¿Echarías a Einstein de tu clase?

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VAN SOBRADOS DE INTELIGENCIA, pero ni son repipis ni bichos raros. Lo «normal» para estos niños es sobresalir. ¿Qué harías tú si descubrieras que tienes alta capacidad a tu edad? Empieza por leer este reportaje.

02 may 2015 . Actualizado a las 05:13 h.

Se cruzan dos vecinas en el portal de casa y una le cuenta a la otra que su niño de 9 años es un crac del fútbol y lo acaban de fichar por un buen equipo y que si sigue así puede llegar a ser un futbolista de los de élite, como Messi o Ronaldo. La vecina flipa, claro, y le da la enhorabuena. «Vaya fenómeno tienes». Un hijo como un futuro Messi, precoz y talentoso en el  fútbol. O igual que Fernando Alonso, que con 8 años ya era campeón, o Rafa Nadal, que ya deslumbró en lo suyo cuando apenas levantaba un palmo. «¡Qué suerte!» La vecina sigue su camino y al dar la vuelta a la esquina se encuentra con una amiga: «¿Qué tal todo? ¿Y los niños? ¿Deben de estar hechos unos mangallones?». «Bien, muy bien ?responde?.Uno tiene 6 años y el otro ya 7, todo estupendo; bueno, la única novedad es que nos han comentado en el colegio que los dos tienen altas capacidades y estamos valorando qué hacer, no saben si subirlos de curso o ampliarles contenidos en el aula». La vecina ?sorprendida? no sabe cómo reaccionar y cae en el tópico: «No es nada malo, pero entiendo tu preocupación, a mí tampoco me gustaría; al final lo único que quieres es que sean normales y no tener que andar con movidas ni para arriba ni para abajo. El mío también es muy espabilado, aprendió a leer en infantil... Pero lo tuyo no deja de ser un problema, ya me dirás si se adaptan». 

PACO RODRÍGUEZ

La escena es tan real que podría firmarla cualquier madre o cualquier padre con hijos diagnosticados con altas capacidades. Un valor que o bien se justifica como presuntuoso por el entorno (¡mira tú estos que nos cuentan que sus hijos son más inteligentes!) o como un problema en lo académico y social (¡vaya bichito raro tienes en casa!) y sobre todo como un talento muy poco popular (¡ay si fuera el fútbol!). Lo que hay detrás, sin embargo, no deja de ser un gran desconocimiento del tema. Algo que Carmen Pomar, profesora de Psicoloxía Educativa de la USC y que lleva más de 16 años trabajando con esta realidad en Galicia, ilumina con un detalle ejemplar. «¿Tú tienes también alta capacidad?», le pregunto. «No, no... Pero que conste que a mí me gusta emplear el término ?personas con alta capacidad? y no solo centrarlo en ?niños?. Porque serán primero adolescentes, luego jóvenes y adultos con esa característica. No desaparece» . 

Como casi estamos empezando el reportaje por el final, cabe plantearse entonces qué pasaría si de repente uno a los 40 o 50 años descubre que tiene una inteligencia superior a la media. «Yo creo que siempre ayuda ?explica Carmen? , por lo de pronto puede darte determinadas claves sobre ti mismo. Es como si te revelan que sufres una intolerancia alimentaria. Empiezas a darle vueltas y entiendes cosas que no sabías a qué se debían: ?Ah, por eso me sentaba tan mal esto? y es posible que empieces un régimen. Saber que tienes altas capacidades te puede ayudar a entenderte y tal vez te dé un empujón para hacer algo que siempre quisiste emprender, como estudiar un instrumento o una carrera, o que te enfoque de algún modo». 

PACO RODRÍGUEZ

Lo que está claro, en su opinión, es que la metáfora del fútbol con la que arrancábamos refleja cómo socialmente damos relevancia a un tipo de talentos y cómo otros son denostados cuando en rigor tener una superioridad cognitiva no deja de ser tener delante de ti al mejor futuro de una sociedad: los posibles mejores científicos, los mejores literatos, los mejores arquitectos, los mejores creadores. 

COMPONENTE GENÉTICO

La primera definición de personas con altas capacidades pasa por esa superioridad intelectual, dado que la inteligencia media se sitúa en un coeficiente de  entre un 85 y 115, pero el punto de corte de alguien que tenga altas capacidades es 130 según la ley. La palabra superdotado no deja de tener un valor un tanto despectivo, pero describiría a quien sobresale en todo (en mate, lengua, creatividad, memoria...), así que la alta capacidad es un término más abierto, en el que cabe cualquier talento.  En general, hay un componente genético detrás, pero como todo potencial tienes que tener oportunidad de desarrollarlo. «Hoy en día no es que haya más casos, simplemente estamos más sensibilizados. No es que los críos coman otra cosa y sean más inteligentes, aunque es verdad que la inteligencia es contextual y cultural, y en este sentido, las pruebas tienen que ir actualizándose. No tienen nada que ver las habilidades con las que están entrenados los niños de ahora con la generación de los años setenta. Hace poco había un test en el que se hablaba de un sello y los chavales no sabían lo que era», concluye Carmen. En cualquier caso, las pruebas solo tienen una pequeña parte cultural y algunas ni siquiera. Son test aculturales que incorporan tareas de razonamiento lógico, de percepción visual o de rapidez para procesar la información. Y quienes sobresalen en absoluto tienen el perfil de niños repipis que se les asigna. 

«Esto es como lo del anuncio: para los altos, para los guapos, para los gordos, para los feos, para los tímidos, para los sociables... Yo conozco un montón de niños repipis que no tienen altas capacidades, y claro, también algún repipi que sí las tiene. Lo relevante, desde mi punto de vista, es que  muestran una personalidad muy perceptiva, son niños hipersensibles, sobreexcitables a nivel estimular: les puede molestar mucho el ruido, o todo lo contrario, pese a haber un ruido enorme son capaces de concentrarse muchísimo sin que les afecte».    

«GOLESDEMESSI»

¿Cómo descubre uno que tiene un niño de altas capacidades? A pesar de que la sospecha suele en la mayoría de los casos acabar en certeza es fundamental entender primero que un niño con unas notas excelentes no es un niño necesariamente con estas características. Los niños con muy buen expediente son muy talentosos en lo académico (es decir, encajan a la perfección en el sistema) o puede que también se esfuercen mucho. La alta capacidad se mide en otros parámetros. Un ejemplo es el de Mateo (6 años), cuando aún no había cumplido los 3 escribió por primera vez en el iPad de sus padres: «golesdeMessi». Su primera frase. «Era tan pequeño ?relata su madre? que por supuesto no controlaba los espacios en el teclado pero tenía una motivación poderosísima: buscar información sobre su ídolo». Mateo aprendió a escribir, a leer, a sumar y a restar por ese gran interés futbolístico. Mucho antes que el resto de su clase. Le movía saber todo lo que se cocía alrededor del Barça (su equipo), las puntuaciones que tenía, las diferencias con el Real Madrid, toda la clasificación de la Liga. Al principio sus padres no le dieron importancia ?escribir y leer es algo que algunos niños hacen de forma autodidacta?.  Pero la sorpresa fue mayúscula por el cálculo matemático tan precoz (restar en educación infantil no es normal) y cuando al poco tiempo de aprender a sumar Mateo entendió la mecánica de la multiplicación. 

NO TAREAS MACHACONAS

«Esa es otra particularidad común. Los niños con altas capacidades son muy autónomos e independientes aprendiendo, pueden restar y dividir a la vez o sumar y a multiplicar a la vez, van deduciendo. De ahí que insistamos tanto a los profesores en que no se trata de ponerles más tareas (cinco hojas de multiplicaciones...) sino tareas significativas, de calidad. Si ya multiplica dile que invente tres problemas en los que haya que hacer esa operación para sus compañeros, no lo machaques repitiendo porque a él no le hace falta», sentencia Carmen.

El mejor modelo de enseñanza pasa por favorecer la motivación, que no se aburran ni desconecten, que no se frustren y que además todos sus compañeros se beneficien de tenerlos cerca. ¿Echarías a Einstein de tu clase? ¿O aprovecharías su talento? No se trata de segregarlos porque, según esta experta, al final vivirán en una sociedad diversa y tienen que adaptarse, buscar estrategias para sobrevivir, tendrán que aguantar a un jefe determinado, no siempre los entenderán... Pero mientras sean niños hay que mover ese interés en el aula. Formando a los profesores para que no le peguen un tajo a su motivación y favoreciendo un modelo de ampliación de contenidos, que para Carmen es el mejor. Que haya tres niveles de aprendizaje dentro de un tema en clase (1, 2, 3) en función de la dificultad y la especialización de tal modo que incluso niños que no tengan esa capacidad puedan llegar al nivel 3 en caso de que les guste esa materia. Debería ser un orgullo para los maestros tener tanto talento en sus manos. Ojalá los valoren y los mimen como Rafael Aparicio, el primer entrenador de Messi, que supo ver en él algo sobrenatural. Y con esa emoción lo relató: «Cada vez que lo veo jugar me pongo a llorar».