¿Por qué está tan de moda viajar a Japón?

El país del Sol Naciente atrae cada año a más turistas españoles. La mitificación tecnológica, los neones, el anime, la moda, los templos, el sushi o las geishas son algunos de sus puntos fuertes. También los billetes más accesibles. Japón deja huella, pero no es la que te imaginas ni la que más se publicita.


«Es como aterrizar en otro planeta». Esta es la descripción reina cuando se pregunta por Japón a algún turista recién llegado. Sin duda, el país del Extremo Oriente vende esa imagen que fusiona a partes iguales lo exótico con lo futurista, la tecnología de Akihabara con las geishas de Kioto, las salas recreativas dedicadas al arcade con los baños de bosque por receta médica, los hoteles cápsula con los ryokan y los onsen, la soledad en la megaurbe de Lost in Translation con la oda a las raíces de El rumor del oleaje. Lo cierto es que cuando se deja atrás el aeropuerto para pisar Tokio, domina esa extraña sensación de que no es de este mundo. Las aceras impolutas a pesar de no contar con papeleras, el silencio dominante en el tren, el orden en las calles por las que transitan millones de personas, las filas que surgen de forma innata, los escolares que regresan solos a casa en el metro o la tranquilidad de saber que la mochila seguirá ahí aunque te despistes no parecerían, a priori, los atributos idóneos para describir una capital de más de 13 millones de habitantes, 35 con el área metropolitana. Es el factor humano nipón. «En general, a los turistas les fascina la amabilidad de la gente», corrobora Luis Rodríguez, coautor de Japonismo, uno de los blogs referentes en español. Entre el 2013 y el 2016 los turistas procedentes de nuestro país han pasado de no llegar a los 45.000 a rozar los 100.000. «Todo este interés ocurrió sin que hubiera grandes facilidades, no había vuelo directo entre Madrid y Tokio hasta hace poco. La oficina nacional de turismo japonesa abrió sede en Madrid el año pasado», añade Laura Tomás, de Japonismo.

España es el quinto emisor de visitantes europeos a un país que en siete años ha cuadruplicado las cifras de turistas, siendo la mayoría de ellos asiáticos, sobre todo de China, Corea del Sur o Taiwán. Con la mirada puesta en las Olimpiadas del 2020, esperan dar el salto de los 21 millones de turistas actuales a los 40. «El Gobierno se ha dado cuenta de que el turismo puede ser una industria puntera con la que conseguir aumentar el PIB», explican desde el blog. El aumento del número de vuelos, ahora también más asequibles, la depreciación del yen, los letreros de información en inglés o fenómenos como Airbnb hacen posible lo que antes era para muchos un lujo asiático.

Lo que no dicen las guías

Pero, para el que espere encontrarse solo con neones y grandes pantallas en edificios infinitos, Japón es mucho más que eso. «Sin duda hay mucho mito. Al final es un país que pasó dos siglos y medio cerrado a influencias extranjeras, se modernizó rápidamente y sufrió luego una devastación tremenda en la II Guerra Mundial, teniendo que reinventarse por completo», explica Luis Rodríguez. «Cuando tomé el primer tren a Osaka -continúa-, al mirar por la ventana, solo se veían casas bajas, colocadas casi al azar, sin planificación urbana alguna. Fue una especie de shock, como un despertar y decirme a mí mismo: ‘Japón no es lo que esperas, prepárate a sorprenderte’». En el país de Blade Runner el sumo es el deporte nacional, contemplar la belleza de las flores tiene nombre propio, hanami, y los rascacielos no han barrido a los yokocho, los callejones a los que acuden a cenar en las izakayas, alejados de las aglomeraciones, los tokiotas. «Es lo que termina de darle encanto al país, encontrar los aspectos más mundanos», dice Laura, que concluye: «Es un destino que enamora. Todas las personas con las que hemos hablado dicen que, nada más regresar de allí, ya están pensando en volver».

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