La Sara Carbonero gallega

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Dice que su pasión por los Mundiales no es de ahora. «Mi padre nos compraba a mi hermano y a mí los libros oficiales del Mundial y jugábamos a estudiarnos los nombres de cada selección, de ver las aptitudes de los jugadores… Soy la mítica de ir enfundada de arriba abajo con los colores de la Roja», comenta desde Rusia María Lamela Morado, a la que todos llaman Coty. Tiene 26 años, es de Vilalba y los más futboleros la reconocerán porque fue la joven a la que las cámaras enfocaron durante bastante tiempo al término del partido de España frente a Portugal. Coty forma parte del equipo de Telemadrid que cubre el acontecimiento deportivo, pero dice que su trabajo consiste en encontrar historias de españoles que vienen al Mundial, narrar el ambiente de antes y después de los partidos… «Esta semana me invitaron a una boda rusa y hasta me van a hacer un espectáculo de cosacos», me cuenta con mensajes de texto y voz de whatsapp. Vilalbesa «de toda la vida» afirma que «emigró» a A Coruña con 17 años. «Estudié Audiovisuales y me fui de Erasmus a Italia y de Séneca a Madrid, donde hice un máster de reporterismo», relata. Su aventura rusa va a durar lo mismo que la de nuestra selección. «Así que todo se decidirá el lunes en Kaliningrado», afirma esta gallega de Mundial que, eso sí, tuvo pocas oportunidades de estar con los jugadores. «Los tienen enclaustrados, con lo que solo tengo acceso a ruedas de prensa. Me da pena, aunque tengo la suerte de conocer a los grandes de la prensa deportiva y de ver los partidos de la selección en directo», destaca esta joven reportera que habla maravillas de los rusos. «Los soviéticos son gente superamable y atenta. Yo y mi equipo vivimos con ellos anécdotas de todo tipo como si de una película se tratase», asegura Coty, la Sara Carbonero gallega. Eso sí, que yo sepa no tiene un novio tipo Iker Casillas.

POR PONTEDEUME

Hacía tiempo que no iba y pasé una mañana fantástica. A las doce del mediodía del domingo pasado había más gente en Pontedeume que en la mayoría de localidades de tamaño similar. Pruebas de niños en bicicletas, tirolina gigante, campeonato de ajedrez en plena calle y las terrazas llenas desde primera hora. Probé unos churros bastante buenos en la chocolatería El Puente y charlé durante un rato largo con la encantadora dependienta del establecimiento Campo Capela, situado al lado de la parada de taxis. Compré un queso de pimentón y chorizo que le gustó más a mis hijos que a mí, y alguna cosa más. Pero lo que más me llamó la atención es que casi todo lo que había en la tienda era gallego. Variedad, envasados atractivos, marcas de la tierra que apuestan por la calidad.... Sentado ante el televisor para ver un partido del Mundial y con el aperitivo que compré en Pontedeume no envidié nada a Coty.

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