A la tercera cerveza pierdes la cuenta...

LLEGAN LAS CERVEZOTECAS O locales donde lo raro es beber agua. Sus cartas de cervezas son largas, a veces ofrecen casi 400 referencias. Haz cuentas. Puedes estar un año bebiendo una cada día que no te da tiempo a probarlas todas. Aquí nunca cierran el grifo...

MARÍA GARRIDO Y TANIA TABOADA

Toma nota del concepto, porque está creciendo como la espuma. Tanto como las cervezas artesanales en Galicia. En los últimos cinco años hemos pasado de tres referencias a más de cuarenta. Y a tanto producto hay que buscarle escaparate, por eso cada vez hay más cervezotecas, locales especializados y que cuentan con una amplia variedad, principalmente de cervezas de autor.

LA MÁS GRANDE DE GALICIA

Los 20 grifos de la cervezoteca Malte, ubicada en la calle Galera, en A Coruña, la convierten en una de las más grandes de Galicia. Es difícil entrar aquí y pedir agua, pero que conste también que hay, como café, refrescos o cuatro tipos de vino. Su propietario, Juan Fernández, quiere hacer hincapié en que su fuerte es la cerveza pero no quiere que ningún cliente se sienta excluido, algo por lo también que en su carta no solo hay cervezas artesanales, sino alguna industrial. De las más de 350 variedades solo seis se mantienen todo el año. Aquí no vale eso de «me sé la carta de memoria», porque nunca es la misma. «Es un concepto diferente de local, no hay una carta física, vamos variando en función de la temporada y de lo que vaya entrando», explica Juan. Solo intentan darle continuidad a las belgas y alguna artesana gallega por el público que tienen, pero aún así sus clientes están advertidos de que, por si acaso, no se acostumbren a nada.

Cuatro de esas seis fijas son grifos: una rubia, una de trigo, una tostada, y la especialidad que fabrican ellos, Abadía da Malte. Los otros 16 son rotatorios, «se van cambiando a medida que se van terminando por otros diferentes, no nos atamos a nada».

Pero además hay cuatro neveras con las botellas, una de cervezas artesanales gallegas y nacionales; otra de belgas y corte clásico; otra de artesanas internacionales, y otra de latas y cervezas ácidas. Eso sí, tanta variedad implica que el número de unidades es más bien escaso. «Como mucho hay doce unidades de cada cerveza, es una forma de ir probando novedades de manera continua», explica Juan, que asegura que estamos asistiendo a un boom de la cerveza no industrial. «Cataluña nos lleva como 15 años de adelanto en este sentido, allí ya hay tres locales con más de 40 grifos, aquí de momento, hay uno con 20, que es el nuestro. Pero cada vez está calando más el concepto, el segundo mejor local de cervezas del mundo está en Barcelona», comenta.

Y para los que os estéis preguntando qué diferencia cervezoteca y cervecería, la respuesta es la variedad. «Si bien la segunda puede ser cualquier local que tenga un grifo de cerveza, y venda café por ejemplo, una cervezoteca incluye un concepto de cerveza artesana y con mucho grifo», explica Juan, que asegura que hoy por hoy va implícito que las especialidades de estos locales sean artesanas. En su caso tiene mucha más variedad artesana que no artesana, pero asegura que el consumo sigue siendo superior el de las fabricadas de manera industrial.

HABLAR DE CERVEZA

A Áncora se va a hablar de cerveza. Y a beberla, claro. Es la filosofía de este local del barrio compostelano de Conxo, que tiene un hermano mayor en el centro de Ourense y una fábrica a las afueras de la capital provincial en la que se hace un producto exclusivo: Golpe en la pequeña Compistola es el nombre gamberro de la cerveza exclusiva de esta pequeña universidad del lúpulo y la cebada en la que lo mismo aparece una botella de Sudáfrica como se pincha con un mazo de madera un barril inglés y se da buena cuenta hasta que no queda ni gota. Es la pasión de Esteban Loureiro y Martín Labrador la que mueve este moderno bar en el que de semana en semana siempre se encuentran novedades: «La clave es la rotación del producto y que se puedan probar nuevas experiencias», explica Labrador. Lo consiguen teniendo productos propios en exclusiva, que solo se pueden beber en este laboratorio con una plantilla compuesta por los propietarios y dos camareros empapados en conocimientos cerveceros, y ofreciendo siempre novedades en los ocho grifos o en las tres neveras. Al contar con un amplio patio perfecto para el esparcimiento, hasta Áncora se acercan desde padres y madres que llegan sin distinguir una rubia de una negra y que acaban teniendo cierta curiosidad por todo lo que se mueve en la barra; pero también tienen clientes exigentes y formados, como peregrinos de países recónditos que no quieren irse de Santiago sin probar una cerveza local artesana. Además, a los que están aprendiendo se lo ponen muy fácil, porque los propietarios han diseñado una degustación de seis cervezas servida en vasos de veinte centilitros que les permite ir educando el paladar y volcando sus nuevos conocimientos en las votaciones que están tan de moda en Internet en la búsqueda constante de las mejores marcas del mundo. Pero no todo va a ser hablar, escuchar y beber. Los promotores de Áncora están impulsando también jornadas mensuales para maridar cinco platos de cocina con cinco cervezas, una disculpa para continuar charlando sobre un mundo que apasiona y que cada día tiene más adeptos. Hace solo cinco años el nivel de conocimiento cervecero era «muy limitado», opina Labrador, que junto a su socio se adentró primero en el mundo de la producción, después abrió las puertas a la distribución «incluso internacional» con la marca que le da nombre al local y que, finalmente, se dio cuenta de los buenos resultados que proporcionaban locales propios como el de Ourense y Santiago.

15 TIRADORES EN VIGO

Si A Coruña lidera el ránking de grifos, Vigo no se queda atrás. La cervecería NÓS ostenta con 15 grifos, en su local del Casco Vello, la segunda posición. Además de esta lista de tiradores, tiene otras cerca de 80 variedades en botella, que van cambiando continuamente. Solo se salvan las suyas (que son siete), y una rubia y otra belga que también se resisten a abandonar el local. Raúl Méndez, uno de los dos socios, se muestra muy contento y satisfecho de que la gente se introduzca, aunque sea lentamente, en el mundo de la cerveza artesana. «A mí me gusta mucho que la gente empiece a controlar de estilo, que te pidan algo en concreto. Antes venían y te pedían una cerveza normal, ahora incluso vienen exigiendo, entre comillas, que les traigas una marca en concreto o que no les quites un barril determinado», explica este joven empresario.

Además, una de sus ventajas es que tienen fabricación propia por lo que de algún modo pueden satisfacer las preferencias de los consumidores. «Es una maravilla porque es una oportunidad para que nos digan lo que quieren y acertar con lo que se demanda. En una ocasión nos pidieron una negra parecida a la Guinness pero más suave, y la hicimos, aunque también hacemos lo que nos gusta a nosotros», comenta Raúl. Y sus gustos deben coincidir con el de los consumidores, porque el 80 por ciento de sus clientes consumen las que hacen ellos. «La NÓS orixinal y la Loira, son las que más salida tienen», asegura Raúl.

CINCO GRIFOS EN LUGO

Los amantes de la cerveza tienen un local en Lugo. Se llama Lúa y se encuentra desde hace un año en el número siete de la Rúa Nova, en pleno casco urbano. El establecimiento dispone de más de 100 variedades de cerveza para ofrecer al cliente y de una sala de catas para saborear esta bebida. Pablo Quijada es el propietario. Tiene 48 años y desde que alcanzó la mayoría de edad se dedica a la hostelería. Empezó como camarero hasta que decidió coger las riendas y ser jefe. Apasionado de la cerveza, decidió apostar por este mundo e imponerlo en Lugo. «O tema das cervexas é algo que está en pleno auxe e que en España imos moi por detrás con respecto a outros países. O diferente é o que triunfa. Se non innovas es un máis», apunta Pablo, quien cuenta con más de 100 variedades de cerveza de botella, además de los cinco grifos para servir en caña.

La cerveza más demandada es la Nómada de Papaya, un auténtico éxito. «Rotamos para variar, pero a de papaia témola sempre porque é a mais demandada. Ten 9,3 graos e é moi amarga», asegura el hostelero, que no duda en recomendarla a todos aquellos que todavía no la han probado. «Hai clientes que son moi tradicionais e piden sempre a mesma, pero para todos aqueles que queiran descubrir sabores novos, recoméndolle a de papaia».

A Lúa esta abierto de nueve de la mañana hasta la noche y los precios de estas cervezas artesanales son superiores a las otras. Una caña cuesta 3 euros y las de botella oscilan entre los 3 y 7 euros. «Son cervexas para degustar e tomar con calma. Fartan moito e son moi contundentes. Non son para beber rápido e pedir outra», afirma Pablo. Todo sea por que la clientela suba como la espuma.

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