El abuelo ya tiene su tatuaje


Pensaba contarles mi experiencia al lado de Brooklyn Beckham. Un joven que en marzo cumplirá los 18 y que aterrizó en Galicia en un avión privado. Un menor de edad, más bien apocado, que ya es imagen de una marca como Pull (así le llama mi hija de 13). También tenía intención de hablarles del concierto que ofreció el sábado pasado José Luis Perales que, a sus 71 años, podría ser el abuelo de Brooklyn. Pero en estos últimos días de recital en A Coruña y mega fiesta en Narón, se coló en mi vida la historia de un hombre de más edad que Perales y un espíritu juvenil que ya le gustaría al hijo de David y Victoria. José Luis Álvarez Fernández, un gallego de 74 años, podría ser la imagen de Pull and Bear. Después de una comida y en plena exaltación de la amistad se desabotonó la camisa y me mostró el tatuaje que se acaba de hacer. La típica águila americana de cuello blanco que asociamos enseguida a Harley Davidson. «Desde los 14 años ando en moto. Creo que todos los motoristas tenemos escondido dentro un macarrilla. Lo del tatuaje es un capricho que siempre tuve en la cabeza. Me lo hizo una chica que conocían mis nietas», explica José Luis Álvarez Fernández.

EMPRESARIO Y MOTERO

Anduvo gran parte de su vida sobre dos ruedas. Tuvo Vespa, BMW, Triumph... «Desde el 2003 tengo una Harley, una Heritage Softail. Me gusta el sonido, pasear despacio y, claro, la estética de la marca», apunta sonriente este empresario al que la mayoría de la gente conoce como José Luis Brial, por el nombre del hotel de 32 habitaciones que abrió hace 48 años en Santa Cristina, a las afueras de A Coruña. Contaba con la aprobación de sus hijos y nietos para tatuarse el símbolo Harley en el brazo, pero faltaba el beneplácito de su mujer. «Me dijo que si era mi capricho le parecía bien, pero que no anduviera a mi edad mostrándolo por ahí», recuerda este entrañable macarrilla de 74 años con el que tuve la ocasión de compartir mesa en el hotel Portocobo de Santa Cruz, Oleiros. Gracias a ese almuerzo pude conocer su historia vital, la del tatuaje que siempre soñó y que por fin hizo realidad en su veterano brazo izquierdo.

OTOÑO Y GRIS

Perales, que es más joven que el José Luis motero, no creo que esté tatuado. No le pega nada. Siempre tuvo fama de gris, de soso, de triste, pero en el recital que ofreció en A Coruña se mostró como un hombre sonriente, agradable y que, eso sí, apela a la calma, de ahí el nombre de su nuevo disco. Consiguió que el público se pusiese en pie con las canciones que le hicieron popular, porque las del cedé que lanzó al mercado este año no las conoce ni el de la discográfica. Habló del otoño inspirador, de la casa de campo donde se refugia para componer, de la soledad del artista... Y, por supuesto, explicó la génesis de la legendaria ¿Y cómo es él? Terminó con ese barco que varias generaciones conocemos con el nombre de Libertad.

PELÍCANO

Para quitarme los años de encima del concierto de Perales acabé la noche en la sala Pelícano. Hace unos días me contaban sus propietarios, Juan Carlos Rodríguez Cebrián y Luis Diz, que una revista especializada va a dar a conocer dentro de poco la lista de las mejores discotecas o salas de baile del mundo y que en ella va a figurar por primera vez este club coruñés. Me dicen que dentro de poco van a empezar a programar actuaciones de orquestas los domingos por la tarde para captar a un público de más edad al que le gusta bailar. Los tipo Brooklyn por las noches y los Perales por la tarde. Al abuelo tatuado lo veo más en la sesión nocturna con su espíritu juvenil.

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