Queremos estar a monte y a mar

Estos son los mejores campamentos para niños y para adultos. Surf, windsurf, senderismo, gaita, guitarra, piragüismo, hípica, ¿beach escola? Hasta la capoeira baja a la arena. Mójate. ¿Playa o montaña? Todo y más.


Ya llega la mejor ola. ¡Tiempo de verano! A mares. Fuera relojes y agendas. Monte, playa, eu quero aldea. Viento fresco a las prisas, que eso del despacito se nos pegue a la piel como un mantra-tattoo. Salimos a explorar los mejores destinos para pasarlo como niños. Si te aburres a gusto, con gusto -que para eso está el tiempo libre- y te sobra para más, abre la carta y bucea entre los campamentos de Galicia con más tirón. A partir de los 18 se imponen los campos de trabajo y el interrail. Antes de la mayoría de edad, Area y As Sinas siguen a la cabeza entre los más valorados de los que ofrece la Xunta, y este 2017 el Xurés se convierte en destino juvenil. Se amplían las propuestas (más allá de las públicas). Desde la Granxa do Souto en Ortigueira (desconexión a caballo, con campamentos hípicos para niños de entre 8 y 13, y para mayores de 18) hasta beach escolas en playas como las de Limens, en Cangas, o la de América en Nigrán, para niños o adultos con ganas de un summer en english con windsurf.

Pillamos la primera ola en Baldaio. Estamos en Razo, viéndolas venir. No hay que tener tablas para darse al surf. «Solo nociones básicas de natación y entre 8 y 17 años», apunta Alejandro, coordinador de los campamentos de Art Surf Camp. Por adulto que seas, mójate: los mayores de 18 tienen también su plan en Razo. ¿Cuál es la actividad en la cresta de la ola? ¡Todas!, dice Alejandro. Ojo a la arena, que hay capoeira. El arte brasileiro se suma al menú de propuestas de un campamento que exprime el contacto con la naturaleza. «Hacemos surf skate, usando una rampa de 12 metros de ancho como una ola de madera -explica-; surf training, rocódromo, slake line (mantener el equilibrio en la cuerda floja), slalom, talleres medioambientales o rutas de senderismo», como la de Pinos do Mar, que nos lleva los pies de Razo a Malpica entre verde, blanco y azul, en 18 kilómetros para papar energía, luz, viento y mar. ¡Música, maestro! Que no falta el momento playback en este paraíso surfeiro que arrancó hace diez días la temporada cálida de campamentos con más de 80 niños e incluye veladas con juegos, cine y hasta una noche de rock. Si se prefiere el surfcamp en pareja o en familia, hay también una y otra opción (mira la web de Art Surf Camp).

Estés donde estés, no olvides unos «deberes de verano» que propone a YES la divulgadora Catherine L´Ecuyer, autora del bestseller Educar en el asombro:

1. Duérmete viendo las estrellas y despiértate viendo amanecer.

2. ¿Te atreves a poner los pies en un charco lleno de ranas?

3. Haz una foto con la cara de sorpresa de tus padres cuando les propones el reto de no usar ninguna pantalla durante 72 horas.

4. Aprende a mirar. Como dice el proverbio: «Quien no sabe interpretar una mirada no entiende una larga explicación».

5. Escucha el silencio… ¿Que no se oye nada? Entonces hay que aprender a escucharlo mejor.

Piraguas, naturaleza y mucho gol

Puestos a tirarse al río, ¡que sea en piragua! Y esta vez al Oitavén, que suena-suena y agua lleva. Hasta Soutosico llegan los Alcántara, con un campus de verano en la granja escuela más famosa de Pontevedra, otra parada en la ruta por los campamentos de verano para hacer el indio de forma natural. Hablamos de O Kiriko, en Fornelos de Montes, pero no de la telefamilia que cuenta cómo pasó, sino de los hermanos Thiago y Rafinha Alcántara, que abren mañana la primera edición del Alcantara Football para hacer con los chavales (de 8 a 16 años) un equipazo con gol. El fútbol es la novedad en esta granja donde conocerás a la cabra de Cachemir, el burro zamorano, el búho real, el mastín Simón o a «la cabra enana», que así se presenta en confianza.

Piscina, playa fluvial, tipis indios para hacer sentadas con historias y sentirse en un poblado, quads, piraguas y tirolina esperan a los protagonistas de la aventura del verano. Entramos en la granja de la mano de dos guías de excepción, dos alumnos del SEK Atlántico, de Pontevedra, que visitan O Kiriko con el cole días antes de arrancar la temporada «kawai». «Hay un montón de animales, nos gusta mucho verlos. Estuvimos con una cabra embarazada a la que le faltaba una pata, pero no la sacrificaron... Tuvo sus cabritos y ahora anda muy lenta, pero parece que ya se acostumbró», cuenta Mariola, que a sus 10 años suma ya cuatro visitas a la granja de Fornelos. «¡Y me gustaría repetir! Los monitores son divertidos, hacen que estés a gusto y te sacan de algunos apuros», dice. ¿Por ejemplo? «Un día tuvieron que ayudarnos con las canoas, porque los dos que íbamos remando no lo hacíamos... muy bien», confiesa. El tiro con arco, los juegos de orientación y las veladas nocturnas (hay disco) son otras de las actividades o alicientes que Mariola destaca de esta experiencia de convivencia en contacto con la naturaleza en que pueden acompañarte monitores como Ivi, Principito, Primavera o Mery.

¿Madera de detective? Si eres de los que juegan a adivinar quién se comió la tarta siguiendo un rastro de migas y la pista de la hora y del refresco, escucha a Mariola: «Un día hicimos un Cluedo medieval muy grande, con dos equipos de 15 niños». El caso, resolver quién había «matado» al rey. Lo pasaron de muerte. Hasta aquí puedo leer...

Nicolás, de 11 años, ha debutado este año en la granja escuela de Fornelos y habla, lo primero, de los animales. «Está muy bien, porque además te enseñan las características de cada uno». La noche de disco «¡y dormir con los amigos!» son dos de las cosas por las que también repetiría este explorador. Conste que Nicolás destaca que la experiencia también «te hace ser más responsable. Tienes que hacer tu cama, doblar y ordenar tu ropa».

Los campamentos de inglés, de cocina (ánimo, masterchefs), bici y arte de O Kiriko se suman a los de aventura que ofrece esta granja, abierta a jornadas en familia entre carballeiras al pie del embalse de Eiras. Los participantes en la aventura deben tener de 5 a 17 años, y los campamentos pueden durar 5, 7 o 14 días.

Si el verano tira al río y al monte, ¡vamos detrás!

¿Y a partir de los 18 qué?

ELENA MÉNDEZ

Siempre nos quedará el Interrail. Con la mayoría de edad recién estrenada la aventura del verano viaja en tren. Europa en el horizonte y los aspirantes a universitarios se cargan la mochila a la espalda y se lanzan al mundo. Este tren no los lleva pola beira do Miño, va mucho más allá...

Son amigos y residentes en A Coruña y están dispuestos a poner todo de su parte para conseguir que este sea el verano de sus vidas. Con un montón de kilómetros por delante y diez kilos de equipaje sobre sus espaldas, el mes de julio les sonríe como nunca. Atrás quedan los malos ratos de los exámenes finales y los nervios de la nueva selectividad, ahora llega el momento de la diversión. El interrail se convierte, aun hoy, en un pasaporte hacia la edad madura. No son los primeros, ni tampoco serán los últimos, pero seguro que su viaje será único. Ellos han escogido la modalidad de 10 días de viajes a lo largo de un mes, que les ha costado 325 euros: «Un poco menos, porque pillamos una oferta».

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Foliada, jazz y rock en la granja

Esta granja está en pie desde los cuarenta y suena a jazz, a folk, a rock. «Es un proyecto ambiental con 60 años de historia», apunta su web. Somos la primera granja que se puso en marcha para potenciar el contacto de los chavales con la naturaleza, explican desde la directiva. Estamos, advierten, en una granja de verdad, que se vive y toca día a día. Los alimentos salen directos del huerto que los chavales ayudan a cultivar. «Ellos cogen del huerto lo que comen», explica María Ruiz Santos, jefa de estudios del centro de música de Fingoi, que organiza cada año el campamento musical de verano en la Granxa de Barreiros.

Esta vez no tires a la playa, ¡que te veo! Este destino natural está cerca de Sarria, coge la carretera de Portomarín. «Normalmente la gente que viene al campamento repite», asegura Manuel Santín, que a sus 15 años será este mes de julio de los veteranos del grupo. «Se crea un vínculo especial con la gente, y eso que somos de distintas edades. Conectar música y naturaleza funciona muy bien», dice él, que lleva ya cinco años repitiendo campamento («me gusta más que los de multideporte») y se va a Barreiros mañana mismo a tocar las notas del principio del verano. Manuel toca violín y gaita. «Cuando era pequeño veía a los profesores tocando en el colegio de Fingoi... A los 6 años les pedí a los Reyes un violín. Empecé, y es duro, pero me sigue gustando», cuenta. Gaita, piano, tuba, trompeta, oboe o guitarra (española y eléctrica) están entre los instrumentos al alcance de la mano en este campamento para mayores de 7 en el que los chavales escriben un cuento musical y acaban montando su orquesta. Que tiemble la Panorama...

La jornada empieza en Barreiros dando de comer a los animales, incluye «batallas» con los profes en la piscina y acaba con Cluedos, cine, cazas de vampiros o foliada. Rock me, yeah!

Manzaneda: let's play in english

Familiar, diferente, no tenías tiempo de echar de menos casa y te sentías arropado». Así habla Jacobo del campamento de inmersión lingüística en Manzaneda que ofrece la Academia Euroschool of English, que cumple 25 años en A Coruña. Organiza cursos y campamentos en inglés, urbanos y de montaña. Jacobo habla en pasado porque fue a Manzaneda varias veces entre los 6 y los 8 años, y ya con 16 de monitor -«con amigos de mi hermana. Me empaté muy bien con ellos»-. Así que la multiaventura a lo Indiana Jones está servida en verano en la estación de esquí. «Se hacen clases de escalada, búsquedas del tesoro, tiro con arco... o se acampa en el monte y se recogen hojas de árboles para identificarlos», explica Jacobo, con 17 cumplidos. Él viajó a Inglaterra con Euroschool tras probar 10 días de estancia en Manzaneda. Karts, juegos de agua, yincanas y equitación son algunas de las actividades en este campamento para chicos de 7 a 14 años. Cómo crear una cabaña de supervivencia en el bosque, uno de los retos fuertes que superar en este very nice plan.

El campamento de verano en Manzaneda comenzó hace diez años. «Ya mandábamos grupos a Inglaterra y empezaron a preguntarnos: ¿por qué no hacéis uno más cerca?», explica Rita Longhi, responsable de los cursos de verano, que también ofrecen campamentos urbanos (en la calle Francisco Vales Villamarín, de A Coruña). Para su mountain summer eligieron Manzaneda por ser «un sitio tranquilo y seguro». Los chicos se alojan en los apartamentos de la estación de esquí, la estancia dura diez días y el autobús arranca de Riazor el próximo jueves 29.

Catoira Camp y Fervenza Aventura son otras de las opciones para ese verano a monte que nos proponemos disfrutar. Que sea largo, san Xoán.

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