«Solo concibo la improvisación»

El artista ourensano Tonichi Feijoo vive desde hace ocho años en un barco en Baiona


ourense

Tonichi Feijoo (Ourense, 1977) lleva algo así como ocho años viviendo en un barco, el Nicole, en el puerto de Baiona junto a su pareja, Marion. Con ambos -su novia y el barco- estuvo dos años navegando, bajo el mero pretexto de sentirse libres, de conocer el mundo -y el mar- y de experimentar lo que Tonichi describe como «La mayor aventura que se puede vivir». Unas cuantas vueltas al sol antes, cuando tenía catorce, se compró su primera guitarra y todavía no la ha soltado. Entonces decidió que la música era una buena forma de vida, un complemento perfecto. Puede ser que fuese porque a esa edad todavía no conocía a Marion, ni al barco, o porque piense que en la vida no hay solo un complemento, sino varios, diferentes y, en muchas ocasiones, lejanos. Tanto como de aquí a Jamaica, punto desde el que regresó con 26 días en alta mar de por medio.

«Todo comenzó a raíz de que me recomendasen leer Un paseo por el mundo de Cocua Ripoll. Cuando iba por la mitad del libro ya tenía claro que quería comprarme un barco y largarme con él. Básicamente fue lo que hice. Vendí el que ya tenía, me compré uno más grande y me pasé dos años arreglándolo hasta poder salir con él al mar», cuenta. El 21 de octubre del 2014 a las 11.43 horas, el Nicole soltó amarras en Baiona, con Tonichi y Marion a bordo. La primera parada fue Sines (Portugal). Allí pasaron varias semanas antes de emprender su primera travesía larga, de cinco días en alta mar, hasta llegar a las Islas Canarias. «Lo apasionante de viajar en barco es que siempre sales sin saber ni a dónde vas a llegar, ni cuándo, porque dependes totalmente del viento y de la meteo. De las Canarias nos fuimos a Cabo Verde y allí pasamos las Navidades, fue uno de los sitios más bonitos en los que estuvimos», explica Tonichi. Desde ahí se embarcaron rumbo a la Guayana Francesa. Tardaron 18 días en llegar y para conseguir hacerlo, atravesaron el río Maroní. «Era un espectáculo, recordaba totalmente al Amazonas. Fuimos el segundo barco que llegaba allí directo del Atlántico. La Guayana es un sitio superraro y desconocido, tiene una belleza muy natural», amplía el músico ourensano.

Para completar los casi dos años que el Nicole se pasó navegando, hubo paradas en las Antillas; en el archipiélago de Los Roques (Venezuela) -«el lugar más bonito de todo el viaje, sin duda», afirma-; en Colombia; en San Blas (Panamá) y en Jamaica, desde donde viajó hasta las Azores, de regreso a casa. La vuelta duró 26 días de travesía por alta mar, con un rumbo concreto, sin paradas, sin tierra a la vista. Un tiempo que termina por convertirse en una experiencia en sí misma, donde aflora un sentimiento, desconocido por la mayoría de los mortales. «Es algo que hay que vivir no hay manera posible de explicarlo. Empieza cuando llevas sobre una semana en el mar, de pronto algo se para y el propio tiempo empieza a pasar de otra manera. Es una sensación indescriptible pero maravillosa y eso es lo que crea la necesidad de volver a salir a la mar. Ya no concibo la vida sin el barco o sin navegar, igual que no la concibo sin tocar o sin mi familia», afirma. Precisamente esta es otra de sus grandes pasiones, la música.

Su capacidad musical es 50 % autodidacta, 50 % estudiada a base de horas y horas de clases, teorías y prácticas. Comenzó rasgando la guitarra, sin saber cómo, en el garaje de sus padres, de ahí evolucionó a estudiante de Magisterio Musical; luego a miembro de los Festicultores y desde hace más de diez años su carrera artística -«artesanal» como él prefiere- está ligada al vigués Diego Pacheco, juntos forman Tonichi & Pacheco. Otro de los complementos perfectos de la vida del ourensano. Afán de improvisación, calidad musical y mucha fiesta son los tres rasgos más característicos del dúo. En él, versionan canciones, como quién da la vuelta al mundo, desde el clásico de Sabina, Ruído, pasando por las rancheras mexicana Volver volver y Cielito Lindo hasta llegar al Bella Ciao de la resistencia italiana.

«Solo concibo la improvisación. No hay nada que me guste menos que saber lo que voy a hacer en cinco años». Así lo apunta Tonichi, que este año cometerá su mayor y mejor locura: «Voy a ser padre de una guerrera, con la mejor compañera de viaje que existe, Marion». Aunque él mismo afirma que romper las reglas y afrontar nuevos caminos conlleva vencer al miedo que supone y es difícil, Tonichi no se atribuye el mérito y hasta se emociona para confesar: «Todo ha sido posible gracias a mis padres. Mi madre siempre me ha impulsado a ser quien soy y es gracias a ella que lo he conseguido».

Según la RAE, un bohemio es aquella persona «que se aparta de las normas y convenciones sociales». Y añade: «como el modo de vida atribuido a los artistas». Tonichi es la persona más parecida a un bohemio que se puede conocer. A pesar de ello, no lo es. Porque de él emana la propia libertad de apartarse de las definiciones, y no serlo.

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