Siempre nos quedará septiembre

¡AHORA DESPEGO YO! Ríen los últimos y ríen mejor. Cuando las vacaciones de muchos se acaban, para ellos empieza lo bueno. La vuelta al cole puede esperar.

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Algunos en septiembre sí que están «a gosto». Cuando muchos acaban sus vacaciones y se arman de valor para afrontar la vuelta al cole, a otros les sonríe el destino. ¿Menorca, Marrakech, Praga, Bali? La isla que se ha convertido en destino para los VIP del verano es la elegida por Javier Rocha y Chelo Pastoriza. A Menorca viajarán la última semana del mes. Los que les conozcan no se extrañarán de la elección de su destino vacacional. Quienes traten a este ribadense y esta viguesa sabrán que derrochan simpatía y viven un día a día muy ligado a hábitos saludables, en conexión con la naturaleza y con mucho sentido del humor. Esta alegría por la vida y su filosofía positiva marca sus escapadas, y su profesión. Javier y Chelo son una pareja de coaches que pueden decir esa frase de película: «Siempre nos quedará... ¡septiembre!», aunque les una más que una gran amistad.

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Ellos, que llevan adelante la firma Ralaya Coaching -que crearon hace casi dos años e imparte cursos dentro y fuera de Galicia-, dicen que septiembre es un mes que les gusta mucho para «perderse».

«Para nosotros -dice Javier- septiembre tiene de especial que todo va más slow. Tiene una cosa mágica porque es el final del verano y el principio del otoño. Es como un cambio de ciclo a nivel de trabajo y en el que empiezas con nuevas programaciones». En su caso, fue precisamente una estancia menorquina de septiembre la que le removió interiormente para bien: «Hace cuatro años yo estaba en un momento indeciso con mi vida. Tenía un trabajo bueno pero quería un cambio; fui a Menorca y fue algo brutal. Un antes y un después. Me di cuenta de que quería ser coach y ayudar a las personas. Cada vez que voy a Menorca hay cambios».

A recargar pilas

Chelo irá a la isla balear por primera vez: «Es un sitio que me apetecía por lo que me transmite. Es un lugar donde se puede estar tranquilo. Me gusta ir a monasterios del sureste asiático a hacer meditación y cursos de budismo, y Menorca me transmite la misma sensación de paz». La verdad es que esas aguas cristalinas tientan a cualquiera, ¿no?, tenga o no tenga el rollo zen incorporado de serie. Al igual que Javier, Chelo cree que, «sobre todo para un viaje de este tipo, septiembre es el mes perfecto. En julio y agosto suele haber mucha gente. El final del verano es el momento de recargar pilas».

«El trío de oro en Menorca -señala Javier Rocha, próximo a su tercer veraneo allí- es meditar, caminar por el Camí de Cavalls y nadar en el mar». ¿Playa favorita?: «A Mitjaneta le tengo un cariño especial. Allí decidí que iba a ser coach». Allá vamos.

«Este mes voy a recorrer Marruecos»

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Este septiembre vuela a Marrakech y cuenta con dormir bajo las estrellas. «Yo tenía el sueño de dormir en una jaima», cuenta Laura, que trabaja en una óptica de A Coruña, demuestra su pasión por las gafas en un canal de YouTube (Las Gafas de Laura) y hace una media de tres viajes al año. «Esta vez me apetecía algo diferente. Siempre quise viajar a Marruecos. Lo comenté con mi pareja y él dijo que iríamos adonde yo quisiera». Tras diez meses juntos, las mariposas siguen ahí.

Laura propuso viajar, él dijo «sí» y la cosa siguió su curso en la agencia Atlantis. «En Nueva York nos recomendaron un hotel céntrico, impresionante y bien de precio», comenta.

El desierto más próximo a Marrakech, su primer destino este septiembre, está a unas cuatro horas. «Pero nos dijeron: ‘Si lo que queréis es tener la experiencia de dormir en una jaima bajo las estrellas lo mejor es desplazarse al de Merzouga, que está a once horas de Marrakech», cuenta Laura. Para suavizar el palizón, la pareja hará una ruta en coche que les llevará a las gargantas del Todra y después ya hacia el desierto. Las actividades se deciden en destino. «Según lo que nos apetezca en el momento. Si queremos ir en quad, quad. Si nos apetece globo, pues globo», comparte Laura.

Septiembre es uno de sus meses favoritos para viajar. ¿Qué tiene de especial, además de los veroños que nos depara últimamente? «Es más barato, y ahora no tanto... pero antes la diferencia de precio respecto a julio y agosto era muy grande. En septiembre no hace tanto calor y no encuentras tan saturados los sitios».

Viajera feliz, sin hijos, Laura ha ido mucho a Europa, a México, a Estados Unidos y es fiel a los clásicos. «He repetido Londres y París». Budapest la impresionó hace dos años: «A lo mejor no iba con las expectativas muy altas -cuenta-, pero me flipó».

Ella lleva atado dónde dormir, mientras la estancia se va haciendo sobre la marcha. «Igual estoy a gusto en un bar, me enrollo y paso la tarde. Yo soy más de bares que de museos. En las calles y en los bares es donde está la vida», sentencia. Para llamativa, la anécdota que vivió en Milán: «De cada viaje tengo varias anécdotas. Esta es una. Tengo un abrigo con un corazón gigante que cuando alguien me dice: ‘Qué bonito’, digo que es un Ruiz de la Prada. Un día en Milán una se me acercó y me dijo: ‘Me encanta tu abrigo’. Cuando me giré vi que era... Ágatha Ruiz de la Prada. Dijo: ‘Es de Moschino, ¿no?’. Me quedé cortada pero luego al ir a por las maletas le dije: ‘Cuando alguien me dice que le gusta mi abrigo le digo que es de Ágatha Ruiz de la Prada... ¡pero se lo compré a los chinos!’. Ella se echó a reír y dijo: ‘Pues los chinos hacen cosas que también haría yo’».

«Hay menos agobio y aún hace calor»

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Septiembre también llega con vacaciones para Yolanda Pérez. Esta auxiliar de enfermería de 48 años cuenta los días para empezar su propio verano. Aún no ha podido coger vacaciones desde junio y, aunque en mayo pudo disfrutar de unas jornadas libres, ha reservado todas sus ganas para disfrutar cuando a los demás les toca volver. Ella es una de esas afortunadas que podrán exprimir un merecido y justo descanso después de unos meses de mucho trabajo. Será del 14 al 26 de este mes cuando ella verá el sol de sus vacaciones. «El verano lo pasé bien, pero con mucho calor. Y se nota más cuando trabajas», afirma. Lo bueno es que su trabajo le permite organizarse por turnos, lo que le ha dejado tiempo para poder relajarse y tomar un poco el sol. «Lo que más me costó fue cuando mi hija iba a la piscina y yo tenía que venirme a trabajar. Pero los fines de semana intenté disfrutarlos a tope con ella», relata.

Yolanda sabe que estará más libre cuando su hija vuelva al cole, aunque es consciente de que pasarán menos horas juntas. «Al principio del verano me dijo que quería irse de vacaciones a algún lado, pero lo fue pasando bien haciendo escapadas con sus amigas», relata. Desde el punto de vista del disfrute, considera que septiembre es un mes de vacaciones más del verano: «Hay menos gente en todas partes y puedes disfrutar igual del calor».

Esta es la primera vez que Yolanda pasa de junio a agosto trabajando. Ella vive en Ourense, pero su familia es de Sevilla. Eso también influye, aunque dice que siempre que tiene un hueco viaja rumbo al sur. A pesar de todo, dice que no le importaría volver a elegir estas fechas para irse de vacaciones aunque reconoce que, si le dieran a elegir, «preferiría julio».

Y es que Yolanda tiene claro que hoy es más importante tener trabajo que poder elegir el mes de vacaciones, por eso sean cuando sean, las recibe con alegría y buena cara. Todavía debe esperar quince días y no tiene muy claro qué hará a partir del 14, pero eso ahora no importa: «Ya se verá». Lo bueno está por venir.

«Es el mes para hacer viajes culturales»

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Nos vamos bien lejos. Casi 2.900 kilómetros separan Budapest de A Coruña, distancia que Mateo Casal y sus padres recorrerán este septiembre. No, no, más. Aquí no acaba la cosa. El viaje se divide en tres partes: Budapest, Viena y Praga. Ya si la mejor es la primera, la segunda o la tercera no lo sabemos, pero ellos exprimirán todo el viaje al máximo. «La verdad que nos cuadró así y nos venía bien a todos. Mis padres cogieron en septiembre vacaciones y yo, por motivos laborales, no pude cogerlas antes», explica Mateo, a quien le encanta viajar. Y es que es de esas cosas que uno paga pero que le hacen más rico, más humano, más honesto. «Siempre que se viaja se ven cosas que uno, en su día a día, no está acostumbrado a ver y eso nos enriquece mucho culturalmente», detalla. Además, este no es el único motivo por el que ellos cogieron este mes como el más oportuno para despegar rumbo a países centroeuropeos. «Septiembre es un mes más tranquilo turísticamente en comparación con julio y agosto, hace menos calor y la gente está más centrada en ordenar su rutina para empezar a trabajar. Apostamos por él porque queríamos hacer un viaje en el que poder patear la ciudad y llenarnos de su historia, de sus tradiciones, de su día a día y claro, septiembre es el mes clave para ello», explica.

Ellos ya tenían en mente organizar un viaje cultural, pero querían ir más allá de las ciudades típicas. «Pensamos algo nuevo y diferente, destinos y ciudades que no estuvieran preestablecidas como las más emblemáticas, esas que todo el mundo visita. Huimos un poco de eso. Ciudades como Roma o París que, normalmente, están llenas de turistas todo el año. Además, me recomendaron estos sitios varios amigos y habrá que ser testigo de ello», cuenta Mateo con ese impulso viajero que ya no aguanta mucho más: «Tengo ganas de desconectar, de estar con la familia y de coger fuerzas para el invierno. Además son ciudades que hay que aprovechar y observar hasta el más mínimo detalle». Quizás, ahí, en los pequeños detalles encontramos algo que nos sorprenda o nos cambie la vida, ¿no? «Viajar te abre la mente y permite conocer así otras formas de ver la vida», dice.

«Improvisando y sin límites- cuenta Mateo- es como mejor se viaja. La cuestión es llegar allí, situarnos en la ciudad y empezar a caminar. Eso sí, algun descansito habrá que hacer para comer. Tenemos total libertad para organizar el día, pero bueno, hay que ir pensando porque tenemos una semana en total, dos o tres días en cada sitio». Esto es como todo lo bueno, acaba rápido. Pero tranquilos que la morriña pronto vuelve y ya estamos otra vez de vuelta. El avión coge impulso y despega rumbo a Asia. ¡Allá vamos!

«Parto las vacaciones para viajar ahora»

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El verano de Daniel no empieza en septiembre, pero es ahora cuando vive esa prórroga que tanto saborea. Le gusta tanto esta época para viajar que ya planea sus vacaciones pensando en ello. Por eso cuando le preguntamos qué tal sienta eso de irse de vacaciones cuando los demás ya están de vuelta, responde que no le produce ninguna sensación especial, porque está acostumbrado. Es así año tras año. Tiene claro que su momento para viajar es este. «Siempre parto mis vacaciones, porque a mí el verano en Vigo realmente me gusta mucho y quiero pasarlo aquí. Tengo la suerte de trabajar en horario de mañana, así que puedo ir todas las tardes a la playa y quedar con toda esa gente a la que no ves el resto del año y que vuelven a casa o viajan hasta aquí en verano para pasar unos días», comenta este viajero incansable que se pega todos los años tres viajes: dos largos y uno corto. Y él por corto entiende Europa, no te vayas a pensar que se refiere a Tenerife. «Es que mi hijo vive en Alemania, así que voy muchas veces a visitarle», cuenta este vigués de 34 años con muchas horas de vuelo encima. Este año le toca el turno a Islandia y a Bali, que no se diga.

La vuelta, en octubre

Su avión no despegará hasta finales de mes, así que todavía le queda un margen para prepararse. «Nos vamos el 25 de septiembre y volvemos en octubre», dice David, que viajará con otros dos amigos y ya piensa en verse rodeado de agua: «Vamos a ver tres islas, Bali, Lombok y Gili. Teníamos pensado ir también a Komodo, pero lo descartamos», explica. Todo este planning está cronometrado para cumplirlo en trece días. «En realidad son diez días efectivos, porque ya son casi tres solo de viaje», aclara. Pero entonces, cuando te sitúas y superas el jet lag ya casi te tienes que volver, ¿no? Pues dice que no es para tanto. «Yo no tengo problema. Duermes el primer día y luego ya estás bien. Puedes encontrarte un poco raro, pero nada más», señala.

Aunque ya ha dicho que el verano vigués le tira muchísimo, hay más motivos para hacer ahora este pedazo de tour. «Hay mucho menos volumen de gente y mejores precios. Me llamaron de All Tour Vigo (que es la agencia a la que suele ir) y me lo ofrecieron porque saben que me gusta hacer este tipo de viajes. La verdad es que me salió mucho mejor, porque contraté el vuelo por 700 euros, cuando lo normal es pagar 1.200 o más», cuenta Daniel, que añade que esperar más no era una opción para su destino. «En Asia luego empieza la estación húmeda, y así aprovechas las playas y no te arriesgas a perder ningún tren ni nada. Las infraestructuras allí no son demasiado buenas, así que una inundación puede paralizarlo todo», apunta. Y aquí no se trata de eso. Más bien de todo lo contrario. Que siga el verano, porque hay gente de sobra para disfrutarlo. Septiembre, de temporada baja, no tiene nada.

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