NO QUEREMOS VIVIR JUNTOS Hay parejas asentadas en otra convivencia: cada uno tiene las llaves de su casa y prefieren elegir el tiempo en común. Nada de reproches ni peleas por ver quién plancha. ¿Este modelo es real o ideal?
02 jul 2016 . Actualizado a las 09:43 h.Ni preocupaciones por quién pone la lavadora ni por quién baja a hacer la compra. La independencia en pareja tiene sus ventajas. Un amor sin ataduras y a ratos, largos ratos. Los que estas parejas pasan juntos. Y separados. Tú en tu casa y yo en la mía. Porque no todo el mundo decide dar el paso de vivir en compañía. Los motivos varían. Algunos porque siempre han estado así, viviendo solos. Otros porque los trabajos les obligan a vivir en ciudades diferentes. Y otros, simplemente, porque aún no consideran que sea el momento. Ese es el caso de Fernando Neira y Cristina Cao. Estos coruñeses, estudiantes y trabajadores en sus ratos libres, empezaron a salir hace tres años. «Fer tiene en mi casa de todo; yo en la suya solo un cepillo de dientes». Aún hay tiempo para la independencia. «La verdad es que estamos prácticamente juntos, y aunque estemos separados al final siempre estamos conectados por WhatsApp», cuenta Fernando. ¿Las ventajas de no dormir bajo el mismo techo? «Está bien porque te permite tener un rato para ti, para tus cosas».
Del tiempo que pasan juntos destacan su afición por la gastronomía: «Nos gusta salir a comer y probar sitios nuevos. Es algo con lo que disfrutamos mucho los dos». La convivencia, aunque sea a distancia, hace que afloren las manías. «¡Es más terca que una mula! Si quiere hacer algo lo hace y punto, y le da igual lo que diga la gente», cuenta con una sonrisa Fernando. «Me pone nerviosa que cuando hay problemas en vez de exteriorizarlos se los guarda, y eso hace que después se hagan más grandes», asegura Cristina. Aunque no vivan juntos se conocen muy bien. ¿Alguna rareza confesable? «Cris, por ejemplo, no puede estar en casa sin calcetines, no soporta estar descalza»; «Cuando tiene que tomarse una pastilla, ¡Fer tarda muchísimo tiempo en hacerlo! La muerde un montón de veces antes de tragársela, no lo entiendo!», se ríen. A su familia le gusta que pasen tiempo juntos. «Mi abuela siempre quiere que esté con Fernando».
Un piso de soltero
Tener dos casas parece que genera menos tensión. Así lo cree también la coruñesa Pilar Sabucedo, de 35 años. «Mi chico y yo llevamos año y medio y, aunque cada uno tiene su ‘piso de soltero’, la mayoría de las veces dormimos juntos. Es como si estuviésemos viviendo juntos, pero al tener dos casas, hay menos ‘presión’», dice. Esta maquilladora reconoce que esta situación tiene sus ventajas: «A veces comento con mis amigas: lo bueno de esto es que si algún día nos enfadamos no hay necesidad de sofá, cada uno tiene su cama. Aunque todavía no nos ha pasado». Y sus desventajas: «En su casa siempre me falta algo, que si las planchas del pelo, que si unos zapatos?», concluye.
Ahí donde los ven son muy jóvenes pero tienen las cosas claras. Necesitan darse distancia y que cada uno de los dos tenga las llaves de su propia casa. Nada de compartir mucho, solo el tiempo suficiente para echarse tanto de menos que valga la pena el reencuentro. Iván y Fanny no quieren un techo en común ni ahora ni en los próximos años, que hay que darle tiempo al tiempo, y al amor un respiro. O dos. «Si estás todos los días viéndola no hay esa emoción», se arriesga él. Aunque ella no se queda corta: «Estamos muy bien, y no peleando por ver quién recoge, quién plancha o quién hace la comida; yo estoy muy cómoda así y que él vaya recogiendo sus cositas en su casa».
«Si te ves todos los días no hay emoción»
Fanny e Iván llevan dos años y cuatro meses juntos, ya les digo que cuentan bien el tiempo en común, y prefieren compartirse como mucho un fin de semana. «Es perfecto, porque de esta manera no entras en la monotonía de una relación diaria», cuenta Fanny. Ella durante el curso está estudiando en A Coruña y él, que vive en Coristanco, se acerca de vez en cuando a su casa y se queda a dormir alguna noche. Pero no tiene ni el cepillo de dientes allí.
¿Os imagináis en esta separación perfecta toda la vida?, les pregunto. «Toda la vida no, pero parte de ella sí», bromea Iván. O no bromea porque, según ellos, un noviazgo de cada uno en su casa es lo ideal. «Reparas menos en los defectos, yo creo que como tienes menos tiempo hasta parece que te gusta más cuando la vuelves a ver». ¿Con este modelo es posible ver defectos? ¿Os peleáis? «A mí lo de salir de noche hasta tarde -dice ella- me gusta menos que a él, yo soy siempre la que está mirando el reloj para irnos antes a casa, a casa de cada uno, claro, pero es por ahí por donde vienen los roces». El roce hace el cariño y mucho roce puede deshacerlo, y en ese justo medio, de contigo estoy un rato pero luego que te aguante tu madre, han encontrado la perfección. Iván y Fanny, eso sí, se imaginan viviendo juntos si el día de mañana se casan y tienen hijos. Entonces pondrían tabiques al amor y se afanarían en cuidarse dentro de los límites de unos pocos metros cuadrados. ¡Pero queda tanto aún! Mientras sonríen a la fotógrafa mostrándole la fórmula de una buena convivencia: las llaves que abren dos puertas distintas por si el amor se desborda.
«Cada uno necesita su espacio»
Sergio Vázquez y Carlota Rúa iniciaron su relación hace cuatro años pero cada uno vive en su casa. Los dos residen en la provincia de A Coruña pero si uno vive en un municipio tirando al norte el otro reside más al centro, en un lugar situado a escasos kilómetros de la capital gallega. Ella, nacida en Lavacolla, y él, natural de Carral aunque residente en Ferrol, viven a varios kilómetros de distancia. Esta circunstancia no les impide verse cuando lo necesitan y pasar tiempo juntos. «El hecho de no compartir casa hace que tengamos más ganas de vernos y que disfrutemos más cuando estamos juntos».
EL COCHE ES CLAVE
Sergio y Carlota empezaron su relación en Santa Comba. Se conocieron una noche cuando ambos asistían a la celebración de dos cumpleaños. «Eran aniversarios diferentes pero entre los asistentes se conocían. Acabamos hablando todos con todos y ahí surgió nuestra relación», explica la pareja. Desde el primer momento cada uno tuvo su espacio y su independencia. «Vivimos a kilómetros, pero los dos tenemos coche y eso nos da total libertad. De Lavacolla a Ferrol hay 50 minutos y a Carral hay 35», explica Carlota, quien asegura que disponer de vehículo es clave porque si sucede cualquier percance o si los dos disponen de horas libres no hay problema en verse. Tanto es así que la pareja se ve con frecuencia, a veces incluso hacen quedadas a medio camino. «Así estamos bien y de irnos a vivir juntos, por ahora, nada de nada. Cogemos con más ganas nuestras vacaciones y disfrutamos mucho planeando nuestros fines de semana juntos. Ahora nos gusta mucho hacer kilómetros para visitar distintas ciudades de Galicia». Aunque ahora ambos consideran necesario vivir separados, piensan que la convivencia es necesaria antes de dar pasos superiores. Así que mientras tanto, Sergio y Carlota disfrutan de su espacio, de su independencia y no viven en la monotonía de estar todos los días bajo el mismo techo. Cada uno organiza su casa, sus líos diarios, nadie les pone freno a sus manías y eligen cuándo y cómo quieren verse.