Una decena de edificios públicos languidecen en Vigo a la espera de nuevos usos
VIGO CIUDAD
La ruina y el abandono avanzan en lugares como la cárcel, la estación de buses, los antiguos juzgados, el apeadero de Canido, el faro de Cabo Estai y reina aún en la ETEA
05 jul 2026 . Actualizado a las 15:09 h.La ETEA es el máximo ejemplo en Vigo de lo lenta que puede ser la Administración y del deterioro que su inacción provoca en el patrimonio público. Hace 24 años que la Armada abandonó los 115.000 metros cuadrados que ocupaba en Teis con la Escuela de Transmisiones y Electrónica de la Armada. Desde entonces el abandono de sus históricos edificios ha crecido al mismo ritmo que se presentaban planes para un aprovechamiento que tiene en enero del 2027 la enésima fecha para iniciar la urbanización de la parcela abierta al público en el 2009.
Otro cuarto de siglo ha tenido que esperar el clausurado ambulatorio de Teis para que se ponga aún ahora la primera piedra de la futura biblioteca del barrio.
No van tampoco más rápidas las gestiones para retirar la maleza que se ha adueñado de la antigua cárcel de la avenida de Madrid. Dejó de funcionar como penal en 1998 y como centro de inserción social en el 2006 tras darse a conocer el lamentable estado del inmueble en el tenían que convivir los presos en tercer grado. Veinte años después, el Gobierno central anuncia que tramita su desafectación para que se dedique a nuevos usos, aún por decidir.
Una muestra más de la lentitud administrativa hunde sus raíces en el último día de 1968, cuando cesó la actividad del tranvía en Vigo. Los apeaderos en las líneas de Gondomar, A Ramallosa y O Porriño perdieron su sentido. El mismo que no ha habido para evitar dejar caer la estación de Canido, la única sin uso en la ruta de la costa. Los vecinos de San Miguel de Oia claman desde hace décadas por el aprovechamiento de una edificación levantada hace 106 años, y sobre la que se planeó construir un edificio y, más tarde, chalés, pero su reciente catalogación como elemento a conservar ha puesto coto a la piqueta. No así a su abandono, que también está dejando en los huesos en la misma parroquia al antiguo local vecinal, pagado por sus socios pero que la Guerra Civil convirtió sin reparos en propiedad estatal. La cuenta atrás se ha activado en la misma zona para el faro de Cabo Estai, tapiado desde el año pasado.
Y ni un asesinato a sus puertas ha propiciado que se cambie la situación de la antigua estación de autobuses, disputada por Xunta y Concello para proyectos que no se acaban de concretar. Tras cerrar en el 2022 se ha convertido en campamento improvisado y los vecinos advierten que la inseguridad se ha instalado en la zona.
La clásica y estéril pelea entre las dos administraciones torció también el rumbo del fantasmagórico edificio de los antiguos juzgados. Impide también otro pulso entre Puerto y Zona Franca que se ponga fin a la ruina en lo que queda de la concesión de Frigoríficos Berbés, o se dé uso a los terrenos portuarios de CLH, en una ciudad nada sobrada de equipamientos públicos.