Marisol Soengas, investida «honoris causa» de la UDC: «No existe el callo solar, la piel tiene memoria y va acumulando mutaciones»
A CORUÑA
La bióloga gallega referente en melanoma y el neurocientífico del MIT, Emery Neal Brown, reivindican desde A Coruña el valor de la ciencia básica, la divulgación rigurosa y la inversión biomédica
22 jul 2026 . Actualizado a las 15:04 h.«Vimos ao mundo cunha alforxa de preguntas», contó Marisol Soengas (Agolada, 1968), durante su discurso de investidura como doctora honoris causa de la Universidade da Coruña (UDC). La jefa del grupo de Melanoma del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) hizo suyas las palabras del neno Balbino, el personaje inolvidable de Xosé Neiras Vilas en su celebérrima Memorias dun neno labrego. Nacida también en «unha pequena aldea» del Ulla, de la que aprendió de sus padres la palabra en la que centró su discurso, «afouteza», la científica que ha centrado su carrera en la investigación sobre el melanoma, el cáncer de piel más agresivo, compartió honores con Emery Neal Brown (Florida, 1957), profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), de la Facultad de Medicina de Harvard y anestesiólogo en el Hospital General de Massachusetts. Aunque sus especialidades se centran en campos muy distintos, ambos comparten un mismo horizonte, «el mayor orgullo que una puede tener es avanzar en ciencia, pero también mejorar la vida de las personas», expresó Soengas en un encuentro con la prensa, previo al acto formal en el Paraninfo de A Maestranza.
«LLevo 25 años estudiando el cáncer y, en un momento determinado, recibí un diagnóstico de cáncer», deslizó Soengas, Premio Fernández Latorre del 2023. «Cuando empecé, prácticamente no había tratamientos para el melanoma metastásico. Hoy, gracias a la inmunoterapia y a las terapias dirigidas, entre el 50 y el 60 % de los pacientes responden al tratamiento y muchos mantienen esa respuesta durante cinco o incluso diez años. Y eso se llama ciencia», remarcó. Sentada a su lado, asentía Emery Neal Brown, que no necesitaba traductor para hablar con los medios gallegos. «La anestesia comenzó a utilizarse hace casi 180 años, en 1864. Tantos años después, seguimos utilizando éter», exclamó Brown en la sala de prensa. Sus investigaciones fueron fundamentales para demostrar que nuestro período de tránsito es un ciclo de 24 horas. Entre las distinciones que tiene está la de la Medalla Nacional de Ciencia de Estados Unidos.
A la hora de responder a las preguntas, el norteamericano fue franco al reconocer el difícil momento que atraviesa la ciencia en Estados Unidos, tras los recortes a instituciones como el MIT por parte del gabinete de Donald Trump. «Desgraciadamente, tengo amigos que tuvieron que cerrar su laboratorio. Hemos retrocedido años, y he perdido a miles de compañeros, gente que se preguntaba qué podía hacer para mejorar la vida de la gente», lamentó. Sobre su campo concreto, sumó otro factor. «Llevamos más de 30 años sin tener un nuevo anestésicos. Sucede que los anestesistas viven muy bien y las compañías farmacéuticas se dicen, ¿para qué cambiar algo que funciona?», valoró. El neurocientífico estadounidense fue contundente a la hora defender la trascendencia de la investigación. En su campo, vital para hacer las intervenciones quirúrgicas más seguras y, al mismo tiempo, avanzar en la comprensión del cerebro humano. «La anestesia no es sueño. Es mejor explicarla como un coma reversible. La ciencia todavía no comprende completamente cómo consigue apagar la consciencia y, si no entendemos cómo funciona la anestesia, no podremos mejorarla», resumió Brown.
De la financiación a la seudociencia
Un mensaje sobre la importancia de la investigación básica que compartió Marisol Soengas. «Los investigadores necesitamos financiación, no veo a la industria como un ente maligno, al revés, la empresa es necesaria. Para los científicos es muy difícil llevar un compuesto hasta el paciente. Se necesita muchísima más colaboración, abierta y ética. A las compañías les interesa que los productos vayan para adelante. El precio es otra cosa, es lo que tenemos que pelear», expuso la gallega. «La ciencia no se hace de cuatro en cuatro años, como el ciclo electoral. Necesitamos planes a largo plazo. Los avances tecnológicos han hecho posible un cambio radical. Cuando yo empezaba, estudiabas células en un cultivo, hoy podemos tener la secuenciación entera del tumor. Hace diez años no podíamos imaginar terapias en las que se podría activar el sistema inmunitario de forma eficiente. Y está ahí la inteligencia artificial. Hay tratamientos en el futuro que nos van a sorprender», prometió Soengas.
La investigadora aprovechó además para alertar del impacto de la desinformación sobre salud. «Hay mucha seudociencia alrededor del cáncer, en parte por desinformación y, en parte, por desesperación. Los científicos deben implicarse más en la divulgación para que los pacientes dispongan de información fiable. Los mensajes sin respaldo científico que circulan en redes sociales sobre la exposición al sol son muy peligrosos. No existe el callo solar, la piel tiene memoria, y va acumulando todas las mutaciones que sufre. Cada quemadura aumenta el riesgo de desarrollar un melanoma», expresó sobre las teoría que popularizaron personajes, sin formación científica, como el jugador de fútbol Marcos Llorente. «Con la anestesia no se atreven, sería un poco doloroso», bromeó a su lado Brown.
El rector, Ricardo Cao, destacó después, durante la investidura, que ambos investigadores han transformado el conocimiento en ámbitos esenciales de la condición humana. «Cambiaron a maneira de entender realidades fundamentais da condición humana. No caso do profesor Brown, a conciencia e o cerebro e no da profesora Soengas, o cancro e os mecanismos da enfermidade», destacó Cao en un acto en el que también participación Javier Cudeiro Mazaira y María Esperanza Cerdán Villanueva, como padrinos de los dos investigadores homenajeados. Antes de despedirse de los periodistas y empezar la doble investidura, ambos coincidieron en otro aspecto. A la hora de elegir su mayor contribución al campo científico, comentaron lo siguiente. «Estoy muy orgullosa de la gente que vamos formando por el camino. La ciencia no se acaba en nuestro laboratorios», concluyó Soengas. «Mi mejor logro son los estudiantes que he formado», coincidió Emery Brown.