Ven aquí a comerte el día

PARA RICAS, ESTAS VISTAS Es un clásico que trae el buen tiempo. La escapada. Rumbo, variable. Destino, lugar único y riquiño... no solo por lo rico que da de comer, sino por el lugar donde está. ¿Vistas a la playa Langosteira, molinos de cuento o una higuera por sombrilla? Abre la carta y elige destino...

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Sale el sol y es un acontecimiento. Nos ponemos en modo escapada gastronómica: eso de salir a comer y, ya que estamos... y tan a gustito, pasar todo el día fuera. Hay lugares que nos lo ponen a huevo, aunque más que con yema y clara nos tienten con un buen pescado, marisco, un arrocito, unos pimientos o un cocido. Arranca la ruta, que estas vistas le caen bien al estómago.

TIRA DE LA FAMILIA

Partimos rumbo a Fisterra. El fin del mundo nos reserva una playa paradisíaca ¡y más! Aguas turquesa, verde a la vistaaa y unas barquitas dando más color al cuadro. Qué zen está el noroeste a pie de playa Langosteira, y es una sensación de paz que va de la cabeza al centro del estómago. A Fisterra nos tira mucho (para comer y pasmar) el Tira do Cordel, en el lugar de San Roque. A los mayores por las navajas, las almejas o la lubina a la brasa que preparan sin más secreto que «un producto de primera». Porque «si el producto es bueno, no necesitas más», dice Alba, una de las cocineras de este restaurante que abrieron en el 89 sus abuelos José y María del Carmen. Los pequeños, a los que ni el mejor bogavante ataría a la mesa, se echarán seguro a la arena a jugar en cuanto puedan. Cada uno a lo suyo y todos contentos.

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El restaurante empezó como un chiringuito haciendo carne a la brasa, «hasta que se dieron cuenta de que el pescado se daba mejor...», y triunfaron en la parrilla respetando el sabor de los frutos del mar. Hoy Tira do Cordel es un restaurante al que, al menos una vez por año, alguien te recomienda una escapada. Alba, Aroa y sus padres (y un tío y la abuela, todo en casa) atienden este local que cierra todos los eneros y que empieza a notar el tirón de la demanda en semana santa. Así que está a punto de empezar la temporada fuerte, que crece al sol de los meses de verano. «Y el año pasado lo notamos más que los anteriores. El turismo en Fisterra está en auge y, aunque no todos son peregrinos, el Camino de Santiago está influyendo mucho», valora Alba.

Tira do Cordel mira al futuro, pero remite al 1800, porque está en lo que fue una fábrica de salazón. La familia Carbonell hizo de esta de San Roque la primera fábrica en conservas de la ría de Corcubión. Hay alta cuna.

Alba, además de navajas, almejas y lubina a la brasa, nos recomienda de postre la tarta de manzana. «Es casera, receta de mi abuela», advierte. Y con este menú la cosa puede traducirse en unos 43 o 45 euros por cabeza.

Para seguir con las buenas vistas, Alba y Aroa montan en verano, en la misma playa, al lado del Tira do Cordel, un chiringuito, el Calma Chicha. Y aquí nos recomiendan los mojitos y las hamburguesas de Wagyu.

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A COMER Y OÍR EL RÍO

Seguimos dirección Lugo. A unos diez kilómetros, en uno de los desvíos de la carretera que lo comunica con Monforte de Lemos, está el Mazo de Santa Comba, un restaurante que fue un molino de agua y nos lleva a un entorno natural donde reina la tranquilidad. Si quieres oír el caudal mientras comes (el del río Chamoso para más señas), es tu lugar. Pide, nos sugieren, mesa junto a la ventana. «Venimos con frecuencia porque es un lugar perfecto para disfrutar una comida en familia o entre amigos», comenta Manuel, un cliente habitual de este sitio de encanto natural. Además del atractivo a la vista, entre robles y castaños, el establecimiento contenta al paladar con un menú rico y variado. De estilo rústico, con varios comedores, mesas de madera y amplia capacidad, el local va de boca en boca por sus carnes, aunque no le van a la zaga los pescados. ¿Miúdas del Eo o pollo de corral? Empecemos con entrantes, para entrar bien. ¿Croquetas caseras, lacón cocido laminado, pimientos, zamburiñas a la plancha, pulpo á feira? En postres y vinos, hay variedad. Pero el plato estrella aquí es lo natural. Visitar el entorno o animarse a una ruta de senderismo por los alrededores ayuda a hacer la digestión. «Al comer fuera siempre te excedes un poco. Si el tiempo lo permite, solemos tomar el café en las mesas de fuera. Después damos un paseo por la zona, sienta fenomenal», apunta Jaime, otro asiduo. El restaurante abre de miércoles a lunes y cierra los martes por descanso. Este ejemplo de integración en el paisaje con mirador es una buena manera de pasar el día en un bosque de cuento.

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A ORILLAS DEL ARNOIA

El Concello de Allariz se ha convertido en los últimos años en uno de los destinos ourensanos que más número de turistas atrae. A la belleza de la localidad se unen otros aspectos que permiten al visitante y a aquellos que solo quieren disfrutar de una jornada diferente, permanecer allí durante todo el día. Uno de los enclaves en los que además se puede comer es en A Fábrica de Vilanova. Se trata de un proyecto que nació hace más de diez años y que tiene su sede en un edificio que era una antigua fábrica de curtidos del siglo XVII, en las inmediaciones de un puente románico sobre el río Arnoia, en donde hace siglos montaban guardia los caballeros templarios. El restaurante tiene espacios interiores y exteriores, para comidas íntimas y también para grandes eventos. Si uno elige comer al resguardo, entonces disfrutará de una estructura reformada que ha sabido mantener la esencia de lo que fue en su día el edificio. Si se elige alguna de las terrazas o espacios exteriores, la experiencia culinaria es en plena naturaleza.

El hecho de contar con una gran área verde a su alrededor y estar en una zona peatonal con muy poco tránsito de coches es otro aliciente para visitarlo si, además, la jornada se disfruta acompañado de niños. La oferta de su carta es amplia. Comida tradicional unida a la vanguardia a precios muy variados. Incluso acaban de poner en marcha una carta especial, para todos los bolsillos, que son atractivos no solo para un comensal adulto, sino también para los niños. Y todas las temporadas añaden novedades en un menú, en el que se puede encontrar desde pan hecho con ajo y semillas de amapola, una baguette de orégano y tomate o un pulpo con habas. Al encontrarse junto al río y en medio del casco histórico de la localidad, una vez que se aparca el coche no es necesario volver a utilizarlo para recorrer la villa. Aunque se trate de un día festivo, la oferta de las tiendas outlet de varias marcas y la apertura de museos singulares, como puede ser el del juguete, completa la estancia en Allariz. Todo a pocos metros del restaurante. La experiencia culinaria es su plato fuerte, pero A Fábrica de Vilanova en Allariz es algo más que gastronomía.

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ENTRE AGUA Y JARDÍN

Nuestra última parada es en un restaurante al que uno puede llegar en barco. Tal cual, atracas en el embarcadero y para arriba. Eso ya da una idea de que el enclave es privilegiado. En A Fábrica, que está en Santa Cristina (Oleiros, A Coruña), puedes comer casi encima de la ría de O Burgo. Aunque también puedes verla desde dentro, desde la mesa clase 0 con miniterraza incluida. Eso si te apetece agua, porque por terrazas que no sea. Tienen una tercera interior que da a una zona ajardinada con espacio para diez personas y una higuera que hace de sombrilla natural. «Nuestra terraza exterior es espectacular para comer», dice Gabriel, el encargado de un restaurante en el que prima el producto fresco: «Estamos especializados en arroces y fideuás y trabajamos todo en horno de leña, no tenemos plancha ni nada congelado. Todo el producto es fresco y gallego, y para el pescado trabajamos con la lonja de A Coruña». Otra de sus distinciones son los vinos y los postres. «Nuestra carta no es la convencional, tenemos vinos de autor y ecológicos. Y los postres los hacemos todos nosotros», asegura.

Aquí les preocupa la atención: «Hacemos emplatados delante del cliente, con desespinados y trinchados de carne, que tienen mucho éxito. Y los hacemos tal y como nos enseñaron en la Escuela de Hostelería, así que muchas veces hasta nos graban mientras tanto, porque generalmente gusta mucho», indica Gabriel, que no deja de destacar la importancia de su chef, Daniel, en todo este engranaje. Pero lo que no depende de nadie son las vistas de este local que es ya un clásico entre la hostelería de la zona. «Vienen muchos grupos, porque tenemos una sala de eventos en el que tienen de todo para ellos; también celebramos cumpleaños, bautizos, comuniones y bodas reducidas», cuenta el encargado. La belleza que envuelve a este restaurante puede terminar por su entorno, pero empieza en su propio envoltorio, un bonito edificio de principios del siglo XX del que uno puede salir a darse una vuelta por el paseo de O Burgo para bajar la comida. Qué más se puede pedir.

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