Cómo conectar con un adolescente

UNA CONVIVENCIA TRANQUILA ES POSIBLE. Depende de ti, de cómo sepas afrontar los conflictos y de tu manera de tratarlos. Sé humilde y adáptate a sus necesidades. Será todo mucho más fácil


La adolescencia no tiene por qué ser un trauma para padres e hijos. Se puede sobrevivir a este período tan convulso y salir triunfante. Una buena dosis de paciencia y humildad te ayudarán en este camino. Hablamos con Eva Bach, pedagoga, maestra y autora del libro Adolescentes. ¡Qué maravilla!, para que nos dé una visión positiva de este momento tan temido por algunos progenitores. «No solo se puede sobrevivir a la adolescencia, sino que se debe salir mejorado. Nosotros también debemos aprender de ellos», reconoce esta especialista que nos da las claves del éxito para tener una convivencia lo más tranquila posible.

APARCA LA INTRANSIGENCIA

La rigidez no ayuda. Debes tener en cuenta que la intransigencia te colocará en un callejón sin salida. Recuerda que tu hijo tiene muchos miedos, pero también pasión por vivir y te puede enseñar a conectarte de nuevo con la vida: «Si es que nosotros nos hemos desconectado. Si no es así, pues también les podremos ayudar muchísimo en ese despertar, pero para eso tenemos que estar conectados con nosotros mismos, con ellos, con la vida, con las realidades emergentes.... Los adolescentes siempre están más avanzados que nosotros. Y, por tanto, los instrumentos que hay en el mundo actual los manejan mejor. Solo podemos ayudarles si estamos dispuestos a soltar certezas, a hacer autocrítica, a cambiar», explica Bach que cree que «al adolescente eso le gusta porque está en cambio, y le ayudamos cuando nosotros también somos versátiles».

MIRA EN EL INTERIOR

Muchas veces solo se le exigen logros externos, como los académicos o ser los mejores en algún deporte. Todo eso está bien, pero lo más importante es que tu hijo se sienta bien consigo mismo y con los demás: «A lo mejor son chavales que tienen interés por lo social, hay cosas fuera de la escuela que se les da muy bien y nosotros siempre estamos valorando los logros académicos, los éxitos que se miden desde fuera, y tenemos que incidir más en que la felicidad está en el sentirte bien contigo, con las personas, con tu vida. Quien tiene esto claro se entenderá mejor con los adolescentes», indica esta pedagoga que considera que es muy importante que los niños hablen de sus sentimientos desde la niñez.

DESDE LA INFANCIA

En ese sentido, la infancia es clave para que el menor muestre cómo se siente. Y desde muy pequeños es recomendable «hablar de lo que le gusta, lo que le disgusta, lo que le entristece, lo que le ilusiona, lo que le hace bien o le hace mal, lo que le hiere». «La comunicación desde el corazón hay que empezarla desde muy pronto. Tenemos que tener esas conversaciones cuando son niños porque así nos conocemos desde la infancia y cuando sea un adolescente ya sabes cómo es, cómo se siente, ya lo conoces», comenta.

DEJA QUE EXPERIMENTE

Si quieres ganarte el respeto de tu hijo, no intentes domesticarlo: «Hay que dejar que experimente y hacer que de sus experiencias salgan aprendizajes útiles para la vida», indica Bach, que deja muy claro que esto no implica no poner límites: «Hay que marcar una frontera clara si hay peligro. Ahí se debe hacer una injerencia firme si está tonteando con algo peligroso, con sustancias, si está diciendo que no tiene ganas de vivir... Hay que atajarlo enseguida, buscar la ayuda que haga falta y no dejar de meterse».

ESCUCHA Y PREGUNTA

Saber escuchar y preguntar, te permitirá ganar autoridad: «Van a estar mucho más receptivos, si no utilizamos nuestra autoridad con tonterías. Cuando les escuchamos y les dejamos hablar, sin interrogatorios, y si se oponen a algo habría que emplear expresiones del tipo: ‘Entonces, ¿tú qué harías?‘. En las cosas que son negociables, luego hay otras que son peligros claros, que no van a ser negociables», afirma esta pedagoga que cree que la comunicación con el adolescente irá mucho mejor si se le trata siempre con respeto: «Si yo te hablo bien, tengo derecho a pedirte que tú me hables bien», afirma.

MANTÉN LA CALMA

Cualquier cosa que diga, no te puede sacar de quicio, pero ¿cómo reaccionar ante las malas contestaciones?: «Tengo que ser capaz de decir: ‘Así no, cariño. A ver, dímelo de otra manera. Seguro que me estás queriendo decir algo que te preocupa, pero no encuentras una buena forma de decírmelo‘. Hay que hacer todo este diálogo, ver lo que hay detrás y evitar sermones: ‘¿Cómo me dices eso? Es que desde luego, a tu madre... Es que cada vez me hablas peor...‘, le rayamos y ya no escuchan nada. Y cuando encuentran una forma adecuada de decir algo, hacérselo saber: ‘Así, sí, oye fantástico, muy bien cómo me lo estás diciendo‘», responde esta especialista en adolescentes.

PADRES, NO AMIGOS

Los expertos sitúan la adolescencia álgida en torno a los 14 años, pero desde que se inicia la pubertad hasta la postadolescencia, tu hijo puede vivir siete años en este carrusel de emociones. De ahí, la importancia de los padres a la hora de ayudarlos en este camino que inician hacia la edad adulta. Pero eso no significa que nos convirtamos en sus colegas: «No hace falta ser amigos, lo que sí hace falta es mantener actitudes amigables con ellos», asegura Eva Bach.

CÓMO SABER SI ALGO VA MAL

No es fácil detectar si algo va mal en la adolescencia de tu hijo: «Que esté siempre con baja energía o que esté todo el día activado, que no pare ni un momento, no es normal. Pero luego hay indicadores que son bastante fiables y es cómo tratan ellos a las personas que no somos los adultos de referencia. Si un adolescente discute en casa, pero es capaz de ser respetuoso con sus abuelos, con sus tíos, con los vecinos o en el colegio no tiene problemas grandes -alguno puede tener porque alguna transgresión se puede dar en la adolescencia y es bueno-, podemos estar bastante tranquilos. Si de vez en cuando nos sonríen mirándonos a los ojos, si se acercan a explicarnos algo, nos buscan para contar o preguntar algo... Todo eso son indicadores de que no hay de qué preocuparse», explica Boch que sí ve motivos de preocupación si hay «un alejamiento de todo y de todas las personas que han formado parte de su vida hasta entonces y les falta vida y alegría». En esos casos, lo primero es hablar con otros adultos cercanos al menor para saber si también perciben esos cambios. Si es así, hay que buscar ayuda profesional y hablar con él.

LAS PANTALLAS

Todos tenemos una realidad presencial y otra digital. Los adolescentes, también: «Hay que tener muy en cuenta que los adolescentes lo que buscan en las pantallas es básicamente lo que buscamos todos: comunicación y reconocimiento. Cuanto menos encuentren ellos en su realidad presencial esa comunicación y ese reconocimiento, más van a buscarlo en la realidad digital. Por tanto, tenemos que asegurar que los adolescentes cubran sus necesidades también en su realidad presencial», explica Eva Bach, que es partidaria de dosificar y controlar la presencia de los adolescentes en el mundo digital.

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