¿Por qué cada vez se casa más gente en Navidad?

ESTO SÍ QUE ES UN SÍ QUIERO EN EL ÚLTIMO MOMENTO Cada vez más novios eligen estas fechas para la boda. ¿El motivo? Tienen a toda su familia unida, no hay codazos para encontrar sitio, sale más barato (excepto algún marisco) y la fiesta de Fin de Año está asegurada.

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Quecha y Álex decidieron pasar por la vicaría tras quince años de noviazgo. El día elegido: un 26 de diciembre, en plena resaca navideña. Aunque pueda parecer una locura, era la mejor fecha para poder reunir a todos sus seres queridos y especialmente a Sabela, testigo de la novia y residente en París, que no podía faltar a la cita. De esta forma, les ahorraban otro viaje en verano. Hasta Galicia volaron invitados desde Roma o México.

Estos novios coruñeses contrajeron matrimonio en una iglesia también muy coruñesa: la parroquia de San Jorge. Curiosamente, cuando empezaron con los preparativos descubrieron una coincidencia de esas que parece dictar el destino: los abuelos de Quecha se habían casado ¡un 26 de diciembre!, aunque unos cuantos años atrás (desgraciadamente, la abuela de Quecha falleció hace unos meses).

Desde el principio lo tuvieron claro. Dejaron la puesta en escena en manos de profesionales. «Tamarola Wedding nos ayudó con todo. Yo las conocía hace tiempo. Del barrio. Y la verdad es que contar con su apoyo fue genial». El belén montado en el altar y las flores blancas de Pascua dieron el aire navideño a la ceremonia religiosa. «También pusimos nuestro toque personal: los pétalos iban en unos cucuruchos de estampado de pentagrama -Quecha es profesora de música en Primaria- y una de mis mejores amigas, que es profe de Piano, nos regaló un cuarteto de cuerda que, por supuesto, tocó algún villancico», cuentan los novios. El convite se celebró en un pazo, adornado con grandes velones y un imponente árbol de Navidad. De la carta se encargaron el novio y el hermano de Quecha, «son de buen diente -dice la novia- y optaron por un menú muy gallego con producto de temporada: carne con puré de castañas, rodaballo y helado con queso San Simón».

NO CAYÓ NI UNA GOTA

Si algún novio o novia en ciernes está pensándose lo de casarse en Navidad por eso de pasar frío, que no cunda el pánico. Quecha y Álex tuvieron en el tiempo a su mejor aliado: «No cayó ni una gota. Hasta me tuve que quitar la chaquetilla y no me privé de escotazo en la espalda».

Cuando estés leyendo este reportaje, otra pareja, la formada por José Manuel y Nuria, estará en capilla, como los toreros... Llevan ya unos días en Galicia -viven en Madrid-, aclimatándose para la ocasión y es que se casan ¡mañana, 31 de diciembre! «El verano pasado hablamos de boda, un familiar nos dijo que había ido a una en Fin de Año y que se lo había pasado genial. Preguntamos a familiares y amigos qué les parecía la idea y nos dijeron que así ya tenían plan para esa noche», asegura el casi marido de Nuria. «Es verdad que alguno dijo ¡menuda fecha habéis elegido! Quizás la gente mayor sea más reticente. El resto, encantados porque en verano es más fácil que la gente tenga otros compromisos».

Más de ciento treinta invitados les verán darse el ‘sí quiero’ en El Cenador de Cambre. Un enlace por lo civil en el que no faltará el tradicional cotillón y el chocolate con churros para reponer fuerzas entrada la madrugada. «Estaremos atentos al reloj, porque cuando llegue la medianoche veremos las campanadas en una gran pantalla instalada para la ocasión». Sin duda, será una boda fuera de lo común. Y, aunque la previsión apunta a lluvias, poco durará el paisaje invernal en sus primeros días de casados: Zanzíbar será su exótico destino de luna de miel.

La empresa que se encargará de organizar el evento, Josmaga, es la primera de Galicia en volumen de bodas. «Tranquilamente nos ocupamos de unas doscientas cada año», -hace cálculos Manuel Díaz, uno de los gerentes- «y confirmo que en los últimos dos, tres años, el número de bodas navideñas va en aumento. Pero nunca hemos tenido tantas como este. El día 30 de diciembre tenemos una, y tres el día 31». Aunque para estas firmas no supone grandes cambios en su modo de trabajar, «hay que tener en cuenta que hay productos, como el marisco, que son más caros en esta época. También cuesta más contratar personal, porque muchos camareros tienen otros compromisos laborales. Lo que hacemos es mirar todo con más antelación para negociar precios», señala el profesional.

También Love Lovely coincide. «Cada vez tenemos más bodas de otoño y los más animados marcan la suya en Navidad o Nochevieja». Esta wedding planner gallega atiende cualquier deseo de los novios: «Es muy importante la ambientación: un gran árbol, una decoración que evoque el invierno, el frío... Si hace falta hasta fabricamos nieve. Ponemos detalles navideños en los platos y en la minuta: acebo, ramitas de canela o de pino. La verdad es que trabajar en esta época nos encanta porque da mucho juego».

¿Alguien más se anima a cerrar el año con boda?

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