«Adelgacé 80 kilos en un año»

AÑO NUEVO, VIDA NUEVA Para ellos el 2018 comienza de otro modo. La vida los ha cambiado y tienen por delante el reto de seguir avanzando. Hablamos con varias personas que han conseguido hacer de este año un milagro.

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Toni Grille tiene 38 años y a esta edad ha descubierto que es otro. Se ha transformado tanto que empieza enero bajo otra piel y ha comenzado también a ver el mundo desde otra perspectiva. «Ahora soy capaz de ver a la gente gorda», me dice nada más sentarse en una cafetería para contar su historia. La suya es de las que impresionan y de las que abren los ojos con admiración. «Hace un año y medio pesaba 160 kilos, no podía agacharme a atarme los zapatos, no dormía bien, me sofocaba por todo y cualquier movimiento mínimo, desde ducharme hasta ir al baño, me costaba un mundo». Así empieza su relato, delante de una consumición de agua mineral, a pesar de que lo tiento a una tapa de callos y una de tortilla. «Comer esta comida no sería problema, a estas alturas sé cuál fue mi error durante años y lo que me llevó a engordar tanto», explica. A su lado, Ana Golpe, su nutricionista durante todo el proceso, pone el dedo en la llaga. «Yo conocía a Toni de otra ocasión en la que vino a hacer dieta hace casi diez años, entonces bajó 50 kilos, pero yo aún no tenía la experiencia de ahora y en ese momento hicimos algo mal: no trabajamos bien el mantenimiento y, la verdad, cuando lo volví a ver en la consulta con 160 kilos me sentí fracasada. De modo que los dos hemos aprendido mucho juntos», apunta.

Cuando Toni se decidió a comenzar de nuevo tuvieron que usar una báscula industrial para pesarlo, esos 160 kilos que marcaba la aguja los llevó a los dos a tomar la determinación de que lo importante en esta segunda vuelta era el mantenimiento y cambiar definitivamente la forma de comer de Toni. Por eso -añade Ana- «era muy importante que no tuviera ansiedad, que no fuera una dieta muy estricta y que siguiera manteniendo su vida social, que saliera, porque además a Toni casi había que tratarlo como a un adicto». «Yo al día podía tomarme cuatro litros de un refresco azucarado muy conocido; antes de dormir me iba para la cama con una botella de dos litros y me la tomaba sin problema; me alimentaba a base de fritos, hamburguesas, alitas de pollo, bollería industrial, así que mi sobrepeso estaba relacionado directamente con un exceso de comida y bebida basura», indica. De hecho, después de haber adelgazado 50 kilos hace diez años, el «error» de Toni fue el exceso de confianza y la recaída en ese tipo de productos. «Recuerdo que entré en el súper, después de aquella dieta, y como me sentía bien, compré una caja de unos bollos. Después del primero, me tomé el segundo, y a los dos minutos había acabado con la caja. Ahí empezó mi recaída, como un adicto al tabaco que se fuma uno y detrás viene la cajetilla completa», explica.

Aunque le daba muchísima vergüenza regresar a la consulta de Ana, porque sabía que él había fallado, a su vez no contemplaba ponerse en manos de otra profesional. «Cuando entró por la puerta nos sentamos dos horas para conocer bien los errores que ambos habíamos cometido y lo que queríamos cambiar», señala Ana. Así que su dieta -Toni solo adelgazó a base de dieta- fue comer «casero», abandonar todo el exceso de grasa y azúcares y hacer un poco de ejercicio: caminar cinco kilómetros al día. «Yo no fui un niño gordo, fue cuando comencé a trabajar, me abandoné y fui cogiendo peso, hacía una vida sedentaria y al final entras en bucle, de tan gordo solo te apetece estar tumbado o dormir y te vas aislando en ese tipo de vida. Yo me echaba siestas de 4 horas», relata.

Para evitar fuertes bajones psicológicos, porque hacer una dieta de este tipo requiere una gran voluntad, Ana le recomendó relax: «Me acuerdo que le dije: ‘Si quieres comer un bizcocho, cómelo; no pasa nada, pero que sea casero. Lo importante es que dejara los fritos y la bollería. También le quité el pan y le obligué a desayunar, porque está demostrado que aquellos que no desayunan aumentan de peso, porque ingieren más a la hora de comer. Hacer dieta es muy difícil, yo tengo clientes que prefieren correr un maratón antes que dejar de comer; que se machacan a correr para quemar las calorías antes que empezar una dieta». «Tenemos que cambiar ‘la cabeza’ de la persona, que abandone unos alimentos y que incorpore otros, pero en su caso me interesaba que fuese poco a poco, lentamente, para que no volviera a recaer», avanza Ana, que nos apunta la dieta. «Por la mañana, podía tomar dos tostadas, zumo, fruta y un café; a media mañana, una fruta; al mediodía: pescado, carne (incluso carne asada) y verduras en cantidad; en la merienda también una fruta, y la cena, siempre ligera: ensalada, pollo, pescado...», concluye. Toni adelgazó durante la primera semana algo más de ocho kilos, y a partir de ahí unos 3 o 4 cada semana, por eso Ana decidió incorporarle desde el comienzo complementos de vitaminas y un batido de proteínas, para que no le quedara la piel flácida.

EL PEOR MOMENTO

¿Cuál ha sido el peor momento? «Sin duda, empezar es lo más duro», señala Toni, aunque también le asoma la nube de volver a recaer. «Date cuenta de que yo era un adicto, adicto a una determinada bebida, jamás tomé alcohol, pero sí ese refresco en grandes cantidades, pero en mi casa seguía habiéndolo. De tal manera que yo soñaba que lo tomaba, y al día siguiente por la mañana creía que me había levantado a beber y eso me torturaba», indica.

Toni, que ahora pesa algo más de 80 kilos, llegó a bajar hasta los 76, pero fue Ana quien precisamente lo alertó de que «se estaba pasando: «Le reñí porque lo vi demasiado delgado y eso tampoco es bueno; puedes volver a recaer si te confías demasiado, ese es el verdadero peligro». «Yo estoy tan mentalizado que cuando entro en el súper me pongo metafóricamente el cinturón de seguridad. No puedo pasar por determinados pasillos ni pararme a mirar gominolas o determinada bollería, tengo que pasar de largo porque esa comida fue la que me causó el sobrepeso», dice quien se ha transformado en un hombre nuevo. «Hace poco me hice la revisión médica en el trabajo y la doctora no me conocía, tuvo que preguntarme si era yo, el Antonio de los 160 kilos de hace un año». «Y hasta el señor de la pastelería a la que yo iba con mucha frecuencia me dijo: ‘Eras mi mejor cliente, pero ¡tengo que felicitarte!». Ese cambio radical le permite ahora jugar con sus primos en el parque, ir a la playa y por supuesto verse en bañador. «Hacía muchos años que no me lo ponía, no era fácil. No era fácil tampoco encontrar ropa para mi talla, pero mira, porque cerró Interviú que si no podía ser portada», bromea. «Cuidado -le respondo-, que aún puedes serlo de YES, como te vengas arriba»...

80 kilos de diferencia

Por cierto, ¿con ese sobrepeso notaste rechazo por parte de la gente? «No, no -señala Toni-; en general yo no vi esa mirada, tuve relaciones igual más y menos gordo [ahora no tiene pareja], pero sí es cierto que solo cuando adelgacé yo fue cuando comencé a ver a la gente gorda, antes no me daba cuenta».

Para Toni este 2018 arranca siendo otro. ¿Cuál es el verdadero reto?, le preguntamos. «Mantenerme así y no volver a consumir -aclara rápidamente-, tengo delante un bol de patatas fritas y sé que puedo tomar una o dos si compartimos, pero yo no puedo volver a comprar un paquete para mí». Toni hace unos meses que ya no tiene que ir a la nutricionista, pero sabe que Ana estará siempre ahí apoyándolo: «En los veinte años que llevo trabajando no había visto un caso así; Toni es único, su fortaleza es única, es todo un ejemplo». «Ahora soy otro -concluye- , soy un hombre feliz».

«¡En abril me voy a la media maratón de Berlín!»

Quien ose desafiar a este ourensano de pro debería saber de antemano que tiene el reto perdido. Ni siquiera con la resaca de su boda encima, mostró el mayor signo de debilidad. «Me casé el pasado noviembre y en la comida del día después varios amigos y familiares me salieron con aquello de ‘Miguel, hay que bajar de peso’». Lo que no esperaban Gustavo, Giovanni y el resto de la pandilla era que Miguel dijese que sí a su intento de pique: «¡Nos vamos a la media maratón de Berlín el 8 de abril!».

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 El mayor mérito de este desafío es que Miguel no hacía deporte. Ni un poquito. «Yo siempre he sido más de música o de escribir. La mayor relación que tuve con el deporte fue ser vicepresidente de una escuela de fútbol», se ríe. Pero Miguel, ni corto ni perezoso, se ató las zapatillas con fuerza. «Mi mujer me equipó, sabe cómo soy y que cuando me planteo algo lo hago. Mis amigos, expertos runners, me recomendaron dos aplicaciones que sigo a rajatabla. Ahora mismo hago 7 kilómetros diarios en buenos tiempos. Tengo la cabeza bien amueblada». Lo dice firme, porque a sus 43 años mira hacia atrás y aún ve como hace diez hizo otra «machada». «Con 33 y sin estudios, me planteé formarme, me puse a estudiar y ahora tengo dos carreras y hablo seis idiomas», sentencia un hombre que corretea sin faltar a sus citas por el paseo de Barraña, en la localidad coruñesa de Boiro.

«Hay personas de mi familia que creen que estoy loco. Pero yo no quiero hacer marca en la media de Berlín ¡Quiero acabarla! Además, a eso se une que mis amigos están dispersos por todo el mundo. Esto nos da la oportunidad de vernos en cualquier punto y correr». A Alemania se van a llevar a sus familias. Ya tienen todo: inscripción, viaje y alojamiento. E incluso apoyo divino. El cura que le casó es otro de los runners del grupo de Miguel. «Yo soy el mayor y el que no tiene ni idea de deporte». Este comercial de cocinas de lujo ya tiene calculado que dos semanas antes de la cita en Berlín habrá completado su entrenamiento. Mientras, ya se ha probado en dos carreras populares en A Coruña. «Correr engancha mucho. Me da libertad y voy a seguir haciéndolo. Además, voy a correr en una ciudad como Berlín. He vivido allí. ¡Es espectacular!».

 «Cambié de vida por amor y estoy a punto de abrir mi atelier»

Aunque así, a priori, parezca desconcertante, la foto de Lorena y Cristian resume sus dos mundos. Una historia de amor en la que moda y electricidad se fusionan inesperadamente en este vestido creado por ella y que está repleto de flores con luces de LED. Lorena es una diseñadora brillante (valga la redundancia), y muy precoz. Le gusta vivir deprisa, pero con buena letra. A sus 24 años está a punto de abrir su propio atelier en A Coruña, al que llamará Trece Razones, y a los 16 diseñó su primera colección, que era de tocados. Natural de León, en el 2015 vino a parar a Galicia para participar en la Mostra do Encaixe de Camariñas. «Y eso que no conocía nada, ¡ni el encaje!», asegura. Cuando se inscribió en la muestra y pidió el encaje fue cuando lo apreció, y le sirvió para crear una colección de lencería inspirada en los años 80. «Me escogieron como finalista», recuerda. Y fue entonces cuando conoció a su novio, Cristian.

EN LA PUERTA DE UN BAR

«Un día salí a tomar algo en el bar del pueblo con unos compañeros diseñadores que participaban en la muestra. Mis amigas salieron a fumar y hablaron con Cristian. Yo me cansé de estar dentro y también salí. Así nos conocimos», cuenta Lorena, que dice que el destino quiso que al día siguiente él fuese elegido aleatoriamente como jurado del público y le diese a ella la máxima puntuación, «ya sabes, para entrar por el aro», comenta. Lorena y Cristian siguieron quedando, pero pocos días después ella tenía que irse para León y para Italia, donde trabajaba en ese momento. «Él vino a verme a Italia, luego a León y después ya me fui yo para Camariñas. Ahora vivimos en A Coruña, donde estudié Diseño de Moda. Ya tenía el título de profesora de corte y confección, pero quería seguir avanzando», afirma. Y vaya si avanzó. Y eso que su padre, dice, aún sigue digiriendo que dejase de ayudarlo en la empresa familiar -un negocio de ferretería- para lanzarse a los brazos de la moda y de ese gallego con el que solo llevaba seis meses. «Pero tiene que ser», añade ella.

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Su atelier abrirá las puertas en febrero, en pleno Parque Europa. Y lo de Trece Razones no es por la serie. «Yo lo pensé antes», indica. Porque en realidad, se trata de las trece razones por las que ella considera que «una mujer debe conservar siempre su feminidad y su elegancia». Lorena nos explica que son sus razones las que ponen nombre a cada colección: «Coco Chanel dijo: ‘La mujer se define en cinco palabras: belleza, poder, inteligencia, seducción y estilo’. Ahora sigamos lo que ella dijo añadiendo que una mujer no solo se define con cinco palabras, sino que también es glamurosa, discreta, sencilla, elegante, pura, eterna, líder y, sobre todo, desprende vida». Inteligencia es la colección en la que quiso fundir su mundo y el de Cristian, Seducción es la que puso nombre a la lencería que presentó en la Mostra do Encaixe de Camariñas y Estilo es la que va a presentar ahora en la Samsung Ego Fashion Week.

«El 13 viene por todo lo bueno que me ha pasado en día 13. En León vivía en el número 13, yo nací un 13... y hasta Cristian me dio la sorpresa de decirme que ya no viajaba más -tuvo una época movida- y que se quedaba en A Coruña un 13 de octubre», asegura. Aquí tienes sus trece razones, ¿pero qué pasará cuando haga las trece colecciones? Ya tiene algunos planes para ampliarlas: «La 14 se llamará Vera. Es una prima de Cristian que nació este año pasado, el 13 de septiembre, que es además el día de mi cumpleaños. Ella es mi razón número 14». Será por razones para seguir siendo feliz... Aunque de momento, todos sus planes son profesionales. ¿Todos los pasos de este año son de trabajo, no hay boda?, le pregunto. «De momento son profesionales, a no ser que me lo pida. Además, mi vestido ya lo tengo diseñado», deja caer. ¡Cómo no!

«De non ter fillos a telos cambia todo»

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Mateu dio un giro de 180 grados a la vida de los cocineros lucenses Belén Gayoso y Santy Almuíña, que dejaron temporalmente de lado los fogones del mesón Colón -él sigue a media jornada y ella los dejó hace un mes- para poder disfrutar de los primeros días de su primogénito. Nació a las cinco de la tarde del día 9 de enero, en el hospital Lucus Augusti. Su llegada al mundo ha obligado a sus padres a plantearse ya la necesidad de cambiar de vivienda porque en el piso en el que están no cabe todo lo que precisa un bebé. La mudanza no será la única decisión que lleva aparejado el cambio de estatus de pareja sin hijos a incorporar un bebé a sus vidas.

 

Los horarios de los chefs los marca ahora el reloj biológico de Mateu; sus tomas, el cambio de pañal, los baños y el tiempo que dedica al sueño. «Son consciente de ao que me enfronto», aseguró Belén Gayoso días después del parto. «Sei que vai ser duro por momentos, pero asumible. Temos que coñecernos un ao outro e iso leva o seu tempo».

EXPERIENCIA LIMITADA

La experiencia de la pareja en el mundo de los bebés se limitaba, hasta ahora, a los hijos de los amigos. «Píllanos de novo e sen entrenamento -reconoció la madre- pero sempre tiven instinto maternal e véxome con forzas». «Veu nun bo momento e é moi desexado», coinciden. «Non sabemos aínda moi ben como imos facer. Iremos vendo sobre a marcha porque non temos nada programado», insistió.

La primera noche en el hospital, después de un parto natural, sin epidural, que mantuvo 48 horas sin dormir a la pareja, fue la más difícil. «Estaba supercansa ao mesmo tempo emocionada. Ademais, como o parto foi tan longo tivemos que mirarlle a febre cada pouco». En las siguientes ya se fueron acoplando a las necesidades del bebé. «Agora colleu un bo ritmo», señaló.

Padre y madre hacen un buen equipo, según reconocen. Uno le dedica a las necesidades del bebé la mitad de la noche y el otro asume sus responsabilidades en la segunda mitad. Ya no duermen como hacían antes, sin preocupaciones ni interrupciones. «Agora -señaló Belén- descánsase doutra maneira, sempre atentos ao que fai Mateu».

Dependen ahora el uno del otro a la hora de atender las necesidades del pequeño. Si Belén precisa salir a dar un paseo para tratar de deshinchar las piernas, que aumentaron de volumen con el embarazo y desconectar, tiene que quedarse Santy al cargo de Mateu.

Las cenas y las salidas nocturnas con los amigos hace ya tiempo que las tuvieron que eliminar de la agenda. Lo hicieron coincidiendo con el embarazo. Por este motivo y, al menos por el momento, no echan de menos aquellas veladas, que esperan recuperar una vez que se acople la familia y se adapte a la nueva situación.

«De non ter fillos a telos -asegura la madre- cambia todo: os horarios, o traballo, o ritmo...». Hasta hace un mes, en que ella cogió la baja maternal, Belén Gayoso y Santy Almuíña compartían los fogones del Mesón Colón, que puso en marcha él, en Nadela, en las afueras de Lugo. Ella trabajó antes durante años en el restaurante Paprika, en el casco histórico de Lugo, y los sábados por la mañana hacía sushi en un puesto de pescado de la plaza de abastos.

PAPILLAS GOURMET

Belén Gayoso quiere permanecer al lado de Mateu, que ya tiene su propio gorro de chef de lana, el mayor tiempo posible, antes de reincorporarse al restaurante. Quiere darle el pecho hasta que pueda. Cuando empiece a tomar papillas, será un privilegiado, con toda seguridad. Su padre y su madre tienen amplia experiencia en los fogones y en la cocina experimental y de vanguardia , que ahora podrán practicar en la alimentación del niño. A juzgar por la trayectoria del chef, el pescado fresco figurará en su dieta. En la carta del restaurante de Nadela nunca faltan las capturas de temporada que proceden de la zona de la que es natural Almuíña, la costa de Lugo. A la hora de seleccionar productos, los pescados y los mariscos de A Mariña están presentes siempre en la primera línea.

El haber sido padre también influirá en los viajes del cocinero, que ha llevado sus recetas desde Londres a Asia con Galician Gourmet Extravaganza. Antes de embarcarse en un proyecto de estas características, posiblemente tendrá que pensárselo dos veces, al menos por el momento.

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