1. Apisonadora
La madre helicóptero, la que sobrevuela al niño. «Son educaciones que se basan en un miedo tremendo a que al niño le pase algo. Son madres que están por encima del niño para evitar que sufra», explica la psicóloga Olga Castanyer. ¿La intención de la madre apisonadora es buena, pero no el resultado? «El error ayuda a aprender. La madre apisonadora crea debilidad e inseguridad en el niño, le transmite que no puede afrontar él solo las cosas». ¿Son los padres que ayudan a hacer los deberes o los que van a buscar al cole un abrigo que perdió el niño? «Sí, y los que van a recoger a sus hijos adolescentes a la discoteca de madrugada», añade.
2. Tigre
¿Cómo reconocemos a la madre tigre? Sobre todo se ve en cómo son sus hijos, apunta la experta. Son niños que hacen todo y lo hacen todo bien. Tienen muchas extraescolares, «y clase de refuerzo en inglés, en chino... miles de clases, y miles de clases de refuerzo». Sus padres los exhiben, los fabrican para mostrarlos, señala Castanyer. ¿Cuáles son los perjuicios en el niño? «Autoestima bastante baja, sobre todo cuando el pequeño se convierte en adulto. Suelen ser muy competitivos porque sienten que solo valen en cuanto hacen y rinden. Muchas veces consideran que, si cometen un error, «no son dignos de ser queridos».
3. Negligente
Los padres negligentes son los que «mejor se reconocen», dice la autora de la clasificación. ¿Cómo los detectamos? Son padres que o sufren problemas graves (familias desestructuradas o con algún tipo de adicción) o «frívolos». «La madre negligente suele ser una madre que delega mucho en los demás. A veces es como si tuviese miedo de estar con el niño, porque no le apetece o es como si no supiese qué hacer con él... Estamos hablando de negligencia afectiva», matiza Olga Castanyer. Son madres, o padres, a los que sus hijos no sienten presentes ni cercanos. Los niños suelen desenvolverse por sí mismos pero se sienten solos.
4. Democrática
El mejor modelo es el asertivo o democrático. La clave, en una frase de Erich Fromm: No hay nada que eleve más a un niño en la experiencia de la felicidad, amor y alegría que el amor que le puede dar una madre que se ama a sí misma. «Puede parecer que una madre que se quiere solo piensa en ella, pero no, es una madre que no tiene que cubrir ninguna carencia propia a través de su hijo. Por eso, puede ver al niño, captar sus necesidades y centrarse en él», dice Castanyer. En el centro de este modelo está el amor al hijo: «Seas como seas, te quiero». ¿En qué se nota la asertividad de una madre? «En los hijos, son niños con personalidad», apunta la psicóloga.