, 15 euros por persona.

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