«Supe que estaba embarazada a los 8 meses»

EL EMBARAZO-MILAGRO DE ANA ESPERANTE Sin apenas barriga, ni náuseas, ni ardores, ni interminables debates sobre el nombre del bebé. Ella pensó que estaba premenopáusica, el doctor le habló de un «posible tumor abdominal», pero resultó ser una preciosa niña que se llama Uxía


Parece un cuento de Navidad pero ocurrió de verdad en A Coruña. La historia comienza cuando Ana Esperante tiene 47 años y un hijo de 20, llamado Brais. Hace mucho que los pañales y las cunas han desaparecido de su vida. Ella y su marido Juan Martínez descartan tener más descendencia. Dos años después, el matrimonio posa feliz junto a la inesperada Uxía. La segunda hija llegó a sus vidas casi sin darse cuenta.

Nos situamos en el mes de agosto de hace dos años. Aquel verano, preocupada por su estado de salud, Ana Esperante decide ir al médico. Ella desconocía que en su vientre ya latía la vida de un ser humano, pero sentía que su organismo no funcionaba al 100 %. Se encontraba mal, siempre estaba cansada, no tenía apetito.... «Tenía faltas de la regla pero, por mi edad, pensé en una premenopausia. Sin embargo, fui a la consulta y me dijeron que podía tratarse de un tumor abdominal», rememora Ana. Imagínense el disgusto. Se le cayó el mundo encima. Le encargan las pruebas médicas pertinentes pero, en el medio, su madre cae enferma y Ana decide centrar toda esa energía de buena hija en su progenitora. Lo suyo podía esperar.

¡A LA MATRONA YA!

Un mes después, nuestra protagonista decide volver al médico para contarle lo que está pasando dentro de su cuerpo. Algo se abre paso de manera irrefrenable en el interior: «Doctora, es que ¡este tumor se mueve!». Le hacen una prueba de embarazo y le dan la feliz noticia: «No estás embarazada. ¡Estás embarazadísima! Como poco, estás de 31 semanas. Tienes que ser revisada ya por la matrona».

Esperante se enteró de que estaba embarazada en el tercer trimestre del proceso de gestación; comiendo de todo y sin privarse de hábitos nocivos como el alcohol o el tabaco. Seguía usando la misma ropa, apenas sí tenía una hinchazón en la barriga. «Yo andaba así por Pastoriza. Con el mismo pantalón que llevo ahora puesto. Empecé a decir que estaba embarazada, porque no se me notaba: ‘¿Y de cuánto? ¡Pues de ocho meses!’».

En cuanto se vuelve consciente de que está a punto de convertirse en madre, llega la fase en la que hubo de hacerse de urgencia todas las pruebas y análisis que tenía pendientes. Es el peor momento de toda esta historia. Le dicen que, dadas las circunstancias, hay un 90 % de posibilidades de que el bebé nazca con algún problema. Ana tiene 47 años y durante el embarazo no ha seguido, precisamente, las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. «Comí de todo lo que no se puede comer en el embarazo, carne cruda y de todo», explica, con total sinceridad. Pero lo peor es que Ana es hipertensa. El riesgo se incrementa. «En cualquier momento el bebé se muere», le dicen. Se le empieza a secar el líquido amniótico y le programan el parto para el 7 de noviembre en el Materno. «En el quirófano estaban los de neonatos y todo el equipo médico del hospital». Al momento de nacer ya le dijeron que Uxía está perfecta. 1.800 kilos y 4 centímetros, pero desnutrida. Y su casa volvió a llenarse de pañales, chupetes, el cochecito, la cuna, la trona y el olor a colonia de bebé. «La gente me decía: Que lo llevabas, ¿en la mochila?».

Hace más de veinte años que Cesarino Pistola, italiano, y Carmen Grille, gallega, abrieron La Favola, en A Coruña, un pequeño local en la Avenida de Finisterre donde degustar cocina italiana de la de verdad. En 1996, el mismo año de su apertura, entró a trabajar Ana Esperante como ayudante de cocina y, tras el fallecimiento de Cesarino en el año 2000, ella fue la que se hizo cargo de los fogones. Aunque no de la gestión; eso llegaría más tarde. Durante 17 años, serían Carmen y su hermana María las que sacaron adelante el negocio. En el 2017, con el mismo espíritu familiar con el que se fundó, y con el que las hermanas Grille lo llevaron durante tantos años, Ana y su marido Juan recogieron el testigo y hoy son los felices propietarios de un negocio con historia. Y padres de dos hijos que se llevan ¡20 años! Así termina esta fábula con moraleja. Cuando menos te lo esperas, ¡todo sale bien!

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