Banqueros, sacerdotes y políticos


No son buenos tiempos para preguntar por la clase política, ni por los banqueros, ni por los sacerdotes. De los primeros sabemos a esta hora que han sido incapaces de aplicarse el cuento sobre el que construimos la educación de nuestros hijos: hay que entenderse, hay que escuchar, hay que empatizar, hay que ponerse en el lugar del otro... Los banqueros tendrán que pasar siglos de penitencia para restañar las heridas que infligieron a los ciudadanos durante la Gran Recesión. En aquellos años de preferentes y especulación inmobiliaria se quebró una confianza básica de manera que hoy los bancos apenas son un mal necesario al que se recurre porque no queda más remedio. En cuanto a los sacerdotes, cada sentencia como la de la abadía de Montserrat horada un poco la tumba en la que habita la fe de Europa, desprendida cada vez más de ese catolicismo que fue fundacional y que hoy apenas es capaz de atender los desasosiegos de la modernidad.

Banqueros, sacerdotes y políticos son las profesiones que menos valoran los españoles. Lo desvela un estudio reciente de la Fundación BBVA en un ejercicio que constata las hechuras de una época que definitivamente ya no es lo que solía pero que todavía no se sabe qué será.

¿En qué momento ser banquero, conselleiro de Hacienda o arzobispo coadjutor dejó de ser un mérito para convertirse en un traspié que exige algún tipo de disculpa?

Frente a la desconsideración que hoy arrastra una portavocía en una comisión de Agricultura, hay otros profesionales que se pasean por las calles arropados por la admiración de sus congéneres. Son los médicos, los maestros y los científicos.

Los nuevos doctores, que llegan a la profesión después de una de las carreras académicas más exigentes del momento, trabajan en las peores condiciones laborales de los últimos años, con una precariedad insultante que muchas veces los empuja a la actividad privada o a la emigración. Los maestros pelean solos contra esa nueva «Edad Media en las aulas» que hace unos días denunciaba Andreu Navarra, profesor y autor del libro Devaluación continua. Y en cuanto a los científicos, la ausencia de compromiso institucional es flagrante, constante y transversal, a pesar de que todos los discursos políticos aceptan que, solo a través de la investigación, España podrá engancharse al convoy de las sociedades científicamente avanzadas y dejar de ser un Estado dependiente de lo que otros patentan.

Curiosos tiempos.

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